
En la actualidad, la Argentina produce menos que hace 15 años y volvió a niveles similares a los de principios de los años 2000. Según un estudio del Instituto Argentina Grande (IAG), el sector retrocedió en 2025 hasta registros comparables con los de 2003, luego de más de una década de estancamiento.
Este escenario se da en un nuevo contexto macroeconómico en el que pesan más la competitividad, la eficiencia de costos y la presión de las importaciones, factores que reconfiguran la actividad de las fábricas locales. En ese entorno más competitivo, algunos sectores lograron sostener niveles de actividad, mientras otros continúan en retroceso.
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El informe reconstruye la evolución de la producción industrial desde 1995 hasta la actualidad y permite observar con perspectiva histórica el desempeño del sector. De acuerdo con esa serie, la industria sufrió una fuerte caída durante la crisis de 2001 y tocó un piso en 2002.

Luego inició un ciclo de recuperación que se extendió hasta 2011, período en el que la producción creció de forma sostenida y alcanzó uno de los niveles más altos de la serie, “impulsada por el crecimiento de la economía, un tipo de cambio competitivo y un fuerte dinamismo del mercado interno”.
Desde entonces, la industria dejó de crecer y entró en una etapa de estancamiento. Durante varios años se movió en niveles similares a los alcanzados en el pico de la década anterior, pero desde 2018 comenzó un proceso de retroceso que terminó llevando la producción a niveles cercanos a los de principios de los años 2000.
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El impacto en el empleo y los salarios industriales
El análisis del IAG establece que los salarios reales de los trabajadores industriales acompañaron tradicionalmente el desempeño del sector. Este paralelismo se explica por el peso de la industria en el empleo formal y en los salarios de mejor calidad. No obstante, el instituto subraya que el vínculo comenzó a quebrarse en los últimos cinco meses.
Con la actividad aún debilitada, “los salarios reales permanecen en una fase de estancamiento, acumulando varios meses sin mejoras apreciables en el poder adquisitivo”, analiza el estudio y resalta que, desde 2025 “el vínculo entre salarios y producción no parece tan clara, aunque el estancamiento de los salarios de los últimos meses (5 meses de estancamiento y caída) parecerían indicar que, sin una industria que crece, es difícil sostener salarios al alza”.
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Comparación internacional
La evolución reciente de la industria argentina contrasta con la realidad internacional. En los últimos 15 años, la producción industrial se expandió de manera considerable en Asia. De acuerdo con el informe, China más que triplicó su volumen industrial desde 2010 —un salto de 220%— y se posicionó como el mayor motor manufacturero global. También hubo avances en Estados Unidos, con un crecimiento del 43% impulsado por políticas públicas de reindustrialización, y en economías del Este europeo como Hungría, que se expandió un 15% gracias a la integración en cadenas automotrices. Chile registró un incremento industrial del 9% desde 2010.

Frente a estos casos de expansión, Argentina experimentó una retracción del 12% en el mismo intervalo, mientras que Brasil cayó casi 15%. El informe encuadra estos resultados regionales en un proceso mayor: la industria asiática refuerza su protagonismo y algunas potencias buscan recuperar actividad mediante la relocalización, mientras que América Latina pierde relevancia manufacturera en el plano mundial.
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Actualmente, la industria argentina atraviesa una recuperación dispar entre sus principales rubros. Sectores como alimentos y bebidas mostraron en enero de 2026 una mejora de 7,7% sobre el nivel de noviembre de 2023, mientras que la refinación de petróleo se destaca con un crecimiento interanual de 11,6%. Estos segmentos, con mayor articulación exportadora o demanda interna estable, resistieron mejor la crisis.
En contraste, manufacturas tradicionales como textiles, caucho y plástico, así como productos de metal, se mantienen en una fase de descenso pronunciado: la producción textil opera un 29% por debajo del último máximo, caucho y plástico cayó un 23% y los productos de metal retrocedieron un 13%. Incluso al considerar los modestos rebotes mensuales de enero —7,9% para metales, 6,1% en caucho y plástico y 4,7% en textiles—, el saldo acumulado sigue describiendo una recuperación débil desde niveles históricamente bajos.
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