El mercado laboral en Irán enfrenta una crisis agravada por la guerra, con un aumento significativo del desempleo y una disminución notable de la fuerza laboral. En la ciudad de Rasht, al menos 2.000 trabajadores perdieron sus empleos en los últimos dos meses, según el reporte de la Agencia Iraní de Noticias Laborales (ILNA).
Fuentes locales señalan una tendencia creciente de despidos en los sectores de producción, industrias y servicios. Entre los afectados figuran aproximadamente 490 empleados de la empresa Pink, 500 de Paya Modern, 190 de Gilara y 55 de una planta avícola. También se registraron despidos en otras unidades como Darougar Rasht.
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Las razones principales citadas para los despidos incluyen la escasez de materias primas y la reducción de recursos financieros debido a la disminución de ventas. Muchos de los trabajadores afectados recurrieron a la oficina de empleo para solicitar subsidios por desempleo.
A nivel nacional, se calcula la pérdida directa de unos 135.000 empleos durante la guerra y la salida de casi un millón de personas del mercado laboral, de las cuales solo unas 300.000 regresaron al empleo formal. Además, alrededor de 200.000 nuevos solicitantes se sumaron al seguro de desempleo.
El informe anual de la ONG Activistas de derechos humanos en Irán (HRANA, por sus siglas en inglés) para 2025 documentó 638 meses de salarios retrasados o impagos en 182 unidades industriales y de servicios, 2.458 casos de despidos o reducción de plantilla y 3.761 trabajadores en condiciones laborales inciertas, lo que refleja la presión creciente sobre el sustento de los trabajadores iraníes.
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Tras semanas de silencio en el frente de combate, la población iraní enfrenta ahora las consecuencias económicas de la guerra con Estados Unidos e Israel. Aunque la República Islámica resistió parte de la ofensiva militar, el país atraviesa un deterioro económico marcado por una inflación que alcanza el 100% en algunos productos alimentarios y la incertidumbre de un futuro desfavorable.
En el bazar de Tajrish, al norte de Teherán, la actividad comercial retornó, pero los comerciantes aseguran que las ventas no se han recuperado. “Solo estamos vivos”, resume Reza, dueño de un puesto de frutas y verduras, quien recuerda los 39 días de bombardeos consecutivos sobre la capital y expresa temor ante la posibilidad de nuevos ataques.
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El régimen iraní estimó en USD 270.000 millones los daños causados por la ofensiva de estadounidenses e israelíes, que afectaron casi 3.000 infraestructuras industriales. A esto se suma el corte del internet global y el bloqueo naval estadounidense, que agravan la crisis en una economía debilitada desde hace años, acelerando despidos y elevando la inflación hasta el 71%.
El viceministro de Trabajo, Cooperación y Bienestar Social de Irán, Gholamhosein Mohamadi, informó que la guerra ha provocado la pérdida de un millón de empleos directos y dos millones indirectos. El analista Hadi Kahalzadeh, del Instituto Quincy, advierte que la caída del consumo interno, la falta de liquidez y la incertidumbre podrían afectar a millones de empleos adicionales.
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Tras los bombardeos, 50 plantas petroquímicas cerraron y la principal acería, Mobarakeh, tardará al menos un año en recuperar su capacidad normal, lo que derivó en la prohibición temporal de exportaciones en ambos sectores. El impacto también alcanza al sector de la construcción, que emplea a 3,8 millones de iraníes, y a la industria automotriz.

El alza de precios afecta a plásticos, envoltorios, tuberías, tejidos y productos básicos como los lácteos. El corte de internet global, impuesto por el régimen persa desde el 28 de febrero, genera un costo diario de USD 3,3 millones, según el ministro de Comunicaciones, Sattar Hashemi, y afecta especialmente a pequeñas y medianas empresas.
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El bloqueo naval estadounidense, impuesto por el presidente Donald Trump desde el 13 de abril, busca paralizar las exportaciones petroleras iraníes, que alcanzaron 80.000 millones de dólares el año pasado, y, de esta formar, presionar a Teherán a negociar una salida de la guerra.
El empeoramiento económico se produce meses después de las protestas de diciembre y enero, que derivaron en pedidos de fin de la República Islámica y fueron reprimidas con un saldo de al menos 7.000 muertos, según la ONG HRANA. La represión de estas manifestaciones fue uno de los argumentos iniciales de Trump para iniciar la guerra en apoyo a la población iraní.
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(Con información de EFE)
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