
El complejo textil y de indumentaria en Argentina atravesó durante 2025 una transformación estructural marcada por un incremento masivo en el ingreso de mercadería extranjera. Según un informe elaborado por Federico Cerutti, de Page Manager, entre enero y diciembre del año pasado se importaron un total de 391.676 toneladas de productos textiles e indumentaria. Esta cifra representa un aumento del 71% en cantidades y del 52% en valores medidos en dólares respecto al ejercicio anterior, totalizando una inversión de USD 1.702 millones.
La brecha entre el crecimiento del volumen físico (71%) y el valor monetario (52%) revela una caída en los precios unitarios de los productos que ingresaron al país. Este fenómeno se traduce en un ingreso masivo de mercadería de menor costo, traccionado fundamentalmente por el canal courier y las plataformas digitales de venta directa. Las importaciones mediante envíos “puerta a puerta” experimentaron un salto del 274,2% interanual en 2025, con un protagonismo central de empresas como Shein y Temu. “En el segmento específico de prendas de vestir, el incremento en toneladas alcanzó el 164%, mientras que en confecciones el alza fue del 205%, estableciendo récords históricos para ambos rubros”, explica el informe.
Precios y dinámica inflacionaria
A pesar de la percepción pública sobre el costo de la vestimenta, los datos estadísticos del periodo 2025 indican que el sector de indumentaria y calzado se ubicó como el rubro de menor incremento de precios en la economía argentina. De acuerdo con cifras del Indec analizadas en el informe de Cerutti, mientras la inflación promedio general fue del 31,5%, los precios de la indumentaria y el calzado aumentaron apenas un 15,3%.
Si se analiza el ciclo completo desde el inicio de la actual gestión en noviembre de 2023, la inflación acumulada general asciende al 259,4%, mientras que el rubro textil avanzó un 149,4%. En términos relativos, esto implica que el sector se abarató un 30,6% frente al promedio de los demás bienes y servicios, alcanzando su nivel relativo más bajo desde el año 2016. Desde la industria se sostiene que esta moderación no responde únicamente a la apertura comercial, sino a un mercado interno deprimido y a la pérdida del poder adquisitivo de los consumidores, lo que obligó a las empresas a realizar ajustes en sus márgenes de rentabilidad para sostener niveles mínimos de ventas.
La polémica por la flexibilización y la postura oficial
La apertura del mercado y la protección histórica de la industria textil han sido ejes de una intensa polémica política y económica. El ministro de Economía, Luis Caputo, ha sido uno de los principales críticos de la estructura de costos local. El funcionario sostuvo que los consumidores argentinos han llegado a pagar entre dos y diez veces más por una prenda que en el exterior, calificando la situación de la siguiente manera:
“Nunca compré ropa en Argentina porque me parecía un robo. Si pagás cinco dólares una remera en vez de 50, ahora tenés 45 dólares para gastar en otra cosa”.
Bajo esta premisa, el Gobierno nacional defendió la flexibilización de las importaciones como una herramienta de disciplina de precios, bajo la lógica de que el ahorro generado en indumentaria podría derivarse hacia otros sectores como la gastronomía o el esparcimiento.
No obstante, el informe de Page Manager destaca que la relación entre mayor importación y menores precios no es lineal. Citando documentos de la Fundación ProTejer, se advierte que en la perspectiva histórica argentina han existido periodos de fuerte apertura comercial con subas de precios por encima del promedio, así como etapas de menor ingreso de productos externos con incrementos por debajo de la inflación general.
El impacto en producción y empleo locales
El reverso del aumento de las importaciones y la contención de los precios es una caída pronunciada en los indicadores industriales. En noviembre de 2025, la actividad textil registró una contracción del 36,7% interanual y del 47,6% si se compara con el mismo mes de 2023. Al comparar la actividad actual con el promedio histórico del periodo 2016-2023 (excluyendo los años de pandemia), la producción actual es un 40% menor en textiles y un 18,1% inferior en confecciones y calzado.
Uno de los datos más críticos del informe de Cerutti es la utilización de la capacidad instalada. Durante el año pasado, este indicador se situó en el 29,2%, el nivel más bajo de toda la industria manufacturera nacional. Esto significa que siete de cada diez máquinas en las fábricas textiles permanecieron inactivas.
Esta parálisis productiva tuvo un correlato directo en el mercado laboral y en la supervivencia de las empresas:
- Entre noviembre de 2023 y octubre de 2025 se perdieron 18.333 puestos de trabajo registrados en los sectores de textiles, confecciones, cuero y calzado.
- Esta caída del 15,1% representa el piso más bajo en la serie estadística que se inició en 2009.
- Se registró el cierre de 558 establecimientos textiles en el mismo periodo.
En el sector específico del calzado, el panorama es similar. Horacio Moschetto, presidente de la Cámara de la Industria del Calzado, reportó una caída de la producción y el consumo superior al 30% en los últimos dos años, con el cierre de más de 100 fábricas y la pérdida de 10.000 empleos. Moschetto también señaló que, además de las importaciones legales que crecieron un 100% en su rubro, existe una preocupación creciente por el aumento del contrabando y la venta de productos falsificados a través de redes sociales.
Estructura de costos y composición del precio
El debate sobre por qué la ropa es costosa en Argentina, a pesar de la baja producción local, encuentra una explicación en la estructura de costos finales. El informe de Federico Cerutti detalla que, según estimaciones técnicas, menos del 10% del valor de una prenda comercializada en centros comerciales corresponde al costo industrial directo de fabricación.

La composición del precio final se desglosa de la siguiente manera:
- Impuestos: Representan cerca del 50% del valor final.
- Alquileres y costos financieros: Explican alrededor del 30% del precio.
- Logística, marketing y margen comercial: Suman un 12%.
- Industria (fabricación): Percibe apenas el 8% restante.
Esta estructura pone de manifiesto que el precio que paga el consumidor final está determinado por factores que exceden la eficiencia de la fábrica, incluyendo una alta presión fiscal y elevados costos inmobiliarios y financieros. En contraste, las plataformas internacionales de venta directa operan con ventajas competitivas significativas al no enfrentar alquileres locales, cargas impositivas locales ni regulaciones laborales de la misma magnitud.
En conclusión, el escenario de 2025 muestra un sector textil en tensión: por un lado, una apertura comercial que alcanzó niveles récord de importación de mercadería barata y una moderación de precios frente a la inflación; por el otro, una industria nacional con niveles de actividad mínimos, pérdida masiva de empleos y una estructura de costos internos que limita su capacidad de competencia en un mercado globalizado.
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