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7 de cada 10 familias salvadoreñas viven en hacinamiento, situación que agrava en las zonas rurales, según recientes informes

El informe del centro académico señala que la sobreocupación habitacional golpea con más fuerza a las zonas rurales, donde también se concentran viviendas de menor calidad y mayores carencias de infraestructura básica

El hacinamiento afecta al 31% de las familias en El Salvador, según un informe de INCAE Business School y CLACDS. (Foto cortesía)
El hacinamiento afecta al 31% de las familias en El Salvador, según un informe de INCAE Business School y CLACDS. (Foto cortesía)
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Paola, madre soltera y menor de 30 años, decidió regresar a la casa de su madre ubicada en las afueras de San Salvador luego de una separación difícil.

La posibilidad de dividir gastos de alquiler y alimentación parecía la única salida para sostener a sus dos hijos pequeños.

Su situación, lejos de ser excepcional, refleja un fenómeno que afecta a miles de familias en El Salvador: la convivencia forzada en espacios reducidos.

En la vivienda que comparten, solo hay dos habitaciones para siete personas, sin incluir ocasionalmente a la nueva pareja de su madre. La casa, por la que pagan $400 al mes, fue diseñada para albergar a una familia mucho más pequeña.

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El hacinamiento es una realidad cotidiana para el 31% de las familias salvadoreñas, según un informe presentado por INCAE Business School, a través del CLACDS.

Las zonas rurales presentan mayores tasas de hacinamiento, donde el espacio disponible es limitado y la calidad de las viviendas suele ser inferior.

Esta situación impacta en la salud emocional, pero también física de los habitantes, quienes deben organizar rutinas y espacios en condiciones lejos de las óptimas.

De acuerdo con el informe el 95.1% de los hogares salvadoreños reside en casas privadas o independientes. Este formato predomina tanto en áreas urbanas como rurales.

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La propiedad de la vivienda alcanza al 55.3 % de los hogares, con una diferencia notable entre campo y ciudad: en zonas rurales, el 59.4% de las familias son dueñas de su vivienda, cifra que desciende a 52.8 % en entornos urbanos.

La mayoría de las construcciones utiliza paredes de concreto, esto se traduce en el 79.4 % a nivel nacional, aunque en el campo persisten viviendas levantadas con materiales menos resistentes.

La propiedad de la vivienda alcanza al 55.3% de los hogares en El Salvador y es más alta en el área rural que en la urbana. (Foto cortesía)
La propiedad de la vivienda alcanza al 55.3% de los hogares en El Salvador y es más alta en el área rural que en la urbana. (Foto cortesía)

Servicios básicos: avances nacionales y brechas persistentes

El acceso a energía eléctrica es casi universal, alcanzando al 98.4 % de la población, mientras que el suministro de agua por cañería llega al 90.7 % de los hogares.

Solo el 81.1 % cuenta con tenencia formal del servicio, lo que significa que un segmento relevante de la población no dispone de acceso garantizado.

El saneamiento cubre al 99.1 % de la población en términos de acceso, aunque la tenencia efectiva baja al 93.5 %. El manejo de desechos líquidos evidencia un rezago importante: casi seis de cada diez hogares eliminan las aguas grises en la calleo a cielo abierto, reflejando carencias en infraestructura y salubridad, especialmente fuera de las ciudades.

En cuanto a la gestión de desechos sólidos, el 60.7 % de la población cuenta con recolección pública de basura. No obstante, el 31.4 % de los hogares recurre a la quema de residuos, lo que representa un riesgo tanto ambiental como sanitario.

En la cocina, el gas propano es el combustible más utilizado, presente en el 93.8 % de los hogares. La dependencia de fuentes comerciales plantea retos en términos de acceso y precios para las familias de menores ingresos.

Seis niños con los rostros oscurecidos caminan por un camino de tierra entre casas con techos de chapa. Al fondo se ven árboles y vegetación.
Casi seis de cada diez hogares en El Salvador eliminan las aguas grises en la calle o a cielo abierto. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Realidad rural: mayor vulnerabilidad y carencias estructurales

Las cifras del informe del INCAE Business School muestran que, aunque los indicadores nacionales reflejan avances en la cobertura de servicios, las desigualdades persisten y se acentúan en las zonas rurales.

Allí, las familias enfrentan viviendas con materiales menos resistentes, mayores tasas de hacinamiento y acceso limitado a servicios. La vida cotidiana de Paola y su familia ilustra la brecha que existe entre los números nacionales y la experiencia real de muchas familias salvadoreñas

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