La eliminación de los derechos de exportación en el sector agroindustrial argentino podría transformar de manera drástica el perfil productivo nacional, con un crecimiento estimado del 90% para la próxima década y la posibilidad de elevar la participación sectorial hasta el 45% del Producto Bruto Interno. Ese salto permitiría al agro consolidarse como el eje central de la generación de divisas y el principal motor estructural de la economía, siempre que se logre avanzar en mejoras de infraestructura y modernización tecnológica, según un informe conjunto del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral y el IAE Business School.
La proyección —basada en el modelo Agmemod e incorporada a un estudio colaborativo con la Bolsa de Comercio de Rosario— sostiene que la producción podría alcanzar las 251 millones de toneladas en diez años. Ese volumen impactaría no solo incrementando el aporte agropecuario al PIB, sino acelerando la generación de divisas y posibilitando, con el impulso de exportaciones, financiar la reconstrucción integral de la red vial nacional en apenas tres años. En la campaña 2025/26, se estima una cosecha fina de 27,7 millones de toneladas (más de USD 4.500 millones) y una gruesa de 154 millones de toneladas, cuyo ingreso rondaría entre USD 32.000 y 37.000 millones.
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Actualmente, el complejo agroindustrial es responsable del 23% del PIB argentino y de cerca del 60% de las exportaciones totales, con los complejos oleaginosos y cerealeros explicando el 45% del ingreso de divisas. Además, el sector representa el 18,7% del empleo nacional, involucrando a 4,2 millones de personas desde la investigación hasta el transporte y la comercialización, según se detalla en el informe presentado por Guillermo D’Andrea, Daniel Mamone y Ernesto Ruete Güemes del IAE Business School, y Bernardo Piazzardi, del Centro de Agronegocios de la Universidad Austral.
Presión fiscal y déficit de competitividad
El informe sostiene que la competitividad argentina está severamente limitada por la presión fiscal impuesta al sector: la carga sobre la renta agrícola fue del 55,5% y llegó a 63,6% en junio de 2025 para cultivos clave como soja, maíz, trigo y girasol. En contraste, los productores de la Unión Europea reciben apoyos equivalentes al 16%, en China al 13%, en Estados Unidos al 7% y en Brasil el respaldo promedia apenas el 0,5% del PIB. Entre 1997 y 2023, Argentina extrajo del agro recursos equivalentes al -1,6% del PIB anual, una dinámica que limita la capacidad de inversión y la adopción tecnológica.
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Mamone, enfatizó: “La presión fiscal actual reduce fuertemente los incentivos a invertir y adoptar tecnología en el agro. Corregir ese esquema impositivo es clave para liberar el potencial productivo del sector”.
La modernización tecnológica no solo resulta indispensable para destrabar el crecimiento, sino que es el primer paso: el 73% de los tractores y el 46% de las cosechadoras tienen más de 15 años de uso, lo que ha derivado en que, en los últimos 20 años, la productividad total de factores en Argentina haya caído un 6%, mientras que en Brasil creció un 45%. A esto se suma una baja adopción efectiva de tecnologías existentes: los productores apenas aprovechan entre el 30% y el 50% del potencial de las herramientas disponibles.
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Infraestructura insuficiente y brecha tecnológica
El 90% del transporte de granos en el país se realiza por camión, sólo el 10% por tren. De los 640.000 kilómetros de la red vial, el 62% corresponde a caminos municipales, en su mayoría sin pavimentar. Apenas el 6% de las rutas son nacionales y hay 3.200 kilómetros de autopistas o autovías. Según el estudio, el mantenimiento adecuado de la red vial requeriría entre USD 3.200 y 6.500 millones al año, menos del 17% del enorme aporte tributario anual del sector, que en 2023 fue de USD 28.686 millones.
El estudio señala, además, que el potencial de inversión está, en buena medida, condicionado por factores macroeconómicos y por la falta de incentivos claros en materia tributaria y de financiamiento. No obstante, el 80% de los productores consultados por la encuesta AgBarometer Austral —el índice de confianza elaborado bimestralmente por el mismo centro académico— se manifestó dispuesto a modernizar su maquinaria y adoptar nuevas tecnologías si las condiciones de rentabilidad y financiamiento mejoran.
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Bajo un esquema de reducción drástica o eliminación de las retenciones, mejora de caminos y accesos portuarios, inversión tecnológica y una expansión de 6,5 millones de hectáreas en la frontera agrícola, la producción agroindustrial podría trepar un 90% en diez años, y así contribuir con el 45% del PIB en términos actuales.
Un aporte crítico para el desarrollo y empleo en Argentina
El rol del sector agroindustrial como generador de riqueza, divisas y empleo se observa en múltiples dimensiones: no sólo representa el 23% del producto interno y el 60% de las exportaciones, sino que sostiene a 4,2 millones de trabajadores en diferentes etapas de la cadena de valor. El informe subraya que el salto de productividad registrado en los últimos treinta años se debió a la biotecnología, la digitalización, la agricultura de precisión y la innovación logística, aunque la infraestructura, el atraso tecnológico y el esquema impositivo continúan ahogando el potencial.
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El escenario optimista requiere una acción concertada entre sector público y privado, centrada en la inversión y la productividad. Las recomendaciones incluyen la construcción de consensos estratégicos de largo plazo que trasciendan los gobiernos, el alivio fiscal en todos los niveles (nacional, provincial y municipal), el desarrollo de instrumentos financieros eficientes y una coordinación amplia para maximizar el impacto de la tecnología ya implementada.
Piazzardi resumió el enfoque estructural: “Reemplazar la lógica extractiva por una estrategia de inversión y productividad permitiría transformar al agro en el eje estructural del crecimiento argentino”.
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La evidencia recopilada describe un potencial sin igual para la economía nacional. Si el Estado y el sector privado logran articular una visión colaborativa y modernizadora, el agro argentino podría sustentar la generación de divisas, la expansión del empleo y la transformación productiva del país, elevando a la Argentina al rango de potencias productoras globales.
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