Gabrica transformó su visión en temáticas de responsabilidad social a partir de un plan estructurado de largo plazo. Esa estrategia se sostiene en cuatro pilares: voluntariado corporativo, atención a poblaciones vulnerables, programas de bienestar animal y proyectos de sostenibilidad. El diseño responde a la convicción de que la responsabilidad social se debe integrar a la vida cotidiana de la empresa y tener un impacto concreto en las comunidades con las que trabaja.
“Decidimos devolver parte de lo que hemos recibido, y eso se tradujo en trabajar con mujeres, niños y organizaciones de bienestar animal”, explicó Viviana Tamayo en diálogo con Ticmas.
PUBLICIDAD
Bajo esa definición se creó Mano a mano por la vida, el programa más representativo de la compañía, que opera en Bogotá, Cali y Tumaco. Allí se acompaña a mujeres cuidadoras y a niños de entre 7 y 17 años con un enfoque integral. “Trabajamos sobre desarrollo personal y afectivo, proyecto de vida y derechos fundamentales, siempre con un equipo de psicólogos, terapeutas y trabajadores sociales.”
La continuidad es una de las claves. No se trata de intervenciones puntuales, sino de procesos que pueden extenderse durante años. “Acompañamos a niños que empezaron con nosotros a los siete años y que hoy están en la adolescencia. Queremos estar con ellos hasta los diecisiete, y luego apoyarlos en empleabilidad o en la posibilidad de acceder a la universidad”, señaló Tamayo. Esa permanencia busca sostener el vínculo y adaptarse a las necesidades que cambian con la edad.
PUBLICIDAD
Gabrica mide el impacto con diferentes herramientas. Además de indicadores básicos —entiéndase: cantidad de niños atendidos, horas de formación, progresos escolares—, han incorporado un estudio de Retorno Social de la Inversión en alianza con la Universidad Externado. “Por cada un peso que invertimos, se generan 1,89 pesos en valor social. Es una forma de mostrar que los resultados son comprobables y que no se trata solo de buenas intenciones.”
Los efectos aparecen en la vida cotidiana de las familias. Muchas madres encontraron en el programa un espacio para reorganizar su tiempo, retomar estudios o iniciar emprendimientos. “Conformamos una cooperativa para que pudieran producir y vender. Surgió de una necesidad real y hoy es parte del acompañamiento”, señaló Tamayo. En paralelo, los niños reciben apoyo escolar y atención en salud mental. En algunos casos, diagnósticos tempranos permitieron abordar problemas de aprendizaje que habían pasado desapercibidos. En otros, los talleres ayudaron a que los chicos reconocieran situaciones de riesgo y supieran cómo pedir ayuda.
PUBLICIDAD
El programa no se interrumpió ni siquiera en la pandemia, cuando el panorama general era bastante incierto. “Está en el ADN de la organización”, dijo Tamayo, y continúo: “Genera orgullo, pertenencia y un sentido de propósito compartido a todos los empleados de la compañía. Fortalece la cultura interna.”
El vínculo con el Estado varía según la ciudad. En Bogotá, Gabrica articula con la Secretaría de Integración Social y con colegios oficiales. En Cali se trabaja con entidades locales y organizaciones de base. En Tumaco, en cambio, la presencia pública es más débil y los programas deben sostenerse casi por completo con recursos privados y la ayuda de aliados. En todos los casos, la intención es complementar la oferta estatal y cubrir necesidades que permanecen sin respuesta.
PUBLICIDAD
Tamayo resume la filosofía del área con una premisa clara: las cifras importan, pero nunca cuentan toda la historia. Cada niño, cada mujer, cada familia que participa en los programas es un caso singular que exige atención cercana. “El reto es acompañar a los niños y a las familias en su desarrollo integral y darles herramientas para el futuro. Los resultados son comprobables, pero lo esencial está en las transformaciones que se ven en las personas.”
En quince años, Gabrica pasó de acciones puntuales a un modelo estable que articula empresa, comunidad y Estado. Los números avalan el camino, y son las historias de vida las que muestran la verdadera medida del impacto.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Gaspar Nah Miss: “No podemos permitir que ningún niño se quede sin estudiar en nuestro país”
El presidente de la Comisión de Educación del Congreso de Campeche habló con Ticmas sobre la situación docente, el calendario escolar y los desafíos de alfabetización en el estado mexicano

Una deuda pedagógica: sólo el 19% de los estudiantes asegura que sus docentes les enseñaron a usar IA para estudiar
Dos estudios recientes en Estados Unidos revelan una brecha que preocupa; mientras los docentes utilizan cada vez más inteligencia artificial para sus tareas, los alumnos reclaman una enseñanza explícita sobre el uso de la herramienta

No importa si usas lapicera o teclado: la clave está en qué haces con tu mente mientras escribes
Durante décadas, el debate educativo sobre la tecnología en el aula giró alrededor del instrumento equivocado. Una nueva investigación destaca que no se trata de ver analizar con qué se escribe sino cómo se procesa lo que se está escribiendo

Gloria Medellín Sánchez de Fundación Manuelita: “Nosotros le damos la voz a los niños, a las familias y a los docentes”
En diálogo con Ticmas, la gerente de la Fundación Manuelita, explica cómo la organización trabaja en el desarrollo de un modelo integral de aprendizaje y acompañamiento a través del programa “Educar Uno a Uno”

Escuelas chicas vs. escuelas grandes: ¿la escala influye en la calidad educativa?
Las secundarias con menos de 100 estudiantes muestran mejores indicadores de clima escolar, mayor capacidad de adaptación a las reformas y vínculos más estrechos con las familias. Pero los especialistas advierten que el tamaño, por sí solo, no garantiza mejores aprendizajes

