
La caída del consumo ya se posicionó como el principal freno para la industria argentina. Según la última encuesta de tendencia de negocios que elabora el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), más de la mitad de las empresas manufactureras aseguró que no puede producir más por insuficiencia de demanda interna.
En concreto, el 53,5% de las firmas consultadas identificó a la debilidad del mercado interno como el principal límite para expandir la producción. Muy por detrás aparecen otros factores como el costo laboral, la presión impositiva o las dificultades financieras. El dato confirma que el cuello de botella no está en la capacidad productiva, sino en la falta de ventas en el mercado local.
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Esta situación se refleja en la cartera de pedidos. De acuerdo con el relevamiento, el 52,4% de las industrias indicó que el volumen de órdenes de compra se encuentra por debajo de lo normal para esta época del año, mientras que solo el 2,6% reportó niveles superiores. El saldo neto —que surge de restar respuestas positivas y negativas— se ubicó en -49,8 puntos, uno de los registros más contractivos del informe.
La debilidad en los pedidos funciona como un indicador adelantado de la actividad. Si las empresas no reciben órdenes suficientes, la producción futura tiende a resentirse y se diluye la posibilidad de un rebote sostenido en el corto plazo. Eso impacta no solo en las fábricas, sino también en sus cadenas de insumos, que en muchos casos dependen de los grandes jugadores industriales.
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En el frente laboral, el panorama también es delicado. El 15,7% de las compañías anticipa una reducción en la dotación de personal durante el próximo trimestre —febrero a abril—, mientras que apenas el 4,3% prevé incorporaciones. El balance arroja un resultado negativo de 11,3 puntos, lo que sugiere que la debilidad de la demanda podría trasladarse con fuerza al empleo si no se consolida una recuperación del consumo.
El estudio también relevó el Indicador de Confianza Empresarial (ICE), que se situó en -20,1% en enero de 2026. Si bien el índice permanece en terreno negativo desde hace más de un año, mostró una leve mejora frente a diciembre de 2025, cuando había cerrado en -22,5 por ciento.
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El ICE mide el balance entre respuestas positivas y negativas de las empresas sobre su situación actual y sus expectativas a corto plazo, incluyendo producción, pedidos, empleo y desempeño financiero. Cuando el indicador se ubica en valores negativos, predominan las evaluaciones desfavorables. Aunque el dato de enero no fue el peor del último año —llegó a tocar -23%—, continúa en zona contractiva y refleja un clima empresarial todavía cauteloso.
Las expectativas para el trimestre febrero-abril tampoco muestran un giro claro. El 21,7% de las empresas prevé que la producción disminuirá en los próximos meses, frente a un 17,6% que espera un aumento. Si bien la mayoría proyecta estabilidad, el saldo neto se mantiene levemente negativo.
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En materia financiera, el 23,9% de las industrias calificó como ‘mala’ la situación económica de su empresa, con un saldo neto de -12,6 puntos. Además, el 34,4% consideró que el acceso al crédito es difícil, lo que arrojó un balance negativo de 28,2 puntos en ese indicador.
El relevamiento muestra que el factor determinante no es el financiamiento ni los costos, sino la falta de mercado. Con más de la mitad de las fábricas operando con pedidos por debajo de lo habitual, el arranque de 2026 encuentra al sector industrial con capacidad instalada disponible pero sin un motor claro de expansión.
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Industria en apuros
En este escenario, la utilización de la capacidad instalada volvió a reflejar la debilidad de la actividad. Según los últimos datos del Indec, en diciembre de 2025 se ubicó en 53,8%, el nivel mensual más bajo desde marzo de 2024, cuando había marcado 53,2 por ciento.
El dato implica que, en promedio, casi la mitad de la capacidad productiva de las fábricas permanece ociosa.
De acuerdo con el organismo estadístico, solo cinco bloques industriales operaron por encima del promedio general. La refinación del petróleo lideró con un 87,1% de utilización, seguida por papel y cartón (65%), alimentos y bebidas (63,6%), sustancias y productos químicos (58,6%) e industrias metálicas básicas (57,5%).
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En contraste, la mayoría de los sectores se ubicó por debajo del promedio. Entre los niveles más bajos se destacaron productos minerales no metálicos (51,1%), edición e impresión (46,5%), metalmecánica —excepto automotores— (38,9%), productos del tabaco (38,6%), textiles (35,2%), caucho y plástico (33,4%) y la industria automotriz, que registró el menor nivel con apenas 31,2 por ciento.
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