
Un trabajador guatemalteco puede llegar a ser 25 veces más productivo en Estados Unidos que en su propio país. Ese dato, extraído de un nuevo estudio económico, explica por qué la migración centroamericana sigue siendo una válvula de escape laboral, pero también anticipa un riesgo que pocos gobiernos de la región quieren discutir.
Si Washington logra frenar la llegada de nuevos migrantes y no abre mecanismos legales que reemplacen ese flujo, el dinero que hoy sostiene a millones de hogares en El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua podría empezar a reducirse en los próximos años.
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Así lo advierte un estudio de la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad, elaborado por los investigadores Hugo Maul y Javier Calderón, que Bloomberg Línea difundió este 4 de noviembre.

El trabajo, titulado Migración de Centroamérica hacia Estados Unidos: causas, políticas y perspectivas liberales, combina datos de organismos internacionales con entrevistas a migrantes para radiografiar una dependencia que ningún país de la región ha logrado revertir.
Una dependencia que supera la quinta parte del PIB
Las remesas no son un ingreso menor para las economías del Triángulo Norte. En 2024 equivalían al 27% del producto interno bruto (PIB) de Nicaragua, al 25% del de Honduras, al 23,5% del de El Salvador y a cerca del 20% del de Guatemala, según las cifras que recoge el estudio.
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El impacto se siente todavía más en los hogares. En Guatemala, alrededor del 60% de las familias que reciben remesas no podrían cubrir sus necesidades básicas sin ese dinero.
En Honduras, casi cuatro de cada diez hogares dependen de ese ingreso, de acuerdo con cifras de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y de encuestas nacionales.
El estudio explica que el monto que envía cada migrante tiende a disminuir con los años, a medida que forma una nueva familia en Estados Unidos y debilita sus lazos económicos con el país de origen.
Si además se reduce la llegada de migrantes nuevos que reemplacen ese envío, la región enfrentaría una desaceleración sostenida del ingreso que hoy sostiene su consumo.
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En Estados Unidos vive hoy una población centroamericana de 4,265,000 personas, según datos de la OIM citados en el estudio: 1,495,000 salvadoreños, 1,250,000 guatemaltecos, 935,000 hondureños, 377,000 nicaragüenses, 105,000 costarricenses y 103,000 panameños.

El ciclo migratorio tiene fecha de vencimiento
“La primera generación de migrantes tiende a mantener a sus hijos, a su esposa, a sus padres”, explicó Hugo Maul, economista e investigador y coautor del estudio, a Bloomberg Línea.
“Con los hijos de los migrantes en el exterior, la caída es dramática, porque el lazo familiar con el país de origen es cada vez más débil”.
El patrón se repite en la evidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) usada en la investigación: la proporción del ingreso que un migrante destina a remesas disminuye a medida que aumenta su tiempo de residencia en el extranjero.
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En los primeros años paga deudas del viaje y sostiene a su familia; después, concentra sus gastos en el país receptor.
Para Centroamérica, el riesgo es doble. Las remesas dependen tanto del flujo de migrantes que ya residen en Estados Unidos como de la llegada de nuevas generaciones que reemplacen a quienes dejan de enviar dinero.

Maul advirtió que, si la restricción migratoria se sostiene varios años, el ajuste en los ingresos llegará con rezago, pero llegará.
El estudio detecta una “adicción” económica
“Tenemos una adicción a las remesas que nos impide ver los riesgos que conlleva a largo plazo”, resumió Maul ante la publicación.
El investigador explicó que ese ingreso sostiene el consumo de millones de familias, pero también oculta la falta de dinamismo de las economías y su incapacidad de generar empleos productivos.
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El economista fue más allá en su diagnóstico: “Estoy convencido que tenemos una expansión del sector consumo, del sector inmobiliario debido al combustible que las remesas representan. Eso lo vivió México en los 90 claramente y les costó una crisis. Allá por otras razones, aquí porque en esencia tenemos una abundancia, si me permiten decir, artificial de dólares que no es sostenible en el largo plazo”.

Por qué tantas personas deciden emigrar
Las encuestas de la OIM que recopila el estudio dan una respuesta directa: en 2025, el 84% de los guatemaltecos, el 74% de los hondureños y el 72% de los salvadoreños entrevistados citaron razones económicas para abandonar su país.
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En el caso de Guatemala, Maul estima que un trabajador puede ser hasta 25 veces más productivo en Estados Unidos que en su propio país, aun con actividades y jornadas similares. La diferencia no está en las capacidades individuales, sino en el entorno: infraestructura, tecnología, capital y acceso a mercados.
“El reto que no se ha logrado resolver es el de la productividad y la sofisticación productiva”, afirmó el coautor del estudio. La región necesita empleos a mayor escala, especialmente para los jóvenes, y empresas de mayor valor agregado, pero esas transformaciones toman décadas y las políticas de los países del Triángulo Norte tampoco han generado condiciones atractivas para la inversión.
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Cerrar vías legales no frena la migración, la desvía
El estudio sostiene que cerrar canales legales como el parole humanitario, el asilo y las visas de trabajo, sin reducir al mismo tiempo la demanda de mano de obra extranjera en Estados Unidos, desplaza la migración hacia rutas más peligrosas y fortalece a las redes de coyotaje.
La demanda de trabajadores en construcción, servicios, agricultura y transporte no desaparece con más controles: lo que cambia es quién la satisface y bajo qué riesgo.

Maul consideró que los gobiernos de la región han dependido demasiado de Washington y han explorado poco alternativas como los programas canadienses de visas temporales, el empleo en transporte pesado y marina mercante, o la regularización sectorial de los flujos entre Guatemala y México.
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El investigador planteó que los países deben fortalecer un modelo económico orientado a las exportaciones, capaz de generar los empleos que hoy sus ciudadanos encuentran al migrar.
A eso se suma una integración regional pendiente: los países centroamericanos reproducen estructuras productivas similares en lugar de especializarse y aprovechar sus complementariedades.
“El reto es difícil y los resultados no se van a ver en el corto plazo”, dijo Maul. “Pero si la migración ya no existe como válvula de escape, nuestra población va a seguir creciendo y no vamos a tener acceso, al menos en el mismo monto, a ese flujo que nos ha mantenido hasta este momento”.
La señal ya se nota en las cifras recientes
El diagnóstico del estudio no es solo teórico. En El Salvador, el Banco Central de Reserva reportó que el promedio mensual de las remesas familiares se desaceleró a lo largo de 2026: arrancó el año en USD 372.6 y bajó a USD 361.5 a septiembre, con un crecimiento acumulado del 3.5% frente al 18,5% registrado en el mismo período de 2025.
En Honduras, las remesas del tercer trimestre de 2026 superaron los USD 10,000 millones, equivalentes a alrededor del 25% del PIB del país, según el Banco Central de Honduras.

Pese a esa cifra, este martes partió una nueva caravana de migrantes desde San Pedro Sula hacia la frontera con Guatemala, con destino final Estados Unidos.
Los propios migrantes que integraron la caravana citaron el desempleo y la inseguridad como motivos de salida, en línea con los porcentajes que recoge el estudio de la Fundación Friedrich Naumann. El Gobierno de Estados Unidos, por su parte, impuso la semana anterior restricciones de visa a más de 15 personas señaladas de organizar las caravanas recientes desde Centroamérica y México.
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