
La simulación clínica dejó hace tiempo de ser una práctica reservada a unos pocos centros universitarios, pero su expansión plantea ahora un problema distinto: cómo incorporarla de manera sistemática a carreras con miles de estudiantes, sin perder la calidad de las experiencias de aprendizaje. Esa discusión estuvo en el centro de la jornada organizada por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), que reunió en Buenos Aires a autoridades universitarias, decanos de Medicina, directoras de escuelas de Enfermería y responsables de centros de simulación de todo el país.
Gabriel Muntaabski, secretario ejecutivo de la Red Nacional de Simulación Clínica (CIN-ReNaSiC), forma parte del equipo que impulsa ese proceso. Durante el encuentro se firmaron las Actas Compromiso para implementar MESAS —Modelo de Entrenamiento con Simulación para el Aprendizaje Significativo— en diecinueve universidades públicas nacionales y treinta y siete carreras de grado, un universo potencial que supera los 129.000 estudiantes. La iniciativa se acompaña con más de veinte cursos de simulación clínica y doce diplomaturas destinadas a fortalecer las capacidades de las universidades.
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En diálogo con Ticmas, Muntaabski analiza qué puede aportar la simulación a la formación de los profesionales de la salud, especialmente en Medicina y Enfermería, explica la lógica de MESAS y se detiene en dos aspectos que atraviesan el modelo: el aprendizaje entre pares y la posibilidad de que los estudiantes practiquen, reflexionen y se equivoquen antes de enfrentarse por primera vez a una situación real con un paciente.

—La jornada reunió a Medicina y Enfermería. ¿Qué puede aportar la simulación a una formación más integrada entre las distintas profesiones de la salud?
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—Yo creo que la simulación en salud tiene una enorme ventaja. Nos permite aprender juntos antes de tener que trabajar juntos frente a un paciente, porque habitualmente formamos médicos por un lado, enfermeros por otro y después pretendemos que en un hospital funcionen perfectamente como un equipo. Y ahí hay una contradicción. En una simulación podemos poner a estudiantes de distintas profesiones frente a una misma situación. Tienen que comunicarse, razonar juntos, tomar decisiones y, algo muy importante: empezar a entender qué sabe y qué puede aportar el otro. Entonces yo diría que no estamos enseñando solamente a resolver un problema clínico. Estamos empezando a construir desde la universidad una cultura de trabajo en equipo, de cuidado mutuo y por sobre todo, de seguridad del paciente.
—¿Qué tan importante es el aprendizaje por medio de simulaciones en enfermería?
—Es fundamental porque en el centro de la profesión está el cuidado y cuidar es mucho más que hacer correctamente una técnica. Una enfermera tiene que observar al paciente, tiene que reconocer cambios, interpretar lo que está pasando, tomar decisiones, hacer procedimientos, comunicarse con su equipo, anticiparse a los riesgos. Entonces, si tenemos la posibilidad de que un estudiante aprenda y practique un procedimiento mediante simulación, no hay razón para que tenga que hacerlo por primera vez sobre una persona. En una simulación puede equivocarse, reflexionar sobre lo que ocurrió, volver a intentarlo sin producir daño. Y eso genera confianza, autoestima y desarrolla un personal de enfermería altamente competente.
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—¿Qué aspectos del modelo MESAS le parecen más valiosos?
—MESAS nació de un problema bastante concreto. Por distintas razones todavía no podemos lograr que todos nuestros estudiantes puedan practicar suficientemente mediante simulación efectiva y de alta calidad. Pero mientras desarrollábamos el modelo, nos dimos cuenta de algo interesante: no solamente podíamos aumentar las oportunidades de práctica, también podíamos integrar distintas formas de aprender, aumentando así la calidad del resultado en el estudiante. En MESAS, el estudiante aprende cuando hace, pero también cuando observa un compañero, cuando analiza lo ocurrido, cuando da feedback, cuando reflexiona con los demás. Por eso en MESAS los estudiantes van cambiando de roles. La idea es que nadie esté haciendo fila esperando su turno para hacer una práctica y después de cada experiencia hay un momento de detenerse y reflexionar qué hicimos, por qué lo hicimos, qué salió bien y qué podríamos hacer diferente la próxima vez. Además, estamos formando estudiantes avanzados para que puedan actuar como facilitadores dentro de un modelo estructurado y con supervisión docente. Eso creemos que va a transformar profundamente el alcance y la calidad de la formación. En definitiva, MESAS intenta que cada momento de la actividad se convierta en una oportunidad de aprender.
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—¿Cómo es el aprendizaje con pares, cuando un estudiante observa a sus compañeros, analiza la resolución de una situación y da un feedback?
—Durante mucho tiempo pensamos que para aprender una habilidad había que mostrarla y repetirla muchas veces. Ahora sabemos que, si bien practicar sigue siendo indispensable, también aprendemos muchísimo observando. Ahora bien, observar no significa simplemente mirar. Cuando un estudiante observa un compañero con una guía estructurada, tiene que pensar qué está pasando, reconocer aciertos y riesgos, tratar de entender por qué tomó una determinación y después transformar todo eso en una retroalimentación que realmente ayude al otro. Y ahí pasa algo muy interesante. Cuando tengo que explicarle a un compañero lo que hizo bien, qué podría mejorar y por qué también estoy revisando lo que sé. Entonces estoy aprendiendo yo también. Además, aprender a dar y recibir feedback de una forma respetuosa es una competencia profesional. Necesitamos equipos de salud que puedan hablar de los errores, de las dudas y de los riesgos. Sin miedo. Eso es seguridad psicológica. Entonces, aprender entre pares no significa reemplazar al docente, significa reconocer algo muy poderoso. Los estudiantes aprenden mejor compartiendo entre ellos.
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—Cuando un estudiante enfrenta por primera vez una situación real con un paciente, ¿en qué se nota que tuvo una buena formación mediante simulación?
—Se nota primero en que esa situación no es completamente nueva para él. Puede ser la primera vez que está frente a ese paciente, pero no es la primera vez que tuvo que reconocer ese problema. Interpretar información, tomar decisiones, comunicarse con el equipo o pedir ayuda. Lla simulación tiene una cosa muy importante: después de hacer cosas, podemos detenernos y pensar sobre lo que pasó, por qué tomé esta decisión que podría haber hecho diferente. La reflexión transforma cada experiencia en aprendizaje. Porque la realidad tiene mucha incertidumbre. Los pacientes no siempre evolucionan como esperamos y no siempre tenemos toda la información que quisiéramos. Por eso, una buena formación mediante simulación no se nota solamente en una técnica bien hecha. Se nota en cómo el profesional observa, razona, reconoce sus límites y cómo responde frente a algo inesperado. Nosotros no buscamos formar profesionales que nunca se equivoquen. Buscamos profesionales que sepan reconocer riesgos, aprender de los errores y tomar decisiones más seguras. Y en una frase se resume bien todo esto: la primera vez debe ocurrir en simulación. No necesariamente tiene que ocurrir en un paciente, porque la simulación es el único lugar donde el error no genera daño. Intentamos generar en todas las universidades de nuestro país que enseñen ciencias de la salud la simulación clínica como estrategia pedagógica para tener todos estos logros.
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