
El teatro británico perdió a uno de sus gigantes. Este sábado 29 de noviembre, se confirmó la muerte del célebre dramaturgo Tom Stoppard a los 88 años. El deceso se produjo de manera pacífica en su hogar en Dorset, rodeado de su familia, según informó su agencia United Agents en un comunicado a la prensa internacional. No se brindaron causas médicas específicas.
“Será recordado por sus obras, por su brillantez y humanidad, por su ingenio, su irreverencia, su generosidad de espíritu y su profundo amor por el idioma inglés”, señaló la entidad.
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Stoppard, considerado un fenómeno escénico desde la década de 1960, deja un legado de más de seis décadas de creación teatral y televisiva. Además, es uno de los pocos autores al que le fue asignado un adjetivo propio con su nombre (Stoppardian), reconocido por el Oxford English Dictionary.
“Fue un honor trabajar con Tom y haberlo conocido”, firmó United Agents.
Tomáš Sträussler nació en 1937 en Checoslovaquia, en una familia judía que huyó del avance nazi en 1939 rumbo a Singapur. Su infancia estuvo marcada por las consecuencias de la guerra: mientras él, su madre y su hermano fueron evacuados a India, su padre, un médico del ejército, murió durante la ocupación japonesa.
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La familia llegó a Inglaterra en 1946, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Fue en ese nuevo espacio donde su madre se casó con el mayor Kenneth Stoppard, quien adoptó a los niños.
Stoppard dejó la escuela a los 17 años para trabajar como periodista en el Western Daily Press de Bristol, una experiencia que moldeó su oído para el diálogo y su interés por las tensiones políticas y sociales. También fue crítico teatral y firmó reseñas bajo el seudónimo William Boot, inspirado en Evelyn Waugh.
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Su carrera despegó en 1966, cuando Rosencrantz and Guildenstern Are Dead, una reinvención de dos personajes secundarios de Hamlet, fue descubierta en el Festival Fringe de Edimburgo. El Teatro Nacional la desarrolló poco después y catapultó al escritor como una de las voces más originales del medio.
Su pluma dio origen a otras historias apreciadas por la crítica y el público. En Jumpers (1972), exploró con ingenio improbable la convivencia entre filosofía moral y acrobacias gimnásticas. Dos años después, Travestis (1974) lo llevó a ganar el premio Tony a mejor obra. Dicha trama entrelaza los los caóticos recuerdos de un anciano inglés llamado Henry Carr de su tiempo en Zúrich durante la Primera Guerra Mundial, y sus interacciones con figuras históricas como James Joyce, Vladimir Lenin y Tristan Tzara.
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Con The Real Thing (1982), Stoppard sorprendió al presentar un drama íntimo sobre la infidelidad, el amor y la relación entre arte y vida.
Ya en los años noventa, Arcadia (1993) se convirtió en uno de sus títulos más celebrados: “una elegante coreografía dramática que conectaba el paisajismo del siglo XIX con la teoría del caos, la matemática y el paso del tiempo”, describe The Guardian.
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Más adelante, Rock ’n’ Roll (2006) combinó rock alternativo, política checa y poesía griega en un relato que volvió a subrayar su interés en mezclar mundos aparentemente incompatibles.
Su obra más reciente y quizá más personal, Leopoldstadt (2020), abordó la identidad judía y la memoria familiar. Con este drama recibió el Olivier a mejor obra nueva, y obtuvo también cuatro premios Tony. Fue uno de sus mayores logros en su etapa tardía.
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Un guionista brillante que conquistó Hollywood
En paralelo a su trabajo teatral, Stoppard escribió para radio, televisión y cine.
Entre sus guiones más reconocidos se encuentran Brazil (1985), Empire of the Sun (1987), The Russia House (1990) y Shakespeare in Love (1998), una historia de amor ficticia entre un joven William Shakespeare en la época en que este escribía “Romeo y Julieta”. Con esa película, Tom Stoppard ganó el Oscar y el Globo de Oro a mejor guión original.
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Tiempo después también escribió los guiones de Enigma (2001) y Anna Karenina (2012). Vale resaltar además su trabajo como director de la adaptación cinematográfica de Rosencrantz and Guildenstern Are Dead en 1990, protagonizada por Gary Oldman y Tim Roth.
The Guardian detalla que su influencia en Hollywood fue mucho más profunda de lo que sus créditos oficiales muestran.
Era el guionista “de confianza” para pulir blockbusters: trabajó —a veces de forma no acreditada— en Indiana Jones and the Last Crusade, Revenge of the Sith y en escenas de Schindler’s List, por pedido urgente de Steven Spielberg.
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Además de sus abudantes premios artísticos, Stoppard fue reconocido por el gobierno británico: recibió un CBE en 1978 y fue nombrado caballero en 1997.
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