Olivia Cooke, reconocida por su papel como Alicent Hightower en House of the Dragon y por su próximo protagonismo en The Girlfriend, atraviesa una etapa de intensa actividad profesional mientras reflexiona sobre la necesidad de encontrar un equilibrio entre la fama, el trabajo y el descanso.
En una entrevista exclusiva con The Hollywood Reporter, la actriz británica compartió sus impresiones sobre el presente de su carrera, el ambiente en los rodajes y su búsqueda de tranquilidad personal.
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La tercera temporada de House of the Dragon ya está en producción, consolidando a la actriz como una de las figuras centrales de la exitosa precuela de Game of Thrones.
Al mismo tiempo, la intérprete se prepara para el estreno de The Girlfriend, una serie de seis episodios producida por Amazon y dirigida por Robin Wright, que se perfila como uno de los lanzamientos más destacados de 2025.
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Cooke, de 31 años, alterna entre el set y breves periodos de descanso, como el que aprovechó recientemente en Mallorca, donde atendió la llamada de The Hollywood Reporter durante una pausa en las grabaciones. “Quiero paz y tranquilidad, quiero hacer absolutamente nada”, confesó, subrayando la tensión entre la exigencia profesional y su anhelo de serenidad.
Orígenes, fama y una proyección en ascenso
La trayectoria de Cooke se remonta a su infancia en Oldham, a las afueras de Manchester, donde comenzó a actuar en talleres locales a los ocho años.
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Su formación no siguió el camino tradicional de las escuelas de teatro británicas, sino que se forjó a través de experiencias prácticas y el apoyo de su entorno. “Fue más desarrollo de la personalidad y aprender a no ser una idiota, a trabajar en equipo”, explicó.

Tras pequeños papeles y un cameo en un video de One Direction, logró captar la atención de la directora de casting Beverley Keogh, lo que la llevó a participar en la serie Blackout de la BBC y, posteriormente, a mudarse a Vancouver para rodar Bates Motel.
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A los 21 años, Cooke decidió instalarse en Nueva York, abriéndose paso en la industria internacional con papeles en Ready Player One de Steven Spielberg y Sound of Metal, nominada a seis premios Oscar.
El ascenso de Cooke al estrellato estuvo acompañado de una exposición mediática que, en ocasiones, resulta abrumadora. La actriz reconoció que parte del público de House of the Dragon fue especialmente duro con el elenco. “Algunos de los fanáticos de House of the Dragon han sido jodidamente horribles con nuestro elenco”, afirmó.
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A pesar de ello, mantiene una perspectiva equilibrada sobre la fama y el futuro: “Simplemente anhelo el conocimiento de los sabios de la industria. Quiero trabajar con los mejores”, afirmó, y añadió: “Mi curiosidad no se ha apagado. Creo que solo se fortalece a medida que envejezco”.
Un ambiente de rodaje marcado por la empatía
También reflexionó sobre el ambiente en los rodajes y la importancia del trato humano entre colegas. Destacó la profesionalidad y empatía de figuras como Glynn-Carney y Robin Wright, con quien comparte protagonismo en The Girlfriend.
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Wright, que dirige y actúa en la serie, elogió a Cooke: “Olivia es la cereza perfecta. Tiene mucho carácter, determinación y versatilidad, y es una gran profesional”.
Cooke, a su vez, valoró el atractivo de su personaje: “Ella tiene un rostro tan brillante y un brillo malvado en sus ojos. Y encuentro que la actuación más cautivadora es cuando la gente puede levantar una ceja y dices: ‘¿En qué diablos estás pensando?’”.
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Cooke destacó cómo sus compañeros fomentan un ambiente de trabajo amable y colaborativo, lejos de actitudes autoritarias. “He visto a personas en la cima de sus carreras en esta industria. Todos están muy preparados, pero también son amables y empáticos. No dirigen el set con mano de hierro ni gritan”, explicó a The Hollywood Reporter.
Una anécdota en lo alto del Empire State Building
En el final de la entrevista, la actriz relató una experiencia reciente que ilustra los desafíos personales que enfrenta en medio de la vorágine mediática.
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En junio del año anterior, durante la promoción de la segunda temporada de House of the Dragon, el Empire State Building de Nueva York se iluminó de verde esmeralda y un dragón de 82 metros se desplegó en su cima.

Cooke, quien reconoce su temor a las alturas, recordó el momento en que subió a la aguja del emblemático edificio junto a parte del elenco. “Me aterrorizan las alturas”, admitió a The Hollywood Reporter.
La situación se volvió aún más tensa cuando Tom Glynn-Carney, quien interpreta al rey Aegon Targaryen, se acercó peligrosamente al borde. “Le dije: ‘Tom, si no das un paso atrás, no seremos amigos’. Hice una foto y pensé: ‘Tengo que bajar. No puedo estar en una aguja con tacones’”.
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