En El Salvador, un 20% de los productores agrícolas utiliza maíz criollo en sus cultivos, una tendencia que destaca en regiones del corredor seco como La Unión, Morazán, Usulután, Sonsonate y Ahuachapán. Así lo afirmó Adalberto Blanco, representante de la Mesa por la Soberanía Alimentaria, durante el Festival Raíces Semillas, que se celebra hoy en Nahuizalco, Sonsonate.
Durante el evento, dedicado al intercambio de semillas nativas, Blanco alertó sobre los desafíos climáticos que enfrentan los agricultores y subrayó la importancia de promover semillas adaptadas a las condiciones locales.
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El representante de la Mesa por la Soberanía Alimentaria explicó a radio YSUCA que la elección de semillas criollas responde a la necesidad de adaptación frente a fenómenos como sequías y excesos de lluvia. “Los pronósticos climáticos no son favorables para este año. Se está hablando de dos canículas que van a ocurrir entre los meses de julio y agosto. Por lo tanto, hay que estar preparados ante estas situaciones que cada vez son más recurrentes”, sostuvo Blanco. El representante señaló que, en zonas de máxima sequía, el maíz criollo ofrece mayor resistencia debido a su adaptación histórica a estos territorios.
El último informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que la producción de maíz en El Salvador para 2025 se estimó en 805.000 toneladas, un nivel cercano al promedio de los últimos cinco años. La demanda nacional obliga a cubrir cerca del 50% del consumo interno mediante importaciones, lo que refuerza la relevancia de programas que protejan y multipliquen semillas locales frente a la volatilidad del mercado internacional.
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De acuerdo con cifras del Banco Central de Reserva de El Salvador (BCR), la producción nacional de maíz alcanzó 10,87 millones de quintales en el ciclo agrícola más reciente, con un área cosechada de 293,457 manzanas. El informe destaca que Ahuachapán lidera la producción con un 12.4% del total nacional, seguido por otros departamentos del occidente y oriente del país. La mayoría de estos cultivos se destina al autoconsumo y a la venta en el mercado doméstico, siendo el maíz un eje clave en la seguridad alimentaria nacional.
El V Censo Agropecuario y I de Pesca 2025 confirmó que el 99.8% del área de maíz cosechada se destina a la producción de grano y solo el 0.2% a semilla comercial. El cultivo involucra a más de 401,000 productores, de los cuales el 99.97% corresponde a personas naturales que dependen del maíz como base de su dieta y economía. El BCR remarcó que el 49.5% del maíz producido se destina al autoconsumo, mientras el 47.8% se comercializa en el mercado nacional. El consumo animal y la reutilización como semilla representan fracciones menores.
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El contexto agrícola salvadoreño refleja una reducción sostenida tanto en la superficie cultivada como en el rendimiento de granos básicos debido al cambio climático y la falta de apoyo al sector. Las iniciativas de rescate y difusión de semillas criollas buscan revertir parcialmente esta tendencia, fortaleciendo la capacidad de las comunidades rurales para responder a los desafíos actuales y futuros.
FESTIVAL RAÍCES SEMILLAS
Este festival se organiza en diferentes zonas del país y busca fortalecer la soberanía alimentaria mediante el intercambio de semillas criollas y nativas. Según los organizadores, estas actividades descentralizadas permiten que comunidades rurales accedan a variedades resistentes y adaptadas al entorno. En palabras de Blanco, “la promoción y rescate de nuestras semillas, que son semillas adaptadas a los territorios, resistentes y que los productores y productoras no tienen que comprar, que las pueden guardar y conservarlas año con año”, resulta clave para enfrentar la incertidumbre climática.
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El evento en Nahuizalco reunió a pequeños agricultores, organizaciones sociales y expertos en agroecología, quienes compartieron conocimientos sobre técnicas de conservación y resguardo de semillas. Testimonios recogidos por medios locales resaltan que el intercambio de semillas no solo fomenta la diversidad genética sino también la autonomía de los productores frente a la dependencia de insumos externos.
El festival, que incluye ceremonias ancestrales, degustaciones de alimentos y exposiciones, promueve el mensaje de que “la semilla no se debe perder”, como expresan líderes comunitarios y campesinos vinculados a la defensa de la agroecología. La Mesa por la Soberanía Alimentaria y otras organizaciones insisten en que la conservación de semillas criollas es un pilar para la resiliencia agraria y la preservación del patrimonio cultural en El Salvador.
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