La serie The Gilded Age, creada por Julian Fellowes para HBO, se ha consolidado como una de las ficciones de época más aclamadas por su retrato del Nueva York de finales del siglo XIX.
Ambientada a partir de 1882, la producción ofrece un amplio despliegue de vestuarios, mansiones y banquetes. Además, enlaza en su trama numerosos elementos tomados de personajes y sucesos reales de la llamada Edad Dorada, un periodo caracterizado por la expansión industrial, el ascenso de nuevas fortunas y las tensiones con el viejo orden aristocrático.
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Aunque Fellowes y su equipo han creado familias ficticias como los Russell o los Van Rhijn, gran parte de sus conflictos, ambiciones y rivales están inspirados en figuras históricas verdaderas que marcaron esa era.
Los Russell, reflejo de los Vanderbilt y Jay Gould
En el centro de la serie están los Russell, encabezados por el magnate ferroviario George Russell y su ambiciosa esposa Bertha. Si bien se trata de personajes ficticios, sus raíces históricas son claras.
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Según Harper’s Bazaar, Bertha Russell está basada en Alva Vanderbilt, “la ultra-rica y astuta esposa del magnate ferroviario William Kissam Vanderbilt”.
Alva, inicialmente despreciada como nueva rica, utilizó fiestas fastuosas y alianzas estratégicas para abrirse paso en la exclusiva lista de “los 400” de la señora Astor, símbolo del reconocimiento social en Nueva York.
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El personaje de George Russell, por su parte, toma elementos de otro gigante del ferrocarril, Jay Gould.
Aunque podría pensarse que está inspirado en William K. Vanderbilt, el director Julian Fellowes reveló que en realidad está basado en Jay Gould, otro nuevo magnate ferroviario de la década de 1880.
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Tanto Gould como el George de ficción enfrentaron huelgas de trabajadores, como la Gran Huelga del Suroeste de 1886, reflejada en la segunda temporada de la serie.
Matrimonios por conveniencia: de Consuelo Vanderbilt a Gladys Russell
Uno de los hilos narrativos más comentados es el de Gladys Russell, hija de los protagonistas, y su camino hacia un matrimonio aristocrático arreglado.
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Este arco está inspirado en la historia real de Consuelo Vanderbilt, hija de Alva, quien fue obligada a casarse en 1895 con Charles Spencer-Churchill, noveno duque de Marlborough.
Deadline recuerda que “Consuelo se convirtió en la primera mujer estadounidense en convertirse en duquesa al casarse con Charles Spencer Churchill” y que, como en la serie, la boda se llevó a cabo con un elevado pago de dote y con sentimientos de temor y resignación por parte de la novia.
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El equivalente en la ficción es el duque de Buckingham, interpretado por Ben Lamb, inspirado a su vez en el verdadero duque de Marlborough.
Tal como detalla Harper’s Bazaar, el aristócrata británico real “heredó su título en 1892 y se lanzó de inmediato a casarse con dinero para salvarse de la ruina financiera”, una motivación que la serie no disimula en su versión ficticia.
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Caroline Astor y el poder de “los 400”
La figura de Caroline Schermerhorn Astor, interpretada por Donna Murphy, también se basa en una persona real que dominó la sociedad neoyorquina.
Igual que en la ficción, era “la reina definitiva de la alta sociedad de Nueva York, que miraba por encima del hombro a las familias de nuevo dinero”.
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Junto a su aliado Ward McAllister, confeccionó la famosa lista de “los 400” invitados aceptables, “el número exacto de personas que podían caber en el salón de baile de la señora Astor”, como recoge Deadline.
La serie refleja esa tensión entre viejas familias y advenedizos, tomando de la vida real el pulso social entre la señora Astor y Alva Vanderbilt, trasladado a pantalla como la rivalidad entre Astor y Bertha Russell.
Ward McAllister, el árbitro de la élite
Nathan Lane da vida a Ward McAllister, amigo y consejero de la señora Astor.

Históricamente, McAllister fue “el original ‘gossip girl’”, según Harper’s Bazaar, que escribía sobre la vida privada de sus amigos ricos en el libro Society as I Have Found It.
Su caída en desgracia llegó precisamente tras publicar esas memorias en 1890, lo que la serie dramatiza fielmente.
T. Thomas Fortune
La serie también integra la figura de Timothy Thomas Fortune, interpretado por Sullivan Jones, un periodista y líder por los derechos civiles que nació esclavizado en Florida en 1856.
En la vida real, trabajó en periódicos como The People’s Advocate, The New York Age y The New York Globe, y colaboró con el NAACP y con Booker T. Washington.
En la serie, Denée Benton, como Peggy, trabaja para Fortune en el New York Globe, informando sobre temas desde Tuskegee hasta el sufragio.
Esta inclusión otorga visibilidad a un personaje histórico que defendió de forma incansable la igualdad racial durante la Edad Dorada.
Grandes obras y avances: del Puente de Brooklyn a la electricidad
The Gilded Age no se limita a retratar la élite social: también refleja avances tecnológicos y obras de ingeniería.
Un ejemplo es la revelación en la segunda temporada de que Emily Warren Roebling, esposa del ingeniero jefe del Puente de Brooklyn, fue quien en realidad supervisó gran parte de su construcción, un detalle verídico que Deadline confirma.
Asimismo, la serie muestra la llegada de la electricidad tal como ocurrió históricamente. La iluminación tenue en los interiores de la primera temporada se debía a que “sin electricidad, la luz de las velas era la única fuente disponible”.

Conflictos laborales y huelgas
En la segunda temporada, George Russell enfrenta una huelga ferroviaria, inspirada en conflictos reales como la Huelga de Homestead de 1892 o la Gran Huelga Ferroviaria de 1877.
En la ficción los huelguistas son acereros en Pittsburgh que reclaman “una jornada de 8 horas y mejores salarios”. Aunque la cronología no es exacta, la trama refleja fielmente las luchas obreras del periodo.
Tycoons, minas y especulación
El banquero J.P. Morgan, interpretado por Bill Camp, aparece como un titán que reorganiza ferrocarriles en crisis, basado en hechos reales.
En 1885, Morgan reunió a magnates en su yate para acordar el llamado “Pacto de Corsair”, que aseguraba la operación coordinada de las líneas férreas.

La tercera temporada también explora la fiebre del cobre en Arizona a inicios del siglo XX. Aunque la inversión minera de Larry Russell es ficticia, Deadline subraya que “la tendencia es precisa para el contexto histórico”, ya que el cobre era vital para la electricidad, el telégrafo y el teléfono.
The Gilded Age se mueve con soltura entre la realidad documentada y la ficción dramatizada. El resultado es una producción que combina el rigor histórico con licencias creativas para el entretenimiento de la audiencia.
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