
Emilia Clarke tiene 39 años, una carrera consagrada y una historia de resiliencia impactante tras haber estado al borde de la muerte. La actriz británica, mundialmente famosa por encarnar a Daenerys Targaryen en Game of Thrones, sufrió dos aneurismas cerebrales durante el rodaje de la exitosa serie de HBO, en 2011 y 2013. Aunque habló brevemente del tema en 2019, fue en una reciente entrevista en el podcast How to Fail with Elizabeth Day donde Clarke ofreció los detalles más íntimos y dolorosos de lo que vivió tras aquellas cirugías que estuvieron a punto de costarle la vida.
Todo comenzó en un gimnasio del barrio de Crouch End, en el norte de Londres. Clarke estaba en plena sesión con su entrenador personal cuando comenzó a sentir un dolor de cabeza insoportable. Según relató en su momento al medio The New Yorker, se sentía tan agotada que apenas podía ponerse los zapatos. Cuando su entrenador le pidió que hiciera una plancha, algo se rompió.
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“Sentí de inmediato como si una banda elástica estuviera apretando mi cerebro. Intenté ignorar el dolor y seguir, pero simplemente no podía”, recordó Clarke. Casi a rastras, llegó al baño del vestuario, donde se desplomó de rodillas frente al inodoro, presa de vómitos y un dolor “fulminante, punzante y constrictivo”.
Trasladada de urgencia al hospital, fue operada con éxito, pero la cirugía le dejó afasia, un trastorno del lenguaje que le impidió hablar con fluidez. Tardó semanas en poder pronunciar su propio nombre. A pesar de ello, cinco semanas después ya estaba de regreso frente a las cámaras, rodando en Dubrovnik. En el podcast, la actriz confesó que pasó las dos semanas siguientes al colapso tratando, junto a su representante, de ocultarle a HBO lo que había ocurrido, “hasta que supieran que no iba a morir”, según sus propias palabras. Ella temía que la despidieran.
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La segunda cirugía: cuando todo salió mal
Durante ese primer procedimiento, los médicos detectaron un segundo aneurisma, más pequeño, en el lado opuesto del cerebro. Clarke explicó que ello se conoce como aneurisma en espejo, una anomalía que ocurre cuando una debilidad en una arteria se replica simétricamente en ambos hemisferios durante el desarrollo fetal. Decidieron no operarlo entonces y simplemente monitorearlo.
Meses después, mientras la actriz protagonizaba una obra en Broadway y disfrutaba de su vida en Nueva York, llegó el momento de una revisión rutinaria. Los médicos estadounidenses encontraron que el aneurisma había triplicado su tamaño. Le aseguraron que sería una operación rápida, casi sin complicaciones: entrar una noche y salir al día siguiente. Sus padres volaron desde Inglaterra para acompañarla.
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La realidad fue otra. “Lo siguiente que recuerdo es que me estaban despertando, y sentía ese mismo dolor intenso otra vez, porque me dijeron: ‘Salió mal. Tenemos que abrirte la cabeza y necesitamos tu permiso’”. En ese momento, tendida en una camilla, alcanzó a ver a sus padres al fondo de la sala. “Recuerdo la cabeza de mi mamá asintiendo, diciéndome: ‘Di que sí’”, relató.
Lo que había ocurrido dentro del quirófano fue un fallo técnico con consecuencias gravísimas. El aneurisma había sido tratado con un relleno para sellar la ruptura, pero el material fue introducido en exceso, provocando un desgarro en el tejido. Los cirujanos no tuvieron otra opción que abrir el cráneo de Clarke para bloquear el aneurisma de forma directa. Fue, según describió, “un sangrado bastante grande”.
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Mientras la operaban, sus padres esperaban afuera recibiendo actualizaciones que cambiaban cada media hora: “Creemos que va a morir. No, creemos que va a quedar ciega. No, creemos que va a quedar paralizada”. Así durante horas, según contó Clarke en el podcast, mientras los médicos intentaban determinar qué partes de su cerebro estaban siendo afectadas.
Clarke salió con vida de aquella segunda cirugía, pero la persona que emergió ya no era exactamente la misma. En la entrevista con Elizabeth Day, la actriz describió el efecto emocional que tuvo este incidente de salud.
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“Lo más grande que me pasó con el segundo derrame cerebral fue que me apagué emocionalmente. Se convirtió en una situación en la que simplemente no podía mirar a nadie a los ojos”, explicó. Y añadió: “Estaba convencida de que había burlado a la muerte y de que se suponía que debía morir, y eso era todo lo que podía pensar cada día”.
“Era lo contrario a ‘sobreviví, me siento genial’. En su lugar, pensaba: ‘no se supone que esté aquí. Esto va a volver a por mí’”, explicó. El resultado fue un aislamiento profundo: “Te desconecta de poder relacionarte con el mundo exterior, porque caminas sabiendo que tu cuerpo te ha fallado, tu cerebro te ha fallado”.
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Clarke también reveló que las cicatrices emocionales persisten hasta hoy. Cualquier dolor de cabeza, por leve que sea, desata en ella el miedo a que “vuelva a ocurrir”.
En la misma entrevista, Clarke reveló que este año recibió diagnósticos que atribuye directamente a las lesiones cerebrales de aquella época. La actriz explicó que le han diagnosticado el Síndrome de Ehlers-Danlos, un trastorno del tejido conectivo que afecta la movilidad articular, y el Síndrome de Activación de Mastocitos (MCAS, por sus siglas en inglés), que provoca inflamación crónica porque “mi cuerpo cree que es alérgico a todo”, según sus propias palabras. Ambas condiciones, indicó, son consecuencia de haber vivido con una lesión cerebral sin tratamiento integral durante años.
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Desde que hizo pública su historia en 2019, Emilia Clarke ha canalizado parte de su experiencia en SameYou, la organización benéfica que fundó para apoyar la recuperación de personas que han sufrido derrames cerebrales y lesiones cerebrales. La entrevista completa puede escucharse en el podcast How to Fail with Elizabeth Day, disponible en todas las plataformas de streaming.
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