Una mujer de cabeza rapada, suéter negro y mirada directa, que frente a una cámara y a millones de personas decidió mostrar sus sentimientos a través de sus lágrimas mientras cantaba la última frase de un estribillo. Detrás de ese gesto, un duelo personal. Sinéad O’Connor transformó Nothing Compares 2 U en algo más que una canción de ruptura: el lamento desgarrador de una hija que perdió a su madre. A dos años de su muerte, la artista irlandesa aún conmueve con sus canciones, que la consagraron como una de las voces más grandes de la música a nivel internacional.
La vida de O’Connor no fue fácil. Llegó a los 56 años tras convivir con una enfermedad pulmonar obstructiva crónica y asma bronquial, en permanente lucha contra dolores físicos y emocionales. Sus 10 álbumes forjaron el trayecto de una creadora inquieta. Pero fue en 1990, con la grabación de una canción escrita por otro artista, cuando la irlandesa conquistó al planeta. Nada volvió a ser igual después del lanzamiento de Nothing Compares 2 U.

El origen del tema se remonta a 1984. Prince, ya convertido en leyenda, compuso la pieza y la entregó a The Family, una banda de su propio sello. Ellos publicaron la canción en su único disco. El tema, con letras que exploran la soledad y el desconsuelo tras una pérdida amorosa, pasó casi desapercibido en aquel momento. Prince nunca publicó oficialmente su versión original. Recién años más tarde, la historia cambiaría de curso.
En 1989, el manager Fachtna O’Kelly propuso a O’Connor el desafío de reinventar aquella balada olvidada. La artista aceptó, llevó la melodía a un terreno mucho más personal y la sumó como punto central de su segundo disco, I Do Not Want What I Haven’t Got. No buscó imitar a Prince y logró un enfoque completamente nuevo. La versión que grabó en el estudio rompió el molde: pocos instrumentos, la voz al frente, dolor y templanza en proporciones poco comunes.

El resultado no tardó en provocar reacciones. Chris Hill, directivo del sello, confesó que escuchó por primera vez la grabación y rompió en llanto. Cuando O’Kelly le contó a la cantante su reacción, O’Connor preguntó si acaso la interpretación había salido mal. En verdad, la emoción provenía de ese tono único de vulnerabilidad.
Al cantar Nothing Compares 2 U, O’Connor no solo relató el final de una relación sentimental. Cantó para su madre, fallecida en un accidente en 1985. Lo emocional se tornó evidente. Durante la grabación del video musical, al pronunciar la frase “Todas las flores que plantaste, mamá, en el patio murieron cuando te fuiste”, la artista rompió en llanto. Esa lágrima no se preparó ni se fingió. O’Connor confesó que su madre marcó cada verso de la canción y que el dolor de la infancia, los recuerdos de los abusos y la ausencia, alimentaron esa interpretación.
El video dirigido por John Maybury renunció a la espectacularidad para centrarse en el rostro de Sinéad. Solo unas pocas tomas de la artista en París, recortadas para dar lugar al primer plano de su cara. La cámara recogió la mirada fija, los surcos en la piel, la caída imprevista de dos lágrimas sinceras. Contra las reglas de la industria musical de esa época, O’Connor desafió las expectativas sobre la figura femenina en el rock alternativo. Ni pelo largo, ni maquillaje. Solo una presencia cruda e irresistible.
La irrupción de Nothing Compares 2 U fue inmediata. Conforme a Euronews, el tema alcanzó el primer puesto de listas en más de diez países y se dedicó el premio a sencillo número uno mundial de 1990 en los Billboard Music Awards. A los 23 años, O’Connor recibió tres nominaciones al Grammy. “Nunca pretendí ser una estrella del pop. Realmente era una cantante de protesta”, sostenía la artista, que nunca quiso pertenecer a la maquinaria del espectáculo convencional.
Según precisó BBC, la relación con Prince nunca progresó de forma amistosa. O’Connor reveló que apenas se reunieron dos veces y que los desacuerdos verbales pasaron a la violencia física luego de una discusión por la actitud de la cantante y su lenguaje abierto durante las entrevistas, detalle que molestaba a Prince. Después del éxito de la versión de la irlandesa, el músico estadounidense adoptó la canción para conciertos propios y, tras su muerte, el sello lanzó finalmente la grabación original del cantante en un álbum especial.

El impacto de la obra cruzó los escenarios y las radios. Críticos y medios la incluyeron entre las mejores canciones de todos los tiempos: Time, Billboard, Rolling Stone. El video de O’Connor se coronó como el primero de una mujer en obtener el premio mayor de los MTV Video Music Awards.
Nothing Compares 2 U sigue escuchándose en radios y plataformas y el rostro de Sinéad O’Connor persiste como símbolo de autenticidad y emoción, a dos años de su partida. Su legado va más allá de una simple canción: representa la valentía de narrar el propio dolor y la capacidad de conectar con millones de personas a través de la música.
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