La pupusa entre la historia y la identidad: el plato salvadoreño que desafía fronteras y resiste en el tiempo

Con raíces que los antropólogos sitúan en la tradición mesoamericana, el plato más emblemático de El Salvador condensa siglos de transformación culinaria, disputa sobre sus orígenes y una continuidad sostenida por familias como la del pupusódromo de Olocuilta

El Vapor de la Pupusa simboliza el arraigo de la tradición de Olocuilta y El Salvador. (Foto: Henry Heredia / Infobae)
El Vapor de la Pupusa simboliza el arraigo de la tradición de Olocuilta y El Salvador. (Foto: Henry Heredia / Infobae)
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La pupusa, uno de los alimentos más accesibles de El Salvador, tiene antecedentes prehispánicos en Mesoamérica, aunque su origen nacional preciso sigue en discusión. El antropólogo salvadoreño Ramón Rivas sostuvo que las preparaciones indígenas de masa, carne y frijoles descritas por fray Bernardino de Sahagún constituyen su forma más primitiva, según Diario El Mundo.

El pupusódromo de Olocuilta reúne 38 negocios dedicados a una preparación que conserva una técnica simple: la masa de maíz o arroz se rellena, se cierra y se aplana; si se rompe, se repara para impedir que el relleno se pierda. La variedad revuelta, con queso, frijoles fritos y chicharrón, es la más habitual en las pupuserías.

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El acompañamiento tradicional incluye curtido macerado con vinagre y salsa de tomate cocida. La combinación equilibra la grasa, la textura y la temperatura del plato, y prescindir de alguno de esos elementos se considera una alteración de la preparación.

Un origen mesoamericano y una receta en transformación

Rivas ubicó el origen de la pupusa en la región mesoamericana, no en un país determinado. Su interpretación parte de la descripción de Sahagún sobre comidas nativas elaboradas con masa, carne y frijoles.

Diario El Mundo también destacó que el antropólogo Jorge Ávalos planteó, en cambio, que la masa de maíz rellena de frijoles era propia de toda América Central. Ávalos señaló que algunos estudiosos salvadoreños buscan atribuirle un origen pipil para reforzar su identificación con la cultura nacional.

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La receta incorporó cambios con el tiempo. A los rellenos de frijoles y queso se sumó el chicharrón, mientras que distintas pupuserías ofrecen variedades con camarón, chile jalapeño, aguacate, pollo, loroco o ayote.

La pupusa de arroz surgió en 1979, durante la guerra civil, cuando el maíz escaseó en el territorio salvadoreño y se extendió el uso de arroz para preparar el plato. Esa alternativa permanece junto a la masa de maíz en los establecimientos de Olocuilta.

El primer registro documental mencionado en torno a la pupusa aparece en una carta del poeta José Batres Montúfar, nacido en San Salvador en 1809. El historiador salvadoreño Carlos Cañas Dinarte, citado por EFE, indicó que el autor evocó el sabor de las pupusas desde Managua.

La continuidad familiar en el pupusódromo de Olocuilta

La Pupusería Ingrid funciona desde hace 26 años y cambió las champas de lámina de sus inicios por un local más amplio. La madre de Ingrid fundó el negocio, pero enfermó hace ocho años y su hija dejó la universidad para asumir la administración, relató Infobae.

El trabajo se divide en dos turnos. La hermana de Ingrid ingresa a las 4:30 y termina a las 17:30, mientras que ella comienza a las 18:00 y permanece hasta la salida del último cliente, que puede ocurrir después de la 1:30; el local solo cierra entre dos y tres horas por día.

En la jornada más alta de afluencia, Ingrid puede atender más de 200 familias por día. (Foto: Henry Heredia/ Infobae)
En la jornada más alta de afluencia, Ingrid puede atender más de 200 familias por día. (Foto: Henry Heredia/ Infobae)

La jornada termina con una reserva controlada de 10 libras de queso desmenuzado, un guacal con cinco libras de masa y una bolsa de frijoles fuera de la nevera para evitar que se deterioren. El queso se agota con mayor rapidez, en especial en las pupusas de queso con loroco.

La masa se prepara en cantidades reducidas para conservar su frescura. La pupusa revuelta es la más solicitada, seguida por la de queso con loroco, y el menú también incluye la pupusa loca, que reúne varios ingredientes en una sola pieza.

La mayor afluencia comienza en diciembre y se prolonga hasta la segunda semana de enero. La clientela disminuye después de ese período y vuelve a aumentar durante Semana Santa, un ciclo que obliga a administrar los ingresos de los meses de mayor movimiento.

En los días de máxima demanda, el negocio atiende a más de 200 familias. El turno diurno cuenta con cuatro personas y el nocturno con tres; solo una hermana de Ingrid es familiar directo y las demás trabajadoras son empleadas.

El local ofrece pupusas de frijol con queso, queso con loroco, ayote, revuelta y loca, además de horchata, refrescos naturales, jugos, café y chocolate. Las bebidas alcohólicas están limitadas a tres por persona para preservar el ambiente familiar y el orden del establecimiento.

Ingrid resumió la permanencia de la tradición en Olocuilta: “Aquí pueden venir de cualquier parte, de El Salvador o del mundo. La tradición es la pupusa, y la pupusa está asegurada”.

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