Gloria Medellín Sánchez de Fundación Manuelita: “Nosotros le damos la voz a los niños, a las familias y a los docentes”

En diálogo con Ticmas, la gerente de la Fundación Manuelita, explica cómo la organización trabaja en el desarrollo de un modelo integral de aprendizaje y acompañamiento a través del programa “Educar Uno a Uno”

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Fundación Manuelita
Desde 2014, Fundación Manuelita trabaja en Colombia para fortalecer la educación de calidad y crear nuevas oportunidades a través del aprendizaje.

“Que los estudiantes se sientan felices de ir al colegio y desarrollen competencias para la vida” ese manifiesto es una de las banderas del programa “Educar Uno a uno” implementado por la Fundación Manuelita, una asociación sin fines de lucro que desde el año 2014 trabaja en Colombia para fortalecer la educación de calidad y crear nuevas oportunidades a través del aprendizaje.

“Educar Uno a Uno” es su exitoso programa de impacto educativo que permite personalizar y contextualizar, crear comunidad, acompañar y escuchar y hacer del aprender una experiencia honda, integral y en diálogo con la sociedad. El foco se encuentra en trabajar con metodologías flexibles y pertinentes a las necesidades de cada estudiante y hacer de lo humano el centro.

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Con precisos informes de gestión y aliados, Fundación Manuelita trabaja para hacer de la educación una herramienta de crecimiento y una contención para la niñez y los jóvenes que están construyendo su futuro. La Gerente de la organización, Gloria Eugenia Medellín Sánchez conversó con Ticmas sobre la labor que llevan a cabo desde hace más de una década en Colombia.

Fundación Manuelita
La fundación lleva en su nombre en honor a Manuela Ferrer, madre del escritor Jorge Isaacs

— ¿Por qué el nombre de Manuelita para la Fundación? ¿Qué podés contarnos de su historia?

— Manuelita es una organización agroindustrial con 162 años de trayectoria, que inició sus operaciones en el Valle del Cauca; inicialmente en terrenos que correspondían a Manuela Ferrer, madre del escritor Jorge Isaacs. Santiago Eder, quien es el fundador de Manuelita, al llegar a Colombia, procedente de Letonia, compró esas tierras en una subasta.

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El nombre Fundación Manuelita se debe a la estrecha correlación con Manuelita y a que la fundación hace parte de la historia y la marca territorial.

— ¿Qué tres primeras palabras te surgen para explicar el programa “Uno a uno”? ¿Cómo podemos entenderlo para comprender su impacto?

— Transformación de vidas. A partir de la construcción con los colegios públicos, porque no son colegios de la Fundación Manuelita, reconoces al otro, lo valoras, exploras quién es ese otro y finalmente logras un orden. Lo que buscamos en esa construcción es, enamorar a los niños de su proceso de enseñanza y aprendizaje. comprender cómo esos niños pueden engancharse o conectarse con procesos educativos que no sean aburridos y que les permita pensar de manera crítica en situaciones cotidianas. En esa construcción, la voz de los niños, de las familias y de los docentes es escuchada y se toman decisiones que posibilitan dinamizar e innovar en procesos de procesos de aprendizaje activo y en el fortalecimiento de competencias socioemocionales. Para lograr lo anterior, nos damos un año para escuchar esas voces y construir con ellos lo que necesita el contexto.

El programa cuenta con unos lineamientos, pero no son inamovibles, porque si ese territorio no está interesado en alguna de las cosas que tenemos como estándar, pues nos ajustamos a las necesidades, a ese contexto, y a partir de ahí, formamos, acompañamos y evaluamos. El programa “Educar Uno a Uno” se llama así porque es como yo respeto a ese individuo y a partir de esa comprensión, puedo crear otras dinámicas que los conecten. Y lo que ha surgido ahí ha sido bellísimo porque tenemos vidas transformándose.

Fundación Manuelita
Gloria Eugenia Medellín Sánchez, gerente de la Fundación Manuelita

— A partir de tu reflexión me surgen varias preguntas ¿Cuáles fueron los desafíos, los puntos de dolor, o lo que se dieron cuenta que estaba faltando en Colombia?? ¿Cuál fue esa realidad con la que se encontraron o experiencias que vieron en otro lado que quisieron replicar dentro de Colombia?

— Una de esas observaciones es esa parte humana, ese paradigma de no merecerse tener otras posibilidades de vida. Entonces, es un continuo círculo vicioso, no virtuoso, de la pobreza, de la violencia. A través del programa empezamos a reducir brechas de aprendizaje, de calidad educativa y por supuesto brechas socioeconómicas. Casi todos los seres humanos, necesitamos una oportunidad. Y esa oportunidad se llama educación de calidad, un trabajo o un emprendimiento.

Palmira es un territorio donde hay líneas invisibles, que es que tú no pasas de un lugar al otro porque si pasas de esa esquina a otra, pues te disparan. Y esos territorios tienen pandillas. Entonces, ¿qué pasa con los niños de estos colegios públicos? Que esas pandillas que ya tienen estructuras, buscan atraer a más niños y jóvenes para que empiecen a hacer algo que se llama campaneros, que es ser como soplones de los actos delictivos que tienen. Cuando llegamos a esa primera sede educativa, el 3% de los egresados del colegio accedían a la educación superior. En estos momentos estamos en el 80%.

