
La entrada en vigor del acuerdo comercial con Bolivia y la firma de un convenio de alcance parcial con Belice ampliaron las opciones de exportación para empresas de El Salvador, con oportunidades para rubros como la tilapia, el camarón, el café, los medicamentos, los alimentos procesados y los productos de cuidado personal.
Ambos mecanismos buscan reducir barreras arancelarias, ordenar los procedimientos de comercio y diversificar las ventas externas de un país cuyas exportaciones todavía dependen en gran medida de Estados Unidos y Centroamérica.
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Silvia Cuéllar, presidenta de la Corporación de Exportadores de El Salvador (Coexport), aseguró recientemente que la apertura de mercados debe acompañarse de una mayor capacidad productiva y de una oferta adaptada a las exigencias de cada destino.
Hasta julio de 2026, las exportaciones salvadoreñas de bienes alcanzaron USD 4.036 millones, con un alza de 4% en valor y cerca de 10% en volumen frente al mismo período del año anterior, según datos expuestos por la gremial. En ese escenario, Bolivia aparece como una puerta de entrada a Sudamérica para productos salvadoreños que ya cuentan con presencia regional, entre ellos alimentos, bebidas, manufacturas de plástico, confecciones y medicamentos.
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El Acuerdo de Alcance Parcial entre ambos países entró en vigor el 30 de julio, luego de que fuera ratificado en abril de 2026. Bolivia concedió preferencias arancelarias para 259 productos de El Salvador, que incluyen alimentos y bebidas, medicamentos de uso humano y veterinario, manufacturas plásticas y confecciones.
Cuéllar mencionó que dentro de la oferta con posibilidades de ganar espacio figuran la tilapia, el camarón, el café, el atún, los confites, los cosméticos, el calzado y los medicamentos. A cambio, El Salvador otorgará beneficios arancelarios a 250 productos bolivianos, entre ellos flores, frutas, habas, yerba mate, nueces de Brasil, vidrio y fármacos.
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La lógica del acuerdo, según explicó la dirigente empresarial, pasa por la complementariedad: facilitar el ingreso de mercancías que cada mercado produce o demanda en condiciones distintas. En ese sentido, la industria farmacéutica salvadoreña ya comenzó a buscar alianzas comerciales en Bolivia. La Cancillería organizó un foro virtual con empresas de ambos países para presentar requisitos de exportación y oportunidades de negocios en ese sector.

La actividad reunió a cerca de 50 empresarios y contó con el apoyo de la Asociación de Representantes Importadores y Distribuidores de Fármacos (ASOFAR), el bufete Dentons y la Agencia de Promoción de Inversiones y Exportaciones de El Salvador (INVEST).
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El convenio también incluye reglas sobre origen de los productos, trámites aduaneros y medidas sanitarias y fitosanitarias, además de mecanismos como la firma digital para procedimientos de comercio exterior.
Belice, por su parte, se incorporó a esta estrategia mediante un acuerdo firmado en agosto de 2026. El instrumento abarca más de 400 líneas arancelarias y establece acceso preferencial para productos salvadoreños de agroindustria, alimentos, bebidas, farmacéuticos, plásticos, textiles y metalmecánica. Antes de la firma, empresarios beliceños visitaron El Salvador para conocer proveedores y participar en contactos comerciales.
Según Cuéllar, Coexport recibió una misión empresarial, además de compradores individuales, y organizó ruedas de negocios con potenciales exportadores salvadoreños. Entre los interesados hubo empresas vinculadas a la distribución de alimentos, productos de limpieza, artículos de belleza y empaques. El mercado beliceño también puede funcionar como plataforma para llegar a Guatemala y a otros destinos del Caribe.
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La presidenta de Coexport relató que uno de los compradores que visitó El Salvador ya comercializa productos en Guatemala y evalúa adquirirlos en el país para trasladarlos primero a Belice y luego redistribuirlos. Esa posibilidad abre una ruta comercial adicional para productores locales, aunque todavía enfrenta retos operativos.
El principal obstáculo identificado por el sector privado es la conversión monetaria. El Salvador utiliza el dólar estadounidense, mientras que las operaciones en Belice requieren el cambio a la moneda local, un proceso que puede demorar los pagos a los exportadores. Cuéllar señaló que el intercambio se mantiene, pero admitió que esa dificultad financiera debe resolverse para dar mayor fluidez a las transacciones.
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Las autoridades de ambos países prevén revisar periódicamente el acuerdo, ampliar los productos incluidos y mejorar la conectividad terrestre a través de Guatemala, así como las opciones aéreas para el transporte de bienes.
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