“América Latina tiene una ventana de oportunidad inédita para mejorar la alfabetización”

Para David Saad, director del Instituto Natura, el tema ganó prioridad política a nivel regional y este escenario podría permitir un salto de aprendizaje en el corto plazo. El desafío, afirma, es sostener estas políticas en el tiempo y evitar que la alfabetización sea reemplazada por otra prioridad

David Saad
David Saad, presidente del Instituto Natura para América Latina, sostiene que la región atraviesa una “ventana de oportunidad” para avanzar en alfabetización.
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Más allá del signo político de los gobiernos, en América Latina se está tejiendo una red que busca saldar una de las deudas más básicas de la educación en la región: que todos los chicos aprendan a leer y escribir a la edad esperada. Gobiernos nacionales y subnacionales, junto con organizaciones de la sociedad civil, vienen articulando esfuerzos para fortalecer la alfabetización. En algunos países, como Brasil, esa trama ya empieza a mostrar resultados; en otros, como Argentina, la agenda ganó un lugar central entre las prioridades educativas en los últimos años. Para David Saad, presidente del Instituto Natura para América Latina, esa convergencia representa una “ventana de oportunidad” que la región no debería dejar pasar.

Tanto el gobierno de Javier Milei en Argentina como el de Lula da Silva en Brasil han definido la alfabetización como la prioridad de su política educativa, si bien con diferencias sustanciales en el diseño, la implementación y el financiamiento. No son los únicos países donde el aprendizaje de la lectura y la escritura ganó visibilidad en los últimos años: en Chile todos los candidatos de la última elección –incluyendo el actual presidente, José Antonio Kast– se comprometieron a priorizar el tema, mientras que crecen los movimientos de la sociedad civil en Colombia, Perú y México en torno al desafío de la alfabetización.

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Aprender a leer y escribir todavía está lejos de ser una realidad para todos los chicos latinoamericanos. En Argentina, la prueba Aprender Alfabetización, que evaluó en 2024 a los alumnos de tercer grado, encontró que solo el 45% alcanza el nivel esperado de lectura –si bien no hay un consenso claro con respecto a cuál es ese umbral–. Las evaluaciones nacionales e indicadores de otros países –como SIMCE en Chile, pruebas SABER en Colombia, ENLA en Perú, ICA en Brasil– muestran cifras dispares, pero en todos los casos se reitera un diagnóstico que ratifican las pruebas regionales ERCE: los avances en inclusión escolar no han garantizado los aprendizajes básicos para todos.

Pese a esos resultados, David Saad sostiene que hay motivos para el optimismo y asegura que la región atraviesa una “ventana de oportunidad” para producir mejoras significativas en alfabetización en el corto plazo. No porque el problema esté cerca de resolverse, sino porque en los últimos años, en distintos países, empezaron a converger condiciones que antes aparecían de manera más dispersa: mayor prioridad política, mejores sistemas de evaluación, experiencias que muestran resultados concretos y una movilización creciente de organizaciones de la sociedad civil.

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“Ya hay muchas cosas pasando. Si logramos garantizar que esto sea sostenible durante cinco o diez años, con una buena estrategia y una buena implementación, podemos avanzar”, afirma Saad en diálogo con Infobae. Él dirige desde 2015 el Instituto Natura para América Latina, una organización sin fines de lucro creada en Brasil en 2010 y que actualmente también trabaja en Argentina, Chile, México, Colombia y Perú. Ingeniero de Producción por la Universidad de São Paulo (USP), con un MBA en Gestión Ejecutiva, antes fue director de la Fundación Victor Civita y coordinó, en el sector público, el programa Fábricas de Cultura del Estado de São Paulo.

