
Desde el sábado 28 de febrero, el día en que estalló el conflicto en Medio Oriente, el precio internacional del petróleo empezó a subir y ya no volvió a los niveles previos. Pasó de USD 76 iniciales a USD 87 la semana siguiente y, apenas 15 días después, superó los USD 100 por barril, un valor al que no llegaba desde 2022 y que no estaba en las proyecciones de prácticamente ningún analista. Hoy, a casi un mes del inicio de la guerra, el Brent oscila en torno a los tres dígitos.
La suba fue tan rápida como inesperada. Hasta hace pocas semanas, el mercado proyectaba exactamente lo contrario: un precio internacional del crudo en baja y un rango de entre USD 65 y USD 80 por barril para 2026. Ese cambio no solo impactó en el precio de los combustibles en Argentina, que ya acumula una suba cercana al 12% desde el comienzo del conflicto, sino también en las decisiones de inversión en el sector energético.
La repercusión del conflicto en la Argentina tiene varias aristas. Por un lado, en el corto plazo, los valores actuales mejoran las proyecciones de exportación. Con un barril cerca de USD 100, Argentina puede aprovechar su perfil de exportador neto y mejorar las cuentas externas, con Vaca Muerta como principal impulsor.
De hecho, según estimaciones de la consultora Empiria, si el precio se mantuviera en estos niveles, las exportaciones de petróleo podrían pasar de USD 6.400 millones en 2025 a USD 9.400 millones este año.
Si el precio se mantuviera en estos niveles, las exportaciones de petróleo podrían pasar de USD 6.400 millones en 2025 a USD 9.400 millones este año (Equilibra)
Sin embargo, este escenario tendría un efecto moderado sobre la inversión. Daniel Montamat, ex secretario de Energía, dijo a Infobae que la suba del precio tiene un doble impacto. “La suba del precio incentiva la inversión en Vaca Muerta por dos cuestiones: 1) porque es una actividad que ya es rentable y con precios más altos se vuelve todavía más; y 2) geopolítica y de mediano plazo”, resaltó.
Según el ex funcionario, el nuevo escenario internacional obliga a Europa, principalmente, y al resto de los países importadores de energía a buscar proveedores más estables. “Argentina está alejada de la zona caliente. Aunque el conflicto desescale, el precedente queda. Entonces los países que dependían del petróleo o del gas de Medio Oriente van a tener que buscar otras fuentes. Ahí aparece la oportunidad para consolidar a la Argentina como exportador”, afirmó.
Montamat dijo, además, que hoy el país exporta unos 300.000 barriles diarios, pero el objetivo del sector es acercarse a los 900.000 hacia el final de la década.

Esa visión también aparece entre las principales petroleras que operan en el país. En una reciente entrevista con la agencia Bloomberg TV en Nueva York, Miguel Galuccio, fundador y CEO de Vista Energy, aseguró que “el rally del petróleo puede impulsar la industria shale de Argentina”. Y agregó: “Si este año podemos llegar al millón de barriles, vamos a ingresar al top 20 de productores de petróleo del mundo. Y eso sería transformador para Argentina”.
No obsante, dentro del sector privado hay cautela. Consultado sobre los planes de inversión para este año, Galuccio dijo que “aún es temprano para definir si la compañía va a actualizar su plan de inversiones para 2026, que hoy está proyectado entre USD 1.500 y 1.600 millones”.
También remarcó que el conflicto vuelve a poner en el centro del debate la seguridad energética global. “Lo más importante es cómo recuperamos la seguridad energética. ¿De dónde va a venir el petróleo que el mundo necesita? La Argentina tiene un rol que jugar como un nuevo actor global”, sostuvo.
Si este año podemos llegar al millón de barriles, vamos a ingresar al top 20 de productores de petróleo del mundo. Y eso sería transformador para Argentina (Galuccio)
El economista Pablo Tigani marcó que el impacto del precio alto sobre la inversión no es automático. “En general, las decisiones de inversión no son como las de financiamiento. Primero se toma la decisión de invertir y después se consigue el financiamiento. Pero en este contexto lo que domina es la incertidumbre”, explicó.
Según señaló, el problema no pasa por el precio actual del petróleo, sino por la falta de previsibilidad internacional. Considera que si alguien supiera que estas condiciones se mantendrán en el tiempo, todos querrían invertir, pero que la incertidumbre política internacional y la guerra son las variables determinantes. Agregó que el escenario que se analiza en los principales centros financieros no es de corto plazo y que no se está pensando en una resolución rápida, algo que se escucha en Washington, Chicago y Nueva York.