— Ese es un dato increíble. Muchas veces cuando uno trabaja en el ámbito educativo y también en el ámbito, como lo decías vos, espiritual y de acompañamiento, puede parecer que uno está hablando de buenas intenciones. Y ustedes, sin embargo, tienen unas métricas, que dan cuenta de su trabajo y eso me imagino que es muy valioso principalmente a la hora también de poder activar una red, no necesariamente de financiación, pero sí de otro tipo de vínculos que les permiten a ustedes ampliar lo que hacen.

— En Colombia cerca del 40% de los que acceden a la educación superior deserta. En el caso del programa Educar Uno a Uno ha desertado el 2%. Nosotros no les perdemos la vista. La comunicación con los egresados se realiza a través de grupos de Whatsapp, llamadas telefónicas o correos.

Estamos hablando de personas que salieron, que ya hicieron sus carreras, que además tienen sus empleos o sus emprendimientos y pues realmente eso para nosotros se convierte en uno de los indicadores más valiosos. Los egresados van a los colegios y les hablan a los niños, a los otros que vienen en camino. Entonces les dicen: “hermano, si yo pude todos podemos.” Todos podemos, pero para eso se necesita disciplina y también un gran interés de salir adelante.

Fundación Manuelita
“Educar Uno a Uno” es un programa integral permite personalizar y contextualizar el aprendizaje

— Siempre volvemos a esta cuestión colaborativa que ustedes instalan en la forma de entender ese aprendizaje ¿Cómo se trabaja desde la Fundación el momento del corte, el momento de decir hasta acá se realiza el acompañamiento?

— Este tipo de procesos son de largo aliento. Ya vimos la primera promoción cuando esos niños estaban en transición. La toma de decisiones que hicimos fue migrar a otro colegio y empezar a implementar un modelo que no es igual al inicial, sino que tiene una reducción en tecnología. Vamos a evaluar entre estos dos enfoques ,para revisar si es viable escalar a otros colegios con menos inversión tecnológica.

— El programa “Uno a uno” es integral y tiene tres componentes, el pedagógico, el social y el tecnológico. En la práctica, ¿cuál es el que es más difícil de sostener? Y no estoy hablando necesariamente de una cuestión de adquisición de equipos, por ejemplo, como recién mencionabas. ¿Cuál es el punto más difícil de sostener a lo largo del tiempo?

— Si nosotros nos retiramos , el componente más difícil de sostener es el tecnológico, porque eso implica también la reparación, el mantenimiento, la conectividad, la reposición de los equipos. Eso sería económicamente más difícil para que un colegio público lo sostenga. El componente pedagógico puede adoptarse por los docentes, siempre y cuando haya seguimiento por parte de sus directivos. Los profesores saben cómo se trabaja a través de estrategias de aprendizaje activo. Ellos saben diseñar un proyecto de aula, implementarlo, evaluarlo, y hay otras estrategias metodológicas de aprendizaje activo que ya las tienen incorporadas.

Cambiaron el esquema conductista y tradicional. Creo que muchos de los profesores, voy a hablarte de un porcentaje del 70% en el caso del primer colegio, lo tienen muy incorporado, se han apropiado de esas metodologías. El otro componente que se les dificultaría es el social, porque ellos no tienen, por ejemplo, orientadora social, orientadora que atienda este tipo de situaciones tan complejas desde el punto de vista psicosocial.

— ¿Fue difícil lograr esa transformación con los docentes? Hoy hay un debate cotidiano sobre el repensar el rol docente, en especial con la irrupción de la IA en las aulas y fuera de ellas

— Fue muy compleja, había muchos miedos. Te voy a poner un ejemplo de la complejidad, y es que nosotros tuvimos primero que darnos un año de formación en las herramientas tecnológicas, desde prender el equipo hasta todo lo que te puedas imaginar en ofimática básica, estamos hablando del año 2014, cuando todavía no había inteligencia artificial ni muchos de los recursos digitales que tenemos ahora. Luego, el siguiente año, ya fuimos incorporando otras aplicaciones que tuvieran que ver con integración pedagógica de las TIC. Mejor dicho, cada año era como volver a empezar, porque además en estos colegios también hay rotaciones de docentes, porque no todos están en nombramiento, sino que hay un porcentaje en provisionalidad. Más o menos en el quinto año, ya teníamos docentes que formaban a sus compañeros de trabajo a partir de la formación de formadores.

— La educación rural e incluso urbana de alto riesgo es considerada un problema estructural en Colombia ¿Qué es lo que puede hacer una Fundación que el Estado no puede y qué es lo que puede hacer el Estado que una Fundación no podría reemplazar, más allá de una filantropía corporativa?

— Creo que nosotros somos corresponsables y el Estado es responsable.., El sector privado, contribuye o le aporta al Estado, pero el mayor responsable de que esto funcione es el Estado. Cuando se establecen alianzas entre el sector público y el sector privado, se logran transformaciones sostenibles que posibilitan el crecimiento integral de los niños y jóvenes que habitan en territorios de conflicto o de pobreza económica.

Si Colombia comprendiera que el rol más importante de su sociedad es ser docente, tal vez tendríamos una sociedad mucho más cualificada, con valores, con pensamiento crítico. Porque, finalmente, un aula de clase es un reflejo de Colombia.

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