
La imagen de Mads Mikkelsen, con su porte imponente y mirada intensa, es tan familiar en las alfombras rojas de Cannes como en las superproducciones de Hollywood. Sin embargo, detrás del actor que encarnó a villanos y héroes complejos, se encuentra un hombre cuya pasión por el deporte y la disciplina física fue fundamental en su carrera.
En una entrevista con L’Équipe, el danés de 59 años repasó el reestreno de la trilogía Pusher, su método de trabajo y la influencia del deporte en su vida.
Pusher: el origen de su sello actoral
El 9 de julio se reestrena en cines la trilogía Pusher, dirigida por Nicolas Winding Refn, que catapultó a Mikkelsen a la fama internacional. Las películas ofrecieron una visión cruda de Copenhague y marcaron un nuevo rumbo para el cine criminal europeo. Para el actor, fue mucho más que un debut: representó el inicio de una exploración física y emocional que define su estilo interpretativo.

El papel de Tonny, su personaje, implicó una transformación total. “Raparme la cabeza fue divertido y, lo más importante, me permitió dibujar un personaje muy diferente a mí”, explicó. La trilogía, rodada en condiciones extremas, dejó una huella profunda en su trayectoria.
El cuerpo como herramienta interpretativa
Para Mikkelsen, la preparación física es clave. “Siempre fui muy físico; mi cuerpo refleja el estado mental del personaje”, afirmó. En el caso de Tonny, el frenesí del personaje se tradujo en movimientos incesantes. Tanto él como Refn coincidieron en transmitir una sensación de descontrol patológico mediante una actuación corporal intensa.
En sus inicios, el actor no aplicaba técnicas formales, sino que se dejaba llevar por la intuición, inspirado por actores como Harvey Keitel y Robert De Niro. “Esto me parece bien, adelante”, comentó sobre su enfoque espontáneo.
Rodajes exigentes y entrega total

El compromiso físico fue constante en su carrera. Durante el rodaje de Pusher, recibió golpes reales para lograr autenticidad. “Una vez, recibí un fuerte golpe que me dejó una marca en la cara hasta el último día”, recordó.
En 2018, protagonizó Ártico, dirigida por Joe Penna, donde interpretó a un hombre que lucha por sobrevivir tras un accidente. “Perdí siete kilos en diecinueve días. No fue intencional, solo para encajar en el papel”, comentó. El rodaje, en condiciones extremas en Islandia, exigió una resistencia física inusual. “Cada mañana, la idea era aguantar un día más. ¡Soñaba con un baño caliente!”, confesó.
Mikkelsen sufrió fracturas, dislocaciones y otras lesiones, pero evita usar dobles. “Me niego a que me doblen en las escenas de lucha. ¡Es imposible! Tengo prohibido hacer acrobacias con coches, pero hice algunas”, dijo en la entrevista.
De la danza al cine

Antes de ser actor, Mads Mikkelsen fue gimnasta y bailarín, experiencias que le sirvieron en escenas de acción. “Haber practicado deporte me resulta útil para las escenas de riesgo”, afirmó. Relató un accidente en moto que terminó sin consecuencias gracias a sus reflejos. “Di una voltereta y caí de pie. ¡Al estilo Spider-Man!”, recordó.
Versatilidad física y emocional
Mikkelsen interpretó personajes que exigen contrastes físicos y emocionales. En Michael Kohlhaas, su personaje es estoico y contenido. “Kohlhaas es todo lo contrario de Tonny. Se mueve poco, pero cuando lo hace, algo impactante ocurre”, explicó.
En Borracho, el enfoque fue más interno. Martin, un profesor atrapado en la rutina, experimenta una liberación mediante el alcohol. “No pensé mucho en su físico, sino en su vacío interior”, comentó. La escena final, en la que baila en un muelle de Copenhague, se construyó desde la autenticidad del movimiento.
Rutinas personales y aficiones

Fuera del cine, el deporte sigue siendo esencial. “Fumo, no cuido mucho mi alimentación, pero tengo buena disciplina al entrenar. Sobre todo, practico ciclismo y soy gran aficionado al tenis”, dijo Mikkelsen. La bicicleta forma parte de su rehabilitación tras una operación de rodilla.
En tenis, admira a Roger Federer y sigue con interés la rivalidad entre el suizo, Rafael Nadal y Novak Djokovic. “Esperaba sus enfrentamientos con ilusión”, afirmó. También juega con su hijo siempre que puede.
Sigue de cerca el ciclismo profesional, en especial al danés Jonas Vingegaard, dos veces campeón del Tour de Francia. “Aceptar sufrir tanto en bici es una locura”, opinó. Adquirió varias bicicletas y prefiere las rutas con subidas.
El deporte como espectáculo y cultura

El actor disfruta los grandes eventos deportivos como espectador. “Vivo mi mejor momento cuando se suceden el Tour de Francia, un gran torneo de fútbol y los Juegos Olímpicos”, expresó. La final del Mundial entre Francia y Argentina lo conmovió. “No podía respirar”, confesó.
Sigue a Lionel Messi en cualquier club donde juegue, aunque también siente cariño por el FC Copenhague y el Barcelona, donde brilló Michael Laudrup. Además, recordó con entusiasmo la victoria de Dinamarca en la Eurocopa de 1992 y sus experiencias en partidos benéficos junto a Peter Schmeichel y Brian Laudrup. También celebra el éxito de la selección danesa de balonmano.
Su entrega, su capacidad de superación y su disciplina encuentran en la actividad física un reflejo constante. “Por el bien de la película, mi compromiso no tiene límites”, afirmó.
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