
“He dedicado mi vida a consolidar la transición del mundo hacia la regeneración del planeta y de las relaciones humanas”, así se presenta Daniel Gutiérrez Patiño que posee la calma para reflexionar ante cada pregunta y la energía para tomar decisiones y llevar proyectos de impacto ambiental a la acción. Un joven que recibió diversos reconocimientos internacionales por su labor, como el COP 30 Pulitzer Center en 2025.
Actualmente dirige la comunidad ambientalista llamada Shambala, “donde más de 1,600 personas hacemos todo tipo de actividades y proyectos para tejer una cultura ecocéntrica, de cuidado y de amor por la tierra y todos los humanos.”
González Patiño, quien posee una fuerte impronta didáctica para inspirar su pasión por el planeta y los seres que lo habitan; también sabe la importancia de ser realista y asumir las contradicciones de nuestro paso por la Tierra. Desde Bogotá, en Colombia, Ticmas conversó con él para aprender un poco más sobre cómo educar desde el ecocentrismo.
— Al leer algunas de tus reflexiones planteás que la narrativa ambientalista dominante no es suficientemente transformadora ¿qué significa eso?
— Muy concretamente a lo que me refiero es que normalmente el tema ambiental se entiende más desde la perspectiva de minimizar el impacto ambiental y pensar que tenemos que lograr una sociedad que no tenga impactos ambientales; pues por ejemplo, se piensa en unidades de carbón, o se piensa en qué tanta deforestación hubo, pero realmente mi interpretación es que el problema va mucho más hacia nuestros sistemas de valores. En referencia a qué es lo que consideramos que es valioso en este mundo, si es la acumulación o la suficiencia, si es como estar bien con menos o pues sencillamente creer que debemos acumular más y más, qué es lo que nuestro sistema está soportando. Necesitamos que la narrativa ambiental vire un poquito más hacia estos niveles de conciencia más elevados, si se quiere, donde estemos hablando de críticas mucho más sistémicas, más profundas hacia lo que es nuestro sistema social, económico y productivo.

— Señalás que “te dedicás a cultivar el movimiento ambientalista” y entiendo que elegir el término cultivar no es azaroso; sino que el cultivo implica un trabajo, un esfuerzo y también un tiempo. En Saving the Amazon y ahora también trabajando en Comunidades Ambientales, ¿Cómo es gestionar un proyecto de impacto ambiental a lo largo del tiempo? ¿Cómo es ese inicio? ¿Cómo se piensa?
– Te voy a responder algo que no responde directamente la pregunta, pero creo que atiende a este primer contexto ¿por qué se utiliza la palabra cultivar? Estas luchas, digamos, ambientales son procesos que tal vez no duren años ni décadas sino siglos, porque lo que estamos es ante la necesidad de un cambio, digamos, en nuestras prioridades como humanidad y eso es algo que se puede llegar a demorar mucho. Y en ese sentido, tal vez debamos dejar esa afición de que tengamos que tener un resultado absoluto en este momento; de que vamos a cambiarlo todo.
Cuando uno construye proyectos, más allá de los ambientales, está el punto de intervención de la narrativa. Cuando tú hablas de narrativa hay cosas que son como mucho más difusas, mucho más gaseosas que cuando tú estás hablando de impactos concretos como a cuántos chicos yo estoy educando o cuánto dinero me gané o cuántas unidades de carbono yo reduje por medio de mi actividad. Por ejemplo, algo que yo trabajo mucho desde esta perspectiva de narrativa es ver cómo se pueden construir redes, cómo yo sirvo como tejedor de distintas redes entre organizaciones.
– ¿De qué hablás cuando mencionás la necesidad de pensar en un futuro ecocéntrico?
— Si uno mira la genealogía de la palabra es bastante evidente; y es como antropocéntrico, que se centra en el humano; mientras que ecocéntrico está centrado en todas las formas de vida. Está buena la pregunta porque cuando uno habla mucho desde la narrativa de lo ambiental, las palabras están muy cargadas de acuerdo a lo que cada uno de nosotros podamos llegar a pensar desde la cultura en la que vivimos; inclusive desde cómo ideológicamente nos encontramos. Entonces sí está bueno que estas palabras, muchas veces uno las explore a mayor detalle porque pueden definir, significar cosas ligeramente distintas para todos nosotros.