Horacio Marín, presidente de YPF, destacó en un evento organizado por el medio especializado EconoJournal: “El precio del petróleo hoy es muy difícil de estimar. Había opiniones que adelantaban que iba a bajar. Por eso lo que uno tiene que hacer es preparar a la compañía para ese precio. Nosotros nos preparamos para precios bajos, cosa de no tener que cambiar el programa de inversión”.
En este contexto, Marín descartó acelerar inversiones en Vaca Muerta para aprovechar la suba actual. “Una guerra es un cisne negro para los precios. A nivel personal, creo que esto es transitorio. Adelantar inversiones por un efecto transitorio no tiene sentido y, además, no lo podemos hacer por una cuestión de cuellos de botella”, afirmó. Mencionó que el consenso que hoy circula entre analistas es que el crudo podría estabilizarse cerca de los USD 70 por barril después del segundo semestre. “Después de eso nadie lo sabe”o.
Proyectos en marcha
Mientras tanto, las inversiones siguen avanzando. Vista Energy, por ejemplo, consolidó su liderazgo en Vaca Muerta tras adquirir en abril de 2025 la participación de Petronas en La Amarga Chica. Desde su creación invirtió USD 6.000 millones y prevé desembolsar otros USD 4.500 millones para alcanzar los 180.000 barriles diarios en 2028 y 200.000 hacia 2030.
A esos proyectos se suman otros desarrollos. Pampa Energía, por ejemplo, desarrolla Rincón de Aranda con una inversión prevista de USD 1.500 millones hasta 2027 y proyecta multiplicar por diez su producción hasta 45.000 barriles diarios.
Tecpetrol, del Grupo Techint, produce hoy 25 millones de metros cúbicos diarios de gas en Fortín de Piedra, lo que representa cerca del 20% del consumo invernal argentino, y avanza en nuevos desarrollos petroleros en la cuenca neuquina.
Pan American Energy, por su parte, impulsa nuevos proyectos en Neuquén y acaba de firmar su primer contrato de exportación de GNL a través del consorcio Southern Energy —integrado por PAE, YPF, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar LNG—.

El acuerdo prevé la venta de 2 millones de toneladas anuales de GNL durante ocho años a partir de fines de 2027. Ese volumen cubrirá cerca del 80% de la capacidad operativa del primer buque licuador, el Hilli Episeyo, que operará frente al Golfo San Matías, en Río Negro. Según las proyecciones del sector, el contrato podría generar ingresos superiores a USD 7.000 millones durante su vigencia, dependiendo de la evolución de los precios internacionales.
El próximo salto, el GNL
En el mediano plazo, el gran salto del sector no pasa solo por el petróleo sino por el gas. “El gran desafío viene en el GNL”, sostuvo Daniel Montamat. Según explicó, el conflicto volvió a poner en crisis el abastecimiento energético europeo y eso abre una oportunidad para nuevos proveedores. “Europa está obligada a buscar nuevas fuentes de suministro y Argentina puede convertirse en un proveedor estable en el mediano plazo”, afirmó.
YPF también avanza con su propio proyecto de exportación de GNL, considerado uno de los desarrollos energéticos más grandes de la historia del país, ya que la inversión que conlleva este proyecto es la más grande en la historia de Argentina: solo el proyecto de 12 millones de toneladas por año implica USD 35.000 millones en un período de 4 años.
El conflicto volvió a poner en crisis el abastecimiento energético europeo y eso abre una oportunidad para nuevos proveedores (Montamat)
La iniciativa prevé generar exportaciones por USD 200.000 millones en los próximos 20 años -unos USD 10.000 millones por año- y forma parte del Plan 4x4 con el que la petrolera busca posicionarse como líder regional en producción shale y exportación de hidrocarburos hacia 2031.
Las proyecciones del sector reflejan ese cambio de escala. Para 2030, se estima que las exportaciones energéticas podrían alcanzar los USD 30.000 millones, un monto similar al que hoy genera el agro (alrededor de USD 34.000 millones). El cambio ya empezó a verse en los datos recientes: en 2025 la Argentina cerró con un superávit energético de USD 7.815 millones, el más alto desde que existen registros, y en enero de 2026 el saldo volvió a ser positivo, con USD 618 millones.
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