
El abandono de Julia Roberts, entonces en la cima de su popularidad tras el éxito de Pretty Woman (1990), marcó un punto de inflexión para la producción original de Shakespeare in Love. La decisión de la actriz dejó al estudio con una pérdida de seis millones de dólares y al proyecto en estado de suspensión durante años.
Según Sensacine, el guion encontró nueva vida con otro elenco y se transformó en un fenómeno global, consagrándose en los premios Oscar.
Un proyecto ambicioso con Julia Roberts al frente
En 1991, Julia Roberts era la actriz más solicitada de Hollywood. En ese contexto, el director Edward Zwick logró vender a Universal Pictures el guion de una comedia romántica titulada Shakespeare in Love.
El texto, posteriormente reescrito por el dramaturgo británico Tom Stoppard, atrajo de inmediato a Roberts, quien se comprometió a interpretar a Viola de Lesseps, una joven enamorada de William Shakespeare durante la escritura de Romeo y Julieta.
Roberts tenía una condición inamovible: deseaba que Daniel Day-Lewis encarnara a Shakespeare. Aunque el actor ya había firmado para participar en En el nombre del padre (1993), la actriz insistió en que podría convencerlo. Le envió dos docenas de rosas con el mensaje “Sé mi Romeo”, según relató Sensacine.
Sin embargo, Day-Lewis declinó la oferta, lo que marcó el inicio de una serie de tensiones. Roberts se negó a realizar pruebas de cámara con otros actores y solicitó al director que cancelara las sesiones, segura de que él terminaría aceptando.
Frustrado el intento con Day-Lewis, la producción organizó pruebas con otros candidatos. Roberts asistió, pero mostró escaso interés. Uno de los actores evaluados fue Ralph Fiennes, entonces conocido principalmente por su carrera teatral.

“Julia apenas lo reconoció”, escribió Zwick en un ensayo citado por Sensacine, donde calificó el encuentro como un desastre. La misma actitud se repitió con intérpretes como Hugh Grant, Rupert Graves, Colin Firth, Sean Bean y Jeremy Northam, todos descartados por falta de química o defectos señalados por Roberts.
La prueba con Paul McGann y el problema del acento
Semanas más tarde, Roberts realizó una prueba general junto a Paul McGann, ya con vestuario de época. Según recordó Zwick, “no hubo magia” y el problema residía en que la actriz no había trabajado el acento británico, considerado fundamental para el papel.
Al día siguiente, Roberts abandonó el rodaje y regresó a Estados Unidos, dejando a la producción en crisis. La cancelación supuso una pérdida de seis millones de dólares para el estudio, como detalló Sensacine. Ante la imposibilidad de continuar, Zwick también decidió retirarse del proyecto.

Años después, Zwick manifestó no guardar rencor hacia Roberts. “Era una joven de 24 años asustada. Yo no era mucho mayor, intentando hacerme el adulto mientras veía cómo demolían el decorado del Teatro Globe. Y con él, mis sueños de grandeza”, expresó el director, según citó Sensacine. La retirada de Roberts dejó el guion archivado, sin perspectivas inmediatas de reactivación.
Con el paso del tiempo, el guion resurgió bajo el ala de Miramax, entonces dirigida por Harvey Weinstein. La película fue retomada por el director John Madden, con Gwyneth Paltrow en el papel de Viola de Lesseps y Joseph Fiennes, hermano de Ralph Fiennes, como William Shakespeare.
De acuerdo con Sensacine, este nuevo enfoque resultó determinante para rescatar la producción y llevarla finalmente a la gran pantalla en 1998.
Éxito global y consagración en los Oscar
El estreno de Shakespeare in Love marcó un hito. Con un presupuesto de 25 millones de dólares, la cinta recaudó 289,3 millones de dólares a nivel mundial, según datos de Sensacine.
Además, recibió 13 nominaciones a los premios Oscar y ganó 7 estatuillas, incluyendo Mejor película y Mejor actriz para Gwyneth Paltrow. El éxito comercial y crítico contrastó con el fallido intento inicial protagonizado por Julia Roberts.

Esta historia, documentada por Sensacine, evidencia cómo los cambios en el elenco y la dirección pueden transformar radicalmente el destino de una producción. Lo que comenzó como un ambicioso proyecto frustrado se convirtió en uno de los mayores hitos cinematográficos de finales de los años noventa.
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