
A más de cuatro décadas del episodio final de La familia Ingalls, uno de los momentos más recordados de la televisión familiar estadounidense sigue generando debate.
La serie, basada en los libros de Laura Ingalls Wilder y protagonizada por Michael Landon, llegó a su fin en 1984 con el especial televisivo Little House: The Last Farewell, en el que los habitantes del pueblo de Walnut Grove destruyen sus propias casas y negocios con explosivos.
Detrás de esa decisión argumental, aparentemente drástica, hubo una motivación personal. Según reveló recientemente Melissa Gilbert, quien interpretó a Laura Ingalls durante las nueve temporadas de la serie emitida por NBC entre 1974 y 1983, el final explosivo fue resultado del enojo de Michael Landon con la cadena.

“Sabía que [el productor ejecutivo y actor Michael Landon] quería demoler todo porque estaba tan enojado de que NBC nunca lo llamara para decirle que la serie estaba oficialmente cancelada”, explicó Gilbert en declaraciones a Entertainment Weekly.
Y agregó: “Simplemente no estábamos en la programación de otoño después de no solo 10 años de La familia Ingalls, sino también años de Bonanza. Fue algo sumamente irrespetuoso hacia él“.

¿Cómo fue el final de “La familia Ingalls”?
El episodio final muestra cómo los habitantes de Walnut Grove destruyen sus construcciones para evitar que un magnate se apropie de sus tierras. Para Gilbert, la experiencia de grabar el capítulo fue particularmente dolorosa.
“Para mí, personalmente, toda esa experiencia, desde leer el guion hasta el último día, fue el funeral más largo al que he asistido”, afirmó. “Fue devastador y tremendamente triste”.
Melissa Gilbert, quien también abordó este tema en su libro Prairie Tale: A Memoir, reveló que Landon quiso dejar claro su mensaje a la cadena.
“Fue un ‘que se jodan’ para la cadena”, escribió. Según explicó, destruir el set también tenía como objetivo impedir que las instalaciones fueran reutilizadas para otras producciones.
“Una de las cosas que hablamos fue su deseo de que nadie más usara nuestros decorados, como si quisieran filmar una película porno en el viejo set de La familia Ingalls“, dijo la estrella de ahora 61 años.

Y agregó: “Esos eran nuestros. Nosotros los construimos. Tuve muchas experiencias importantes de vida dentro y alrededor de esos edificios, como todos en el elenco y el equipo. Ese lugar era sagrado para nosotros”.
Aunque los miembros principales del elenco no estuvieron presentes durante la demolición, la actriz regresó para grabar sus últimas escenas.
“Fue doloroso. Saber que íbamos a bajar desde la base de producción y que no iba a estar ahí, pero no saber exactamente qué íbamos a encontrar... imagino que no es ni remotamente parecido —y subrayo ‘remotamente’ ocho veces— a lo que vive alguien cuando regresa a su hogar tras un desastre natural”, expresó.
Además del trasfondo emocional, hubo razones logísticas detrás de la demolición. Según explicó el productor Kent McCrary, el equipo de producción había arrendado la tierra donde se encontraba el set y debía devolverla a su estado original.
“¿Y si hacemos volar el pueblo? Eso dejaría los edificios en pedazos y podríamos traer el equipo para recoger los escombros y llevárnoslos”, relató McCrary, citando el razonamiento de Michael Landon.

“Creo que fue un buen final con espíritu pionero. También fue una catarsis para el elenco y el equipo. Hubo muchas lágrimas cuando finalmente volamos el pueblo”, añadió.
Pese a la destrucción generalizada, dos estructuras fueron preservadas: la iglesia y la casa de los Ingalls. Melissa Gilbert explicó que se tomó la decisión consciente de no destruir la iglesia por su carga simbólica.
“Es tan simbólico del odio, y era un edificio sagrado para toda la comunidad de Walnut Grove, tanto dentro como fuera de la serie”, señaló. “Creo que fue muy sabio no volarlo”.
En cuanto a la casa de los Ingalls, Stan Ivar, quien interpretó a John Carter, la desarmó pieza por pieza con la intención de preservarla. “Hemos intentado donarla al Smithsonian y a tantos otros lugares, pero nadie la quiere. No estoy segura del motivo”, dijo.

Pese a todo, Gilbert destacó el valor simbólico de la vivienda. “Creo que la casa en sí era una especie de símbolo de esperanza para la familia Ingalls y siguió siéndolo para todos los demás. Aunque nos íbamos, siempre podíamos reconstruir, que era lo que la familia Ingalls siempre hacía”.
Pese al drástico final de La familia Ingalls, la serie marcó el cierre de una era televisiva.
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