
Era uno de los mejores discípulos de Platón, quien lo apodó “La Mente”, y era un apasionado por la curiosidad; Aristóteles nació en el 384 a.C. en Grecia y sus ideas han sido claves en la historia y filosofía occidental. Pero ¿qué podemos retomar hoy de su obra para pensar la educación?
El profesor de Filosofía, en el Royal Holloway College de la Universidad de Londres, John Sellars publicó un reciente breve libro llamado Lecciones de Aristóteles (Taurus, 2024) con el espíritu de recuperar el pensamiento aristotélico para no olvidar que: “Ser humano es querer saber cosas”.
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La curiosidad no mata
Aristóteles pasó veinte años en la Academia de Platón, primero como estudiante y aprendiz para luego transformarse en maestro de su propia escuela y desarrollar ideas e intereses de gran impacto en nuestra forma de entender el mundo.
Si bien la vida “contemplativa”, es decir la búsqueda de conocimiento era “la actividad más elevada que podía contemplar un ser humano”, el filósofo también tenía los pies sobre la tierra y sabía reparar en otras necesidades y vitalidades donde la educación y los hábitos marcaban el desarrollo personal.
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Para el filósofo los pilares de su método de estudio estaban regidos por la observación empírica, la clasificación sistemática —sus grandes trabajos sobre los animales siguen aún hoy maravillando a estudiosos— y la necesidad de sorprenderse a partir de una cualidad que hace al humano en su educación: abrazar la curiosidad.

Ser en potencia, juego y filosofía maker
Aristóteles rompió con la afirmación de otro gran filósofo griego, Parménides de Elea, quien sostenía que todo se trataba de que un “algo es o no es”; pero nuestro curioso griego fue más allá al plantear “la diferencia entre ser en acto y ser en potencia”; una distinción clave para pensar justamente cómo él veía la enseñanza.
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Para “La Mente” enseñar no era tan “vital” como “aprender” y aprender se hacía en movimiento; justamente haciendo. Es decir, educarse era “en acto” y ahí se encontraba la potencia del desarrollo. Incluso el juego también era otro de los grandes motores para estimular la curiosidad innata del humano, en un aprendizaje que debía ser continúo a lo largo de la vida. Ideas que hoy resuenan en todos los debates sobre cómo entender la educación actual.
Lenguaje y pensamiento científico: una caja de herramientas
Para Aristóteles el lenguaje era otra de las características únicas del ser humano y su pasión por el mismo no solo lo llevó a “desmenuzarlo” para entenderlo y clasificarlo sino también a pensar cómo estudiarlo.
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A partir de los silogismos y sus análisis logró crear la lógica que llega hasta nuestros días y sentar las bases del desarrollo del conocimiento científico que hoy lleva a la humanidad a repensarse de forma permanente y buscar nuevos desafíos.
Preguntarse ¿por qué? y ¿cómo lo explico correctamente? llevaron al filósofo al estudio del “logos” a partir de la lógica, la cual —explica Sellars— “no consideraba como una parte de la filosofía propiamente dicha, sino como un instrumento, una herramienta de la que servirse para abordar problemas filosóficos”.
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Eudaimonia
Eudaimonia es una palabra griega que se traduce como “felicidad”, “bienestar”, “prosperidad”, o “vida buena”. Y es para Aristóteles lo que podemos llamar “el bien supremo”, “el fin último de lo que hacemos”.
“¿Existe algo así?”, se pregunta Sellars: “Aristóteles cree que sí: la felicidad. Lo que todos queremos es vivir una vida feliz. Puede que no estemos de acuerdo en cómo debe ser una vida feliz o qué necesitamos para alcanzarla, pero en última instancia todos buscamos lo mismo”.
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El autor de Lecciones sobre Aristóteles agrega: “Evidentemente no todo el mundo puede dedicar su vida a la contemplación. (...) Sería como intentar vivir la vida de un dios, dice Aristóteles. Sin embargo, insiste en que la reflexión filosófica es la más placentera de las actividades virtuosas”, donde “el tiempo libre” es importante que sea dedicado también a la mente.
¿Hay eudaimonia en la educación? Si bien Aristóteles no responde a una pregunta así, al leer su obra y entender sus motivaciones puede creerse que la respuesta es afirmativa. El aprendizaje continuo, el hacer para entender son parte del desarrollo de una felicidad que abraza la ciencia, la poesía y la curiosidad.
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