Cuando yo hablo de lo ecocéntrico, entiendo que la identidad de mi ser o la identidad de un sistema en su completo es posible por el hecho de que existen relaciones entre todo, entre todo en conjunto. No únicamente porque yo soy un ser humano como es de mi propia individualidad, sino como que yo me construyo por medio de mi relaciones con los otros y en ese mismo sentido mi identidad está necesariamente ligada a la identidad de los otros. Entonces como que acá uno ya va hacia nociones más relacionales de lo que es la propia existencia humana; y eso pues ya estás empezando a pensar no sólo en conceptos de decir es que tenemos que cuidar la Tierra, sino que ya toca puntos mucho más ontológicos, como de tu razón de ser que es lo que nosotros buscamos trabajar en muchos de los proyectos que desarrollamos.

– Pero ¿cómo se educa ecocéntricamente? Más allá de que ustedes tienen proyectos que son de acción, esa acción requiere primero de una educación y de un aprendizaje para llevarlos a cabo
— Hay muchas maneras obviamente de responder esto, muchas metodologías, pero algo que nosotros hacemos cuando estamos trabajando es que utilizamos una metáfora y es que uno aprende desde cuatro distintas dimensiones. Lo primero es como lo racional, que es como usualmente entendemos que aprendemos, como la lógica formal, la aristotélica que es la cabeza. Después como que tú también aprendes con el corazón, cómo te hace sentir las emociones en referencia a todo lo que tú vives, entonces por ejemplo, como que siempre hay que intentar que estos temas ambientales te toquen la fibra, entonces que hablen de temas que te emocionen y eso va a hacer que el aprendizaje sea mucho más profundo y que te llegue mucho más. Después con las manos es como aprender también llevándolo a la acción, hacia algo que realmente tenga impacto en el mundo real y no solo se quede en tu cabeza.
Y el que a mí más me gusta es con los pies; con los pies se habla de esta noción de la posicionalidad, que es como también tu propia historia de vida; cómo es que tus situaciones de privilegios o no de privilegios han moldeado la manera en la que tú recibes la informació. Por ejemplo es muy diferente que tú me hagas estas preguntas a mí, que nací en Bogotá, en una ciudad, que si se las haces a alguien en una comunidad indígena que toda su vida tuvo clara esta relación con la naturaleza de una manera muy diferente a la mía. Tuvimos crianzas muy diferentes y entendemos las cosas distinto; de hecho esto que te acabo de decir es una reflexión con la que nosotros siempre empezamos nuestros talleres: recuerda todo lo que estamos viviendo acá, piénsalo como de estas cuatro distintas dimensiones
— Me quedé pensando esto de las manos y los pies y estaba pensando que cuando se habla de proyectos que tienen que ver con sustentabilidad, con cambio climático, con movimiento ambiental, se pone mucho también el foco en términos educativos en la primera infancia, que es un momento de pura exploración, de cierta inocencia y de poder aprender una relación otra con el medio ambiente. ¿Hay algún proyecto en el que hayas trabajado o alguna experiencia educativa con niños que te haya impactado?
— Me hiciste pensar en dos cosas. Uno, que no es directamente relacionado a responder tu pregunta, pero ahora dentro de todo este mundo ambiental que está cogiendo mucha moda, es una metodología de ver cómo uno puede involucrarse más y es como que uno también debe pensarse como el ancestro de las generaciones futuras. ¿Qué es lo que ellos estaban haciendo para lograr que nuestra vida esté bien o mal? Más allá de todas las dificultades, hoy nosotros tenemos una vida increíble con un bienestar increíble, porque hace 200 años un montón de personas estuvieron trabajando para que sea posible y eso hay que honrarlo. Ahora, ya como segunda parte de la pregunta, nosotros sí hemos trabajado mucho con niños. Por ejemplo, hacemos un taller de gestión de residuos a todos los chicos de un colegio, pero lo hacemos diferenciado por grados porque la manera en la que aprenden es diferente.
