
La familia Mir, originaria de Cuba, lleva casi tres años viviendo en El Salvador tras una decisión marcada por la crisis profunda de su país de origen.
Samuel Mir contó en entrevista exclusiva con Infobae que él, sus padres, su hermano, dos hermanas, su esposa y su pequeño hijo de un año, dejaron Cuba en 2023 empujados por la falta de alimentos, medicamentos y por una economía colapsada que los obligó a vender en 10,000 dólares una casa que estiman valía hasta 60,000, ya que “todos están vendiendo para irse, y las casas han perdido mucho valor”.
Samuel indicó que la familia emigró unida por temor a una separación prolongada y debido al panorama de escasez: “Había muchas veces que nos acostábamos sin comer, amanecíamos sin poder comer nada, a veces solo un pan y un café. No había alimentos de carne ni proteínas. Yo tuve mi hijo mayor allá y no tenía para darle leche, no había medicamentos para ponerle la vacuna que le correspondía”, contó Samuel a Infobae.
El trayecto de Elier Mir (el padre), Leslie (la madre), sus tres hermanos: Jonathan, Sara, Madai, su esposa Rachel y el pequeño Thiago, hacia una nueva vida fue adverso desde el inicio.

De Cuba viajaron primero a Nicaragua, destino que eligieron por el libre visado con el que contaba ese país, ahí permanecieron entre cinco y seis meses sin poder regularizar su situación.
De acuerdo con Samuel, cada vez que solicitaban documentación “nos decían algo diferente, a las unidades de salud no podíamos ir, nos atendían por ser extranjeros, y todo nos empezó a ir mal”.
Como no fue posible permanecer legalmente, emprendieron la ruta hacia Estados Unidos, y debían pasar primero por El Salvador, pero durante el recorrido fueron víctimas de un asalto entre Nicaragua-Honduras, donde un grupo de hombres les exigió “mil dólares por persona”, cifra que totalizó nueve mil dólares para todos los miembros de la familia.

Mientras la presión por sobrevivir y el agotamiento de recursos los mantenía vulnerables, Samuel relató que finalmente cruzaron a El Salvador de manera irregular debido a la traición de intermediarios hondureños: “Nos mintieron, nos dijeron que los de El Salvador no recibían a nadie, y lo que hicieron era para entrarnos de manera ilegal y sacarnos más dinero. Ahí nos sacaron como 50 dólares por persona y nos atravesaron por dos ríos.
“Quedamos con cero dólares, prácticamente lo que traíamos puesto y las mochilas con una mudada”, recuerda el joven, de 25 años.
”Ya en territorio salvadoreño, llegaron hasta San Miguel, donde amistades de su padre, quien había sido vicepresidente de la denominación Alianza de Cristianos y Misioneras de Cuba, les ofrecieron alojamiento.
Más de 5,000 cubanos en El Salvador tras la agudización de la crisis en la isla
Una vez en El Salvador permanecieron en una vivienda minúscula, amontonados y escondidos, pero juntos. Tenían miedo recuerda, pero encontraron gente solidaria que les ayudó con comida y ropa.
En el proceso de adaptación en El Salvador, la familia recibió ayuda inicial de la Agencia de la ONU para los Refugiados ACNUR, que facilitó “tres meses de renta para que nos pudiéramos estabilizar, nos dieron un poco de ropa”, y los guió en el acceso a la figura del refugio político.
“Nos dieron un papel como que estábamos en proceso y ya estábamos legales. Pudimos ir a buscar trabajo informal siempre, porque no teníamos documentos”, detalló Samuel.
El último registro que menciona Samuel revela que existen más de 5,000 cubanos en El Salvador, según le informaron en su última visita a la oficina de inmigración.
En su caso, la trayectoria laboral ha sido variada: su padre- que en Cuba era pastor y dirigía una corporación de iglesias- trabaja en construcción, su madre en un salón de uñas y Samuel en un taller de celulares, en Cuba se graduó de economía, pero por ahora, trabaja en lo que encuentra.
Además se dedica a subir contenidos de su vida en El Salvador en redes sociales y a contarle a sus amigos y familiares cubanos su vida en este país centroamericano.
Sus hermanas estudian, aunque una de ellas toca varios instrumentos y pinta, anhelando encontrar oportunidades más acordes a sus talentos.
Aunque ahora todos los mayores tienen empleo e ingresos y ya Samuel incluso tuvo su primer hijo salvadoreño, reconoce que la adaptación fue progresiva y no estuvo exenta de dificultades.
“Lo más difícil de adaptarse al principio fue un poco la comida y al hablar con las personas, porque muchas palabras son diferentes. También la comida, porque en Cuba no comemos tortillas, y aquí hacen muchas cosas con harina, las pupusas, las tortillas, los frijoles con crema, a nosotros nos parecía raro”, explicó Samuel, aunque con el tiempo la familia fue incorporando costumbres salvadoreñas y conservando tradiciones cubanas.
Por ejemplo para las fiestas de fin de año, conservan la costumbre de hacer cerdo asado, comida típica cubana. “Acá comen panes con pollo y cosas diferentes, y nosotros sí mantenemos ahí la tradición cubana del cerdo, para sentir un poquito de nuestra tierra”, explica con nostalgia.
Un mundo de libertades
En su testimonio, Samuel destacó la diferencia entre su vida en Cuba y su situación actual: “En Cuba me sentía preso, me sentía que no tenía sentido la vida, y desde que salí he encontrado un sentido, me siento persona, puedo ser una persona normal, con un estilo de vida normal, como una persona merece”.
Considera que la libertad experimentada en El Salvador es la razón por la que no planea regresar a la isla, donde afirma que “no tenemos prácticamente derecho de nada”.
¿Volver a Cuba? Samuel responde de inmediato que no. Tiene familiares viviendo en al menos cinco países distintos, ya nada queda de los Mir en la Isla y asegura que aunque ama el lugar donde nació, le quitó demasiado y no quiere esas carencias para sus pequeños hijos.

Según Samuel, la situación en Cuba continúa deteriorándose: “A veces pasan hasta cinco o seis días sin electricidad, no hay alimentos, o sea, no hay nada, ya no tienen por dónde escapar”. Mir atribuye la salida masiva de cubanos a un colapso estructural: “Ya colapsó todo”, y aunque mantiene la esperanza de un cambio político en el país, no contempla su regreso a corto plazo.
Sobre su integración en El Salvador, Mir señaló que no ha sufrido discriminación grave y, por el contrario, destaca el acogimiento en el país: “Más bien he tenido más aceptación y más buenos comentarios que los que dicen cosas malas”. Invita a la población nacional a abrirse a la diversidad: “Yo diría que sí, que se abrieran más a recibir al extranjero”. La convivencia entre comunidades, indica, enriquece tanto a quienes llegan como a quienes reciben.
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