Para entender cómo se gestó y se articuló la movilización regional en torno a la alfabetización, el rol del Instituto Natura resulta clave. La organización, con sede central en Brasil, destina alrededor de 100 millones de reales por año –unos 20 millones de dólares– a su trabajo en América Latina. Su estrategia no consiste en desarrollar un programa propio para “llevar” a las escuelas, sino en acompañar a los gobiernos –sobre todo, subnacionales: 11 provincias en Argentina, los 26 estados en Brasil– en el diseño y la implementación de políticas públicas. A nivel regional, la red de articulaciones alcanza a más de 300 organizaciones y, según los datos presentados por el instituto, impacta en 4,9 millones de chicos en América Latina.

La apuesta por la alfabetización parte de esta premisa: lo que ocurre en los primeros años escolares condiciona todo lo que viene después. Los chicos que no aprenden a leer y escribir a tiempo tienen mayores probabilidades de acumular dificultades durante su trayectoria, incluso de no terminar la secundaria o de finalizarla sin los aprendizajes esperados. A diferencia de otros problemas educativos, Saad sostiene que en alfabetización es posible empezar a observar resultados en plazos “cortos”.

Fluidez lectora en CABA
La alfabetización se consolidó en los últimos años como una prioridad educativa en varios países de América Latina.

Usted plantea que en alfabetización pueden conseguirse mejoras relativamente rápidas. ¿Por qué?

–Rápido en términos de educación. En los últimos dos o tres años vimos muchos estados de Brasil pasar, por ejemplo, de alrededor del 50% de chicos alfabetizados al 70%. Brasil en su conjunto mejoró alrededor de 10 puntos porcentuales en pocos años. Hay estados, como Piauí, que avanzaron muy rápido.

Una explicación es que trabajamos con chicos que todavía no traen tantos problemas acumulados en su trayectoria como sucede al final de la secundaria. En alfabetización también hay discusiones, claro, pero sabemos bastante más sobre qué hacer y cómo medirlo. En secundaria todavía hay muchas discusiones sobre cómo enfrentar los problemas.

Además, en alfabetización tenemos un maestro; en la secundaria tenemos muchos. Hay algunas características que hacen que, pese a su complejidad, sea más sencillo que otros desafíos educativos.

David Saad
Para mejorar los resultados, Saad plantea una mirada sistémica que combine currículo, materiales, formación docente y evaluación.

En Brasil, el foco en la mejora de la alfabetización se consolidó a partir de la sistematización de la experiencia del estado de Ceará, que fue replicada en otros estados y luego “escalada” a nivel nacional. Según el Indicador de Niños Alfabetizados (ICA), el porcentaje de estudiantes brasileños alfabetizados a la edad adecuada –7 años– pasó del 56% en 2023 al 59,2% en 2024 y al 66% en 2025. El último resultado superó la meta prevista para ese año y marcó el tercer avance consecutivo. El objetivo nacional es alcanzar el 80% en 2030.

Detrás de ese crecimiento hay, según Saad, varios elementos que funcionan de manera simultánea: una política nacional que impulsa las acciones estaduales y municipales, un indicador compartido que define qué significa estar alfabetizado, evaluaciones periódicas y metas explícitas para los distintos niveles de gobierno.

A partir del “milagro” de Sobral (el municipio de Ceará donde se inició el proceso de mejora), la alfabetización ganó espacio en la discusión pública y empezó a atravesar gobiernos de distinto signo ideológico. La estrategia nacional tomó impulso durante la presidencia de Lula, pero se articula con estados conducidos por fuerzas políticas diversas.

En Argentina, el gobierno de Milei también colocó la alfabetización entre las prioridades de su política educativa y acordó con las 24 jurisdicciones un Compromiso Federal por la Alfabetización en mayo de 2024, tras una campaña nacional liderada en 2023 por Argentinos por la Educación junto con otras instituciones. Para diseñar e implementar sus planes de alfabetización, 11 provincias establecieron alianzas con el Instituto Natura y Fundación Pérez Companc, además de aliados locales y socios técnicos como el CIIPME-Conicet y las propuestas Dale! y Queremos Aprender.