Los chicos chiquitos, como más o menos hasta los 11 o 12 años, tienen una conexión muy intuitiva y directa con el cuidado de la Tierra y con la claridad de que esto es importante. Después en el momento en el que creo que los acondicionamientos culturales empiezan a ser más relevantes y tú empiezas a tratar de hacer una búsqueda más profunda de identidad y cómo entender que tú perteneces a un grupo y que tú quieres estar en ese grupo y estar viendo todo lo que sucede en la adolescencia, es que esa conexión se pierde. Entonces como que ya de alguna manera no es tan cool ser ambientalista, porque a la gente no le importa tanto eso, entonces los talleres con esos chicos se vuelven mucho más difíciles, porque como que te dejan de poner atención, sobre todo los chicos que tienen de 13 a 14 años y que están en esa edad tan difícil y después ya con chicos más grandes, de 17 o 18 ya es mucho más fácil porque como que ya esas dinámicas se han relajado un poquito.
– ¿Cómo pensar una educación ecocéntrica y la tecnología?
– Es una pregunta bien tensa, bien difícil, pero creo que es también muy multidimensional, no sólo únicamente pensando ahorita como con el mundo de la inteligencia artificial. Dentro del mundo ambiental hay como un concepto que es muy famoso que se llama el efecto de rebote, o la paradoja de Jevons, y es que si tú logras una eficiencia por medio de la tecnología en donde, por ejemplo, ahora tú dejas de pagar combustible que te valía 400 dólares al mes porque tienes un carro eléctrico y como que todo se vuelve menos costoso, y ahora pagas 150 dólares al mes y de esa manera también dejas de emitir ese combustible que tú le pagabas a la gasolinería, pero como te ahorraste 250 dólares, lo que tú haces es que te gastas esos 250 dólares en coger un avión y hacer unas vacaciones a Cartagena, entonces como que ya existe un montón más de emisión. Es como muy paradigmático también lo que va sucediendo ahorita con la tecnología y la inteligencia artificial; si tenemos un objetivo de que esto lo que nos va a permitir es cada vez más eficiencia, lo que vamos a lograr es más crecimiento productivo, que también eso crea otras preguntas sobre crecimiento productivo a favor de quién, como temas de desigualdades y cosas así, pero claramente vamos a tener más impactos ambientales, no sólo desde la perspectiva de cuál es la huella de carbono de Chat GPT, sino cómo es que esto logra eficiencias que después terminan teniendo un impacto mucho mayor en el ambiente. No hay nada más contradictorio que un ambientalista, ¿no? Porque claro, tú igual vives en un sistema donde toda tu vida tiene ciertos impactos y eso es algo también que hay que reconocer.
La respuesta hoy en día es ver cómo se pueden evidenciar y manifestar las tensiones y las paradojas que existen dentro de este sistema y ver cómo se puede que haya más impacto ambiental positivo. Entonces hoy en día tú puedes utilizar un buscador, digamos de inteligencia artificial que siembre árboles, por ejemplo, como el de ahorita hay un buscador que es Ecosia. Uno tiene que estar buscando que haya regulaciones que limiten los impactos ambientales que tienen estas tecnologías y que haya discusiones mucho más profundas sobre cuáles son los límites que tiene actualmente nuestro sistema productivo.
— Tomo una idea de una de tus conferencias para preguntarte ¿Cuál es el mundo que te imaginas?
— Me has hecho preguntas difíciles hoy, Mariana. A ver, yo pensaría un mundo tal vez que ande un poquito más lento. Hace poquito vi un meme que decía “Perdóname por demorar tres días en contestarte”, pero es que mi cerebro está como estimulado para ir a buscar una roca, irme a dormir y pasarla con mis tres amigos, no para toda esta mierda que estamos viviendo hoy en día.
Viviendo, estaba viviendo. Sí, entonces yo diría eso, como creo que un mundo andando un poquito menos rápido, creo que también un mundo menos materialista; donde entendamos que la vida es un ejercicio sagrado y que todas las distintas dimensiones de lo que estamos viviendo, tal vez deberíamos percibirlos de esa manera, como el milagro de estar vivos, sin que eso necesariamente tenga connotaciones religiosas, pero sí, de alguna manera, connotaciones espirituales. Que entendamos este tránsito de la vida, desde una perspectiva más trascendental y que en ese sentido haya rituales y haya momentos que todos estemos compartiendo. Creo que un mundo en donde podamos experimentar nuestra vida más desde una perspectiva de una humanidad colectiva.
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