
En El Salvador, las proyecciones económicas para 2026 anticipan un crecimiento que podría beneficiar al sector de la micro y pequeña empresa (MYPE), siempre que se atiendan los retos estructurales que limitan su desarrollo y distribución de beneficios dentro de la economía nacional. De acuerdo con el Informe 2025: La Otra Cara de la Economía (reporte independiente sobre tendencias económicas), más allá de la expansión prevista, persisten obstáculos como la informalidad, la brecha digital y la sobrecarga de trabajo no remunerado, que amenazan con perpetuar un escenario de crecimiento desigual.
Las micro y pequeñas empresas contribuyen con hasta el 45 % del PIB y mantienen al 70 % de la fuerza laboral salvadoreña. Sin embargo, un análisis reciente del Observatorio MYPE (institución de análisis sectorial) advierte que el 68 % de este sector permanece en un esquema de subsistencia, inmerso en la llamada trampa de la usura. Estos empresarios, pese a su resiliencia, se ven forzados a recurrir a financiamiento informal con tasas que pueden superar 20 veces los límites legales. El impacto de esta dinámica se amplificará si, como proyecta el informe, la demanda de crédito en el segmento de subsistencia crece un 12 % en 2026 sin una mejora en las condiciones de acceso al crédito.
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Por contraste, el segmento formal y en expansión de las micro y pequeñas empresas, que representa un 3,6 % del total pero aporta un 8,2 % del PIB, cuenta con mejores posibilidades para incorporar tecnología y diversificar su oferta. Para estos empresarios, un crecimiento económico nacional del 4 % podría abrir espacios tangibles para un salto competitivo. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el crecimiento del país podría acercarse al 2,7 %, ampliándose hasta el 3,5 % si las inversiones clave se materializan. En tanto, el Banco Central de Reserva (BCR) sostiene una postura más optimista, con estimaciones de entre el 3,5 % y el 4 %. Este diferencial no solo implica una brecha estadística, sino que representa la posibilidad de pasar de una simple estabilización de la demanda interna a una expansión del mercado.
El informe subraya que la demanda de crédito en el sector MYPE suele incrementarse entre dos y tres veces el ritmo de crecimiento del PIB. En los segmentos más pequeños y vulnerables, esta dependencia de capital de trabajo inmediato intensifica aún más los efectos de las diferencias entre los escenarios nacionales proyectados.
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Obstáculos estructurales: la economía del cuidado y la digitalización superficial afectan la productividad y competitividad

A la informalidad se suman dos factores clave que condicionarán a las micro y pequeñas empresas en 2026: la economía del cuidado y la digitalización superficial. La economía del cuidado se traduce en una carga promedio de 4,1 horas diarias de trabajo doméstico no remunerado, restando tiempo productivo a la gestión empresarial. En el caso de las mujeres, que encabezan la mayoría de las micro y pequeñas empresas, ese promedio asciende a 5 horas diarias. El informe sostiene que ningún ajuste fiscal puede compensar esta pérdida de horas productivas si no se implementan servicios de cuidado adecuados o de calidad.
Por otro lado, aunque el 82,9 % de las empresas del sector utiliza WhatsApp para ventas, casi la mitad continúa gestionando sus operaciones de forma manual. La presencia en redes sociales, indica el informe, no equivale a una transformación real de las actividades empresariales. La adopción de sistemas de gestión de inventario, pagos digitales y herramientas de planeación financiera representa el siguiente paso para que el uso tecnológico se traduzca en eficiencia y competitividad.
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Un nuevo paradigma: fortalecer ingresos antes que expandir el crédito
Para trasladar el crecimiento macroeconómico a mejoras reales en las micro y pequeñas empresas, el informe recomienda un giro estratégico en las políticas de apoyo: priorizar el fortalecimiento de la competitividad y productividad antes de aprovechar el crédito como multiplicador. La experiencia nacional e internacional apunta, como destaca el informe, que la política de apoyo al sector debe pasar de primero el crédito a primero los ingresos; es decir, mejorar las condiciones operativas y luego potenciar el efecto transformador del financiamiento.
Las necesidades de financiamiento también requieren revisión. Según el informe, las micro y pequeñas empresas de subsistencia no se benefician de una expansión del crédito convencional. En cambio, necesitan instrumentos adaptados a la irregularidad de sus ingresos y esquemas de pago flexibles que consideren la estacionalidad de sus ventas. Capturar la demanda que hoy escapa hacia la informalidad solo será viable mediante reformas a los instrumentos financieros y políticas de inclusión específicas.
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Inversión social: sistemas de cuidado y transformación digital para el desarrollo sectorial
El informe destaca que una apuesta nacional por sistemas de cuidado comunitario permitiría recuperar de 3 a 5 horas de gestión empresarial diaria para cientos de miles de mujeres. La rentabilidad social de este tipo de inversión supera la de cualquier programa de crédito tradicional. Por otro lado, la transformación digital integral —no solo comercial— se perfila como otro eje clave para el desarrollo del sector. Para profesionalizar a las micro y pequeñas empresas, es indispensable migrar de la simple presencia comercial en redes sociales a la utilización de herramientas que optimicen la gestión y los servicios financieros.
El desafío, según el informe, es compartido por todo el ecosistema de apoyo: banca, cooperativas, organizaciones no gubernamentales y entidades públicas. El año 2026 ofrece una ventana de oportunidad para construir enlaces entre la economía digital y la realidad cotidiana de las micro y pequeñas empresas.
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El Observatorio MYPE continuará documentando la evolución de este sector, partiendo de la premisa de que asegurar la llegada de los beneficios del crecimiento económico proyectado para 2026 a los micro y pequeños empresarios es una condición indispensable para alcanzar un desarrollo inclusivo en El Salvador.
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