Compromiso por la Alfabetización
Como candidato, Javier Milei firmó en 2023 el Compromiso por la Alfabetización, una iniciativa impulsada por Argentinos por la Educación junto con otras organizaciones de la sociedad civil.

¿Cómo se construye la articulación con las provincias? ¿Influye el signo político de los gobiernos?

–No hay color partidario. En todos los países trabajamos con quienes quieren hacer las cosas que creemos que hay que hacer. En Brasil trabajamos con gobernadores de izquierda y de derecha, y eso no nos importa. Lo que importa es avanzar en alfabetización.

Nuestra mirada es que la educación de un país se transforma desde el sector público, con políticas públicas robustas, consistentes y sostenibles en el tiempo. Por eso dejamos de pensar en hacer proyectos puntuales y pasamos a apoyar a los gobiernos para que desarrollen sus propias capacidades.

Si una provincia quiere avanzar en alfabetización y compartimos una mirada sobre qué hace falta, podemos acompañarla en la construcción de la política y en su implementación. Pero no hacemos las cosas en lugar de la provincia. Si hay que formar docentes y faltan formadores, podemos formar a los formadores. La idea es que luego esa capacidad quede instalada en el sistema.

Compromiso Nacional Crianca Alfabetizada
Brasil mostró en los últimos años mejoras sostenidas en la proporción de chicos alfabetizados a la edad esperada. (Foto: MEC Brasil)

El enfoque se diferencia de una modalidad más tradicional de intervención del tercer sector, en la que una organización llega a una jurisdicción con un programa, una metodología o materiales propios y los implementa directamente. Saad subraya que, para el Instituto Natura, el objetivo no es sustituir la acción del Estado sino fortalecer las capacidades estatales.

Con frecuencia la discusión sobre cómo alfabetizar se concentra en los métodos. En Argentina, como en otros países, esa histórica “querella” entre abordajes estructurados y “globales” todavía tiene un lugar importante en la discusión pedagógica –y política–. Saad cuestiona que la elección de un método pueda explicar, por sí sola, una mejora de los resultados.

Carlos Torrendell en el Consejo Federal de Educación
El Consejo Federal de Educación anunció en mayo de 2024 el Compromiso Federal por la Alfabetización: las provincias y la Nación diseñaron planes para mejorar el aprendizaje de la lectura.

–¿El método de alfabetización es el factor decisivo?

–No comparto la idea de que el método sea lo único que hace mejorar la alfabetización, ni que un método no valga nada y otro lo resuelva todo.

Hay otros factores muy importantes. ¿De qué sirve tener un método si el maestro no va a la escuela? ¿De qué sirve tener un método si no hay materiales? ¿De qué sirve tener un método si no sabemos si los estudiantes están aprendiendo?

Nuestra lección fue no empezar la discusión por el método. En Brasil veíamos escuelas donde había una defensa muy fuerte de determinado método, pero cuando mirábamos lo que realmente sucedía en las clases, muchas veces no había un método claramente aplicado.

Después empezamos a medir. Y ahí la idea es: utilice el método que quiera, pero los resultados tienen que aparecer. En la práctica fuimos viendo que muchas experiencias terminan tomando elementos de distintos enfoques para garantizar los aprendizajes.

Primer plano de dos niños leyendo libros de texto en un pupitre de clase, con otros estudiantes de fondo en un aula escolar
Más de 300 organizaciones de la sociedad civil participan de distintas alianzas vinculadas con la alfabetización en América Latina. (AGdeN)

Desde la perspectiva de Saad, para mejorar la alfabetización son necesarias una serie de condiciones que deben actuar en conjunto: un currículo que defina con claridad qué tienen que aprender los chicos, materiales coherentes con esos objetivos, docentes formados, evaluaciones diagnósticas dentro de las aulas y evaluaciones a mayor escala que permitan monitorear la política.

También menciona factores externos a la escuela: la capacidad de gestión de los ministerios, el compromiso político con la agenda, la publicación de los resultados y el involucramiento de docentes y directivos. “El método es solo uno de los factores”, sintetizó.

Medir resultados –de una manera que permita comunicarlos con claridad a la sociedad– es esencial, afirma Saad. Y señala que contar con indicadores comprensibles permite que la alfabetización salga de una discusión especializada y se convierta también en una cuestión pública. En la experiencia brasileña, el lanzamiento del ICA fue clave para saber qué porcentaje de chicos alcanza la alfabetización esperada a los 7 años y establecer metas para estados, municipios y para el país en su conjunto.

Saad reivindica el rol de la sociedad civil, aunque reconoce que la participación de organizaciones privadas en políticas públicas puede despertar resistencias. A su juicio, parte de esa desconfianza responde a experiencias en las que el sector privado intentó reemplazar funciones que corresponden al Estado o imponer programas propios para hacer negocios.

Libros para Aprender
Uno de los desafíos es sostener la prioridad de la alfabetización durante varios años para que las políticas logren consolidarse, advierte Saad.

–En Argentina todavía existe cierto recelo frente a la participación del sector privado o de organizaciones de la sociedad civil en la educación pública. ¿Cómo entienden ustedes esa articulación?

–Creo que hay buenas razones históricas para que exista esa desconfianza. Hubo organizaciones del tercer sector que querían entrar en una provincia y hacer el rol del sector público. Si yo llego y digo “tengo mi metodología y quiero formar a tus maestros”, es razonable preguntarse si ese es el mejor camino. También existe un sector privado que quiere vender cosas y personas que defienden la privatización de las escuelas.

Nuestra mirada es otra: no queremos hacer el rol del Estado, queremos apoyarlo. Si tenés una política, quiero apoyar tu política. No es un trabajo de imposición ni de sustitución, sino de construcción conjunta. Sabemos que nosotros no somos los protagonistas; el protagonista es el sector público.

Con el tiempo, cuando aparecen resultados, esas desconfianzas también pueden cambiar. En Brasil vimos estados que al principio no querían recibir apoyo y después empezaron a interesarse porque veían lo que estaba ocurriendo en otros lugares.

Niños de tercer grado sentados en sus escritorios leyendo libros en una aula escolar iluminada.
La alfabetización es considerada una base decisiva para el resto de la trayectoria escolar y para reducir desigualdades educativas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Saad está convencido de que América Latina atraviesa un momento que puede ser bisagra. Como parte de esa convicción, el Instituto Natura integra una red de organizaciones sociales que están impulsando la prioridad de la alfabetización con una perspectiva regional: Fundación Arcor de Argentina, Centro Lemann de Brasil, Fundación SURA de Colombia, UBS Optimus Foundation y el recientemente creado Instituto de Evidencia Educativa. Cada vez más gobiernos nacionales y subnacionales parecen estar tomando nota de la necesidad urgente de priorizar esta agenda.

La pregunta es cuánto durará ese impulso. “Si dejamos que en tres años la prioridad caiga y empezamos a hablar de otra cosa, perderemos la ventana de oportunidad”, advierte Saad, y explica que las prioridades suelen sucederse unas a otras: durante algunos años fue la jornada extendida; luego, la transformación de la secundaria; más adelante puede ser otro tema. Pero, según argumentan desde el Instituto Natura, cualquier intervención en etapas posteriores de la trayectoria educativa se quedará a medio camino si no se resuelve la deuda pendiente en los aprendizajes inicialesLengua y, en rigor, también Matemática–. La mejora requiere que la alfabetización se mantenga en el centro de la agenda durante varios años.

Esta movilización es la más grande que hemos tenido alrededor de la alfabetización”, afirma Saad. Para sostenerla, es crucial que esos esfuerzos muestren resultados concretos en los aprendizajes de los chicos. En Brasil ya los están viendo; en Argentina, algunas provincias también han difundido resultados favorables, pero será la evaluación Aprender 2026 de tercer grado –que se tomará en noviembre– la que permita tener una mirada nacional y comparable de cómo impactaron las políticas implementadas.

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