La historia de Queen está plagada de canciones emblemáticas que definieron épocas en la música popular. Temas como “Bohemian Rhapsody”, “We Will Rock You” y “We Are the Champions” ubicaron al grupo británico en lo más alto de la industria, con una propuesta sonora única. Sin embargo, el proceso creativo de uno de sus mayores éxitos, “Another One Bites the Dust”, estuvo marcado por la incomodidad y el debate interno durante la grabación, especialmente en el seno de la banda, revelando cómo incluso los gigantes atraviesan momentos de disenso para lograr un clásico.
En 1980, Queen lanzó su octavo álbum de estudio, The Game, un disco que presentaba nuevas sonoridades y buscaba desafiar los límites autoimpuestos por sus miembros. Fue en ese contexto que John Deacon, bajista del grupo, dio vida a “Another One Bites the Dust”.
La canción, editada el 30 de junio de ese año, escaló rápidamente los rankings internacionales hasta alcanzar el 1° puesto en Estados Unidos. Su ritmo contagioso e impronta funky-funk la convirtieron en un sello de la época, además de impulsar ventas millonarias y conquistar las pistas de baile de todo el mundo. En cuestión de semanas, Queen sumó otro hito a su carrera y su leyenda creció con velocidad.
La incomodidad durante las grabaciones
Sin embargo, el origen del tema distó de ser armónico. El propio Brian May compartió detalles de esa etapa en una entrevista con Guitar Player, donde confesó que no todos los integrantes del cuarteto británico se sentían cómodos con la canción a la hora de gestarla y grabarla. “Teníamos la idea de que nunca debíamos repetirnos”, recordó el guitarrista, subrayando que la banda se imponía a sí misma el desafío de evitar fórmulas conocidas y de explorar nuevos territorios creativos en cada disco.
Fue así como “Another One Bites the Dust” se convirtió en un verdadero salto; un experimento musical que, lejos de evocar la potencia rockera de otros hits, apostó por un sonido minimalista y compacto. Brian May explicó: “Nos pusimos deliberadamente en diferentes situaciones de composición y grabación para seguir avanzando y derribando cualquier barrera que pudiera aparecer”. Para los fanáticos, la canción fue un soplo de aire fresco, un movimiento audaz al incorporar elementos de la música dance y el funk en pleno auge entre finales de los años 70 y principios de los 80. Pero dentro de la banda, el consenso estuvo lejos de ser inmediato.
Fricciones y decisiones arriesgadas
“Sentí que también se rompió otra barrera con ‘Another One Bites the Dust’. En diversos grados, a veces no nos sentíamos del todo cómodos con ella, y ciertamente Roger (Taylor, el baterista del conjunto londinense) no se sentía muy cómodo con esa canción“, reconoció May. El principal punto de disidencia estuvo en la batería. Mientras Taylor prefería un sonido más tradicional, alineado con el rock fuerte que caracterizaba a la banda, la propuesta para el track se alejaba de ese esquema. “Realmente no quería que su batería sonara así, pero la idea fue apoyada por John y también por Freddie, quienes se apasionaron brillantemente al pensar que tendríamos este sonido muy escaso y compacto para la batería y que todo sería muy sobrio”, sentenció el guitarrista nacido en el distrito de Hampton Hill.
Esta tensión interna fue fundamental para el resultado final. El apoyo de John Deacon y Freddie Mercury a la nueva dirección sonora fue decisivo. Ambos se entusiasmaron con el desafío de explorar texturas diferentes: preferían una batería austera, casi despojada, capaz de resaltar la línea de bajo y darle al tema una atmósfera moderna y bailable. Así nació el patrón inconfundible que terminó por conquistar a millones de oyentes e hizo de “Another One Bites the Dust” uno de los grandes himnos del grupo.
El éxito posterior
El riesgo valió la pena. La canción no solo encabezó los charts en Estados Unidos, sino que logró cruzar géneros y públicos, transformándose en un clásico infaltable en radios, clubes nocturnos y eventos deportivos. Aquella incomodidad inicial quedó atrás, opacada por la magnitud de la repercusión internacional.
La relevancia de Queen reside, en buena medida, en su capacidad para reinventarse constantemente y desafiar convenciones. “Another One Bites the Dust” es ejemplo de esa audacia, de la tensión creativa que, lejos de dividir, permitió que sus miembros superaran diferencias temporales y transformaran la incomodidad en innovación.
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