
La cantidad de ocupados informales subió 11,3% entre el primer trimestre de 2024 e igual periodo de este año, al pasar de 5,35 millones a 5,95 millones de trabajadores en esta condición. En paralelo, el segmento formal continúa en declive. En ese contexto, la tasa de desempleo se mantuvo prácticamente sin cambios y se situó en 7,8%, apenas por encima del 7,7% observado dos años atrás.
Más en detalle, según Equilibra, en base a los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec, la población ocupada llegó a 13,4 millones de personas en los primeros tres meses de 2026, lo que representa un incremento de 358.000 ocupados respecto del mismo período de 2024, equivalente a una suba del 2,7%.
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Sin embargo, este crecimiento estuvo impulsado exclusivamente por el empleo informal, con un avance de 604.000 trabajadores. Por el contrario, el formal se redujo en 246.000 puestos, al descender de 7,7 millones a 7,5 millones (-3,2%).
Por su parte, el número de desocupados creció en 57.000 personas, hasta ubicarse en 1,1 millones, exhibiendo un aumento del 5,2%.
En tanto, el total de asalariados cayó en 145.000 personas, de 9,79 millones a 9,65 millones. Dentro de este grupo, los trabajadores registrados retrocedieron en 306.000, a la vez que los no registrados sumaron 160.000 personas.
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En contraste, los no asalariados incorporaron 503.000 trabajadores y totalizaron 3,8 millones. El principal impulso provino de los cuentapropistas informales, que crecieron en 421.000 personas (+24,1%). Los cuentapropistas formales prácticamente no mostraron variaciones (+1,4%) y la cantidad de patrones subió en 67.000 personas.
Como resultado, la tasa de informalidad pasó de 40,8% en el primer trimestre de 2024 al 44,2% en la actualidad.
“En síntesis, el desempleo se mantuvo estable gracias al incremento de la ocupación, pero el empleo formal -tanto asalariado como cuentapropista- se contrajo”, señaló Equilibra.
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Luis Campos, investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA - Autónoma, dijo: “El mercado laboral ajusta por calidad y no por cantidad. Siguen cayendo los ocupados formales y crecen los informales. La tasa de desocupación se mantiene estable, levemente por debajo del 8%, pero la composición de la estructura ocupacional es cada vez más precaria”.
El último informe de la Secretaría de Trabajo, que analiza los datos de marzo y abril, sostuvo: “La retracción del empleo asalariado se encuadra en un comportamiento sectorial marcadamente heterogéneo, donde las ramas de actividad contractivas concentran una proporción mayor del empleo que aquellas en proceso de expansión”.
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En efecto, los tres sectores vinculados a la producción primaria de la economía fueron los únicos que incrementaron sus plantillas de personal —Minas y canteras, Pesca, y Agricultura, ganadería y silvicultura—. Sin embargo, en conjunto representan apenas el 7% del empleo asalariado registrado.
Los cuatro sectores con retrocesos (Comercio, Transporte, almacenamiento y comunicaciones; Intermediación financiera e Industria) más marcados en marzo pasado explican casi la mitad del empleo asalariado formal del país.
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Un informe del CEPA destacó otro aspecto importante: el efecto amortiguador de la desocupación. “Ante la pérdida de un empleo asalariado formal, la facilidad de acceso a las plataformas digitales permite un ‘rebusque’ inmediato que impide la transición técnica del individuo hacia la categoría de desocupado”.
“El trabajador permanece en el universo de la población ocupada bajo la modalidad de cuenta propia (formal o informal), invisibilizando la situación de desempleo latente y ocultando un proceso profundo de precarización y flexibilización laboral”, agregó el CEPA.
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Cabe mencionar también que según un estudio del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA y el Conicet, el salario mínimo perdió alrededor del 40% de su poder adquisitivo respecto de noviembre de 2023.
El reporte indicó que en diciembre de ese año comenzó un prolongado proceso de deterioro de su valor real, con una caída del 15% impulsada por la aceleración de la inflación. La tendencia se profundizó en enero de 2024, cuando evidenció un nuevo retroceso del 17%.
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El salario mínimo real de mayo de 2026 se ubicó por debajo de los niveles observados en 2001, antes de la crisis que puso fin al régimen de convertibilidad. Además, se encuentra un 66,5% por debajo del máximo alcanzado en septiembre de 2011.
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