La imagen de Anna Wintour como referente de la moda global ha sido alimentada por la cultura popular y, en especial, por la novela “El diablo viste a la moda” y su versión cinematográfica. Ahora, la propia directora de Vogue ha decidido sumarse al fenómeno, posando junto a Meryl Streep —su alter ego fílmico— en la portada de la revista.
La estrategia de Vogue para celebrar la inminente secuela incluye una entrevista a tres exasistentes de Wintour en el pódcast “The Run-Through With Vogue”, donde relatan detalles inéditos de su paso por la oficina más influyente de la moda.
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El proceso de selección y las reglas no escritas
Para quienes aspiraban a ser asistentes de Wintour, el vestuario era una carta de presentación. El negro, sorprendentemente, estaba prohibido, ya que la editora es conocida por su preferencia por los colores. Además, el interrogatorio durante las entrevistas evitaba las preguntas convencionales sobre fortalezas o debilidades. En cambio, las cuestiones personales servían para identificar si la candidata tenía suficiente personalidad, como relataron Sammi Tapper y Sache Taylor.
Según Marley Marius, el consejo previo era claro: “No quiere un robot, busca a alguien con personalidad”. Así lo transmitió la directiva de operaciones de contenido, Christiane Mack.
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Rutina y dinámica en la oficina de Vogue
El día en la oficina comienza temprano, aunque la hora exacta no fue revelada. Según comentarios anteriores de la propia Wintour, ella se despierta entre las 4 y las 5:30 a. m. Tras leer noticias y jugar tenis, suele llegar alrededor de las 8 a. m., momento en el que su asistente ya ha dispuesto café, desayuno y la agenda impresa para iniciar la jornada.
La dinámica laboral exige rapidez: “Cuando pide a alguien, lo quiere de inmediato”, relató Marius. El ritmo obliga a las asistentes a cambiar de zapatos apenas reciben el aviso de la llegada de Wintour. Aunque los tacones son la norma no escrita, la realidad de los desplazamientos por la redacción llevó a algunas a decantarse por zapatos planos tras unos días.
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“Me encantaba correr por la oficina porque así ya no necesitaba hacer ejercicio”, comentó Taylor, quien recuerda cómo debía apurar a los editores para que llegaran puntuales a las reuniones con la jefa.
Tareas, vestimenta y la legendaria bolsa de trabajo
El trabajo no termina con el horario de oficina. Wintour se lleva a casa una bolsa de gran tamaño repleta de artículos para revisar y aprobar, así como la famosa “dummy book” de la revista, que marca con notas manuscritas difíciles de descifrar. “Solo me permitía preguntarle una vez por semana qué decía alguna nota”, confesó Taylor.

El código de vestimenta mantiene su vigencia: nada de vaqueros ni zapatillas deportivas. Las asistentes optan por uniformes prácticos y elegantes: botines con pantalón negro y suéteres, camisas de lino con mocasines o blazers preparados para reuniones inesperadas. “Nunca sabes lo que va a pasar en Vogue”, explicó Tapper sobre la necesidad de estar siempre presentable.
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El acceso al legendario guardarropa de la revista, a diferencia de lo que muestra la película, es más mito que realidad, aunque existen algunas excepciones.
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