
Este miércoles por la tarde el gobierno porteño comenzó a definir el protocolo de regreso a las aulas. Si bien todavía la vuelta a las clases presenciales se avizora lejano, el jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larreta pretende delinear un marco para dar previsibilidad a las familias. Entre las principales pautas que se analizan está la reducción de los cursos a la mitad o incluso menos y también se les tomaría la fiebre a los chicos antes de ingresar.
Funcionarios de los ministerios de Educación y Salud se reunieron con expertos de distintas organizaciones como Unicef, el BID e INECO. Según supo Infobae, se abordó la vuelta a las clases desde dos perspectivas. Por un lado, desde la salud. El protocolo de regreso contemplaría la toma de fiebre a los alumnos, la instalación de artículos para la desinfección, con especial énfasis en la higiene personal y de los establecimientos.
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Desde el punto de vista pedagógico, se planteó establecer una primera etapa de nivelación una vez que se pueda recuperar la presencialidad, como también reducir la matrícula que asista a los establecimientos. “Dependerá del tamaño de cada aula. En este caso se considera oportuno darle a las escuelas cierta autonomía para definir la presencialidad, aunque el marco lo establecerá el ministerio”, dijeron voceros del gobierno porteño.
Un funcionario que participó de la reunión contó a Infobae: “No se habló de fechas, sino más bien de quiénes y cómo volverían a las aulas. La prioridad, en principio, la van a tener los últimos años: séptimo grado de primaria y quinto año de secundaria. A ellos se sumarán después los primeros cursos: primer grado y primer año”.
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En la reunión se barajaron posibles escenarios tomando como referencia los ejemplos de países que ya reabrieron las escuelas como Israel, Francia, Uruguay o Estados Unidos. Uno de los puntos que complica el retorno es la sobrecarga del transporte público. Los funcionarios buscarán alentar el uso de bicicletas o autos particulares para llegar a las escuelas, del mismo modo que distintos horarios para espaciar el ingreso de los alumnos a los establecimientos.
El gobierno porteño analiza aprovechar todos los espacios dentro de las escuelas para propiciar el distanciamiento, como gimnasios o auditorios, pero también piensa en sumar otros lugares públicos: los museos, las bibliotecas y teatros podrían hacer las veces de aulas durante la primera etapa de reanudación del ciclo lectivo.
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Todavía no hay definiciones en torno a si los chicos deberán usar barbijo en clase. En el nivel inicial y los primeros grados resulta una práctica poco viable, dicen. Sí será una práctica habitual el lavado de manos varias veces por día. El distanciamiento dentro de las aulas se cumpliría dejando un banco libre entre alumno y alumno. En tanto, los recreos se desarrollarían en varios turnos.
Según se desprendió del encuentro, en las próximas semanas se habilitarán espacios formales de participación de la comunidad, docentes, alumnos y padres, para que planteen sus inquietudes en torno a la vuelta a las aulas.
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La semana que viene habrá una nueva reunión entre el ejecutivo porteño y los expertos para empezar a afinar la letra chica del protocolo.
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