La suba del precio de la carne bovina en la Argentina se volvió tema de debate nacional y, en la señal de streaming Infobae en Vivo, el carnicero e influencer Marito Laurens expuso cómo impactan los incrementos en la mesa familiar y en el trabajo de las carnicerías de barrio. Desde su local en El Palomar, partido bonaerense de Morón, Laurens ofreció una mirada directa sobre el fenómeno. “Siempre sube y cuando tiene que bajar, nunca baja”, dijo.
En la transmisión, los conductores abrieron la charla con datos duros: el consumo de carne vacuna cayó un trece por ciento, el nivel más bajo en dos décadas. Según la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes, cada persona consumió en promedio 47,9 kilos anuales al cierre de enero, una baja frente al año anterior. El precio de la carne registró un aumento interanual del 70,8 por ciento, mientras que la inflación general fue del 32 por ciento. Laurens, consultado sobre el impacto, respondió sin rodeos: “Otra vez aumenta la carne, aumentó un diez por ciento. De lo que va de enero, un veinticinco por ciento el pollo”.
El carnicero relató que desde el inicio del año los precios subieron de manera escalonada. “Nosotros ya veníamos pagando, de a puchito, un poquito más. Enero y febrero, en todos los años, baja la venta. El comerciante en muchos casos se tiene que bajar los pantalones y aguantar, porque después de la vuelta escolar es cuando empieza a generar venta”, explicó Laurens. “Cuando pasaron los nuevos aumentos, ya está, era insostenible por los gastos que había, los sueldos y todo lo que conlleva detrás”.
La dinámica de los precios en las carnicerías de barrio está condicionada por la estacionalidad. Laurens indicó: “Siempre pasó exactamente lo mismo. El que es comerciante sabe muy bien de lo que hablo, gobierno que esté, siempre nos pasa lo mismo. Siempre sube y cuando tiene que bajar, nunca baja y se nos complica por todos los incrementos que tenemos detrás”. Además, describió el día a día del negocio: “Abrimos la carnicería todos los días. Hoy entré a la carnicería a las seis de la mañana. Los chicos tienen su franco respectivo y después venimos. No es una ferretería. Si te queda mercadería, tenés que abrir y venderla porque si no, mañana ya entra lo nuevo”.
El precio del asado se convirtió en referencia. Laurens detalló: “Veintidós lucas el kilo de asado”. Sobre las estrategias para mantener la venta, remarcó: “Trabajamos siempre en promoción, por ejemplo, el asado, llevando en un día… En nuestro caso es costillar del medio y te queda en dieciocho lucas, pero tenés que llevar cuatro kilos, cinco kilos. Hace más fácil que nosotros nos saquemos las cosas de encima”.
La diferencia de precios entre el conurbano y la Ciudad de Buenos Aires surgió en la conversación. “Nosotros tenemos envío y mucha gente tengo de Capital. Vos vas a Capital y un lomo te vale cuarenta lucas. Pