
Como parte del programa de acciones que la solución educativa Ticmas (ticmas.com) desarrolla en Uruguay, la semana pasada se realizaron en Montevideo dos jornadas dedicadas a pensar los lazos entre Educación y Futuro: más de veinte personalidades de la educación pública y privada de Uruguay, Argentina y Estados Unidos entraron en contacto para analizar cómo se da la transformación educativa, cuáles son las estrategias para acompañar a los estudiantes en una vida signada por la incertidumbre, de qué manera se puede asegurar la calidad y la igualdad de oportunidades.
Uno de los invitados fue Nicholas Burbules (1958), quien, con una vastísima trayectoria en educación, ha acuñado ciertas ideas que intervienen notablemente en la práctica docente. El filósofo de la educación publicó en 1993 publicó su primer libro, El diálogo en la enseñanza: teoría y práctica (Ed. Amorrortu), y con este ensayo hizo convivir el diálogo socrático, la teoría platónica y la práctica emancipatoria de Paulo Freire. Su gran aporte, sin embargo, llegó con el concepto de aprendizaje ubicuo y la forma en que este modela la enseñanza: si, gracias al uso de dispositivos, hoy podemos aprender en cualquier momento y lugar, eso necesariamente implica un cambio de paradigma educativo.
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A través de una videoconferencia desde Illinois, Estados Unidos, Burbules participó en una entrevista en las jornadas de Ticmas, donde habló del aprendizaje ubicuo, los nuevos canales de comunicación que permiten nuevas formas de diálogo, y el uso de la tecnología en el aula en la era post-covid.

—¿Por qué dice que un maestro debe preguntarse por el “dónde” y el “cuándo” para entender el “cómo” y el “por qué”?
—Esto, por supuesto, tiene que ver con el aprendizaje ubicuo. Con un dispositivo portátil y conectividad wifi puedes aprender en cualquier lugar y en cualquier momento. El punto de partida es el “dónde” y el “cuándo” del aprendizaje: no solo aprendemos en las aulas, en las escuelas y las bibliotecas; podemos aprender en un café, podemos aprender caminando por la calle o en la oficina. Se suele decir que el “aprendizaje informal” es el tipo de aprendizaje que se da por fuera de las instituciones formales de la educación. Hoy, gracias a las nuevas tecnologías, a la portabilidad y la conectividad, el aprendizaje informal está disponible de forma estructurada, en cualquier lugar y en cualquier momento. Y, entonces, el “dónde” y el “cuándo” del aprendizaje ubicuo tienen implicancias en el “cómo”, el “por qué” y el “qué”.
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—¿Podría profundizar la relación de todos estos interrogantes?
—Hablemos del “cómo”: el aprendizaje ubicuo busca respuestas a un problema inmediato: estás aprendiendo just-in-time, estás aprendiendo información importante para ese momento. Por lo tanto, el “por qué” se relaciona directamente con eso. El modelo típico de la enseñanza era “aprende ahora, úsalo más tarde”. Muchas veces, los estudiantes se preguntan para qué tienen que aprender cierto contenido y los profesores les dicen que lo tienen que estudiar porque algún día les será útil. En el aprendizaje situado la motivación es inmediata. Tengo un problema y necesito resolverlo ya. El “por qué” se ajusta a la pertinencia inmediata de lo que estamos aprendiendo. Y, finalmente, eso se relaciona también con el “qué” del aprendizaje. Este modelo aborda habilidades y disposiciones que tienen relevancia práctica.
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—¿Es lo mismo hablar de aprendizaje ubicuo a decir que ya no existe la homogeneidad del aula? Hoy WhatsApp entra en el aula de la misma manera que un alumno puede estudiar en cualquier momento del día.
—John Dewey decía —y esto es algo que dijo hace cien años— que había que derribar las paredes del aula y meter dentro a la familia, el hogar, el lugar de trabajo. En la escuela de Dewey tendríamos un jardín para cultivar alimentos pero también para aprender de agricultura, del clima y el agua, de los productos químicos y los insectos. Si se lo hace de una manera correcta, el desarrollo de un jardín puede incorporar gran parte del plan de estudios, de manera que las diferentes áreas de conocimientos se relacionen profundamente entre sí.
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—Con la irrupción de la tecnología, ¿sigue siendo viable el diálogo como estrategia educativa? ¿Cómo se sostiene el diálogo en la alternancia entre encuentros sincrónicos y asincrónicos?
—Tendemos a pensar al diálogo como un enfoque abierto de la pedagogía. Esa es una de las razones por las que estoy interesado en él. Pero, desde que escribí El diálogo en la enseñanza entendí que no todos los estudiantes lo experimentan de la misma manera. Algunas personas son tímidas, algunas personas se sienten intimidadas, algunas hablan en un segundo idioma. El modelo ordinario del diálogo no es igual de beneficioso para todos los estudiantes. En este sentido, una de las cosas que me gustan del entorno online es que hizo posible la presencia de múltiples canales de comunicación, de manera que los alumnos pueden encontrar la modalidad del diálogo que les resulte más cómoda. Algunos prefieren el texto, otros usan audio pero no video, otros más usan video pero no tanto el texto. La tecnología abrió múltiples canales y uno debe comprender que no es posible implementar una solución única para todos.
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—Una pregunta obligada es cómo afectó la pandemia a la idea de aprender, cómo se consolida la idea del aprendizaje ubicuo.
—La buena noticia es que se comenzaron a usar las nuevas tecnologías. Incluso quienes nunca las habían usado lo vieron como una necesidad. Fue, claro, un uso obligado: con la escuela cerrada, necesitábamos de la tecnología para llegar a los estudiantes en casa. Yo enseño online desde hace veinticinco años —solía viajar a dar charlas y conferencias, y tenía que usar la tecnología para las clases—, pero, por el covid, los docentes que nunca la habían usado se vieron obligados y ahora muchos de ellos dicen: “Ey, esto realmente es divertido”. Los maestros pueden ver las posibilidades que tiene, no como un reemplazo del aula, sino como algo nuevo. Es un ambiente de innovación, un cambio de enfoque en la enseñanza. Yo creo que se van a acelerar los modelos en línea, híbridos y combinados (blended) en todos los niveles.
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—Pero, entonces, ¿por qué la escuela busca regresar a la presencialidad plena? ¿Es por una mirada conservadora de la educación? ¿Es una presión que la sociedad le marca a los políticos?
—Es una buena pregunta y creo que, de alguna manera, la educación es una institución muy conservadora. No quiero decir que sea políticamente conservadora, sino que lo es porque no le gustan los grandes cambios. Si tomaras a un maestro de hace cien años y lo pusieras en un aula típica de hoy, no sabría qué son las computadoras, pero casi todo lo demás le resultaría completamente familiar: el escritorio, la pizarra, el libro de texto, las tareas de los estudiantes en las paredes. Las aulas no cambian mucho o cambian muy lentamente, y por eso no logramos aprovechar tanto a las tecnologías. Creo que deberíamos mantener algunos de los recursos que conocimos por el covid y no tratar de volver exactamente a como eran antes.
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—¿La escuela puede aprender del trabajo y la industria?
—Casi todas las profesiones se dieron cuenta de los beneficios que tiene ser un poco más adaptable al entorno. Por ejemplo, el úlitmo mes en Illinois tuvimos un par de tormentas de nieve muy grandes y hasta hace un par de años eso hubiera significado cancelar las clases. Esta vez, en cambio, las impartimos online. Creo que debemos tener cierta capacidad para integrar los beneficios de muchos enfoques diferentes —incluido el aprendizaje ubicuo—, en un modelo tradicional de enseñanza. Hay que salir de la zona de confort y aprender algunas tecnologías; yo no usaba redes sociales y ahora se han convertido en parte de mi trabajo. Insto a los educadores a no pensar cómo volver a las cosas tal como eran, sino a comprender que podemos incorporar elementos beneficiosos que conocimos durante la era del Covid e integrarlos a los métodos de enseñanza en nuestro salón de clases.
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