
Experimentar en primera persona la metamorfosis de Gregorio Samsa, recitar el Martín Fierro como si fuera un trap o visitar la casa de los tres chanchitos en Minecraft mientras Caperucita toca la guitarra con un lobo deconstruido: son algunas de las propuestas que Ticmas ha comenzado a diseñar para acompañar la lectura y la habilidad de la comprensión lectora desde un lugar novedoso y disruptivo.
La literatura es la continuación del metaverso por otros medios: los libros nos invitan a reconocer nuevas realidades, nos desafían con otras vidas, nos enseñan nuevos puntos de vista. “El metaverso era no digital” propone Ticmas con un juego de palabras que propone pensar que el futuro ya estaba inscrito en los clásicos —y que por eso son clásicos— y que la tecnología es un vehículo para entrar en otro universo, pero que no hace falta tener dispositivos complicados y carísimos.
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Kafka soy yo
Una profesora de Literatura les dice a los estudiantes que van a empezar a leer La metamorfosis, de Kafka. Es una situación típica de estudio: los chicos están moderadamente entusiasmados, prestan atención. Pero entonces algo pasa, una cucaracha cruza el pizarrón, hay gritos, el video se interrumpe, es un glitch de la imagen y, de repente, alguien se despierta. Era una pesadilla. O quizás la pesadilla recién comienza. Una voz narra en segunda persona: “Una mañana, tras un sueño intranquilo, vos te despertás convertido en un monstruoso insecto”.
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La intervención del relato fue una idea del escritor Esteban Castromán: “En mi rol de activista cultural, lo que más me interesa es explorar distintos formatos narrativos que cruzan literatura, cine, música, videojuegos, podcast y cómic, para establecer un contacto entre las historias y los jóvenes. Un tipo de relación que genera una relectura de los clásicos con el pulso contemporáneo”, dice.
La propuesta de Ticmas es escuchar el relato con auriculares —como si fuera un podcast— y con los ojos cerrados. Se puede usar un antifaz para hacer una experiencia aún más inmersiva. Son siete minutos en los que uno se deja llevar por el relato fantástico.
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“A través de un formato no tradicional”, dice Silvina Goldfischer, directora de contenidos de Ticmas, “podemos abordar un texto literario y su consecuente interpretación y análisis con variedad de herramientas, desde múltiples perspectivas y explorando distintos lenguajes o códigos”.
Aquí me pongo a trapear
Con 150 años de edad, el Martín Fierro sigue joven. ¿Dónde reside su fuerza? ¿En la potencia de los octosílabos de la gauchesca? ¿En el personaje que, como decía Borges, se le escapó a José Hernández? ¿En la tragedia histórica de un país siempre convulsionado?
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De nuevo con el escritor Esteban Castromán a la cabeza, Ticmas se propuso revisar el poema a través de una relectura que vinculara a la payada con el trap. La primera experiencia se realizó hace unos meses en la Feria del Libro de Buenos Aires y luego se fue replicando en distintos encuentros: estudiantes de distintas escuelas primarias leían estrofas seleccionadas como si fueran Duki o Rusherking. En esas voces apasionadas, el poema se convirtió en un grito fabuloso por la libertad, la amistad y la Justicia.
“Martín Fierro Trap es una payada freestyle colectiva a micrófono abierto y riña de gauchos en clave hip hop para celebrar el siglo y medio de la publicación del poema narrativo, escrito por José Hernández, que introdujo la ‘voz’ de los desclasados en la literatura argentina”, dice Castromán.
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El proyecto de Ticmas continúa con una intervención sobre los clásicos infantiles como un mashup entre “Caperucita y el lobo” y “Los tres chanchitos”. Ahora el lobo es un animal deconstruido que quiere librarse de los prejuicios atávicos y mantener un diálogo abierto y franco con los otros personajes. La idea aquí es no solo trabajar las cuestiones propias de las prácticas del lenguaje, sino profundizar el debate sobre otras cuestiones como la Educación Sexual Integral y la creatividad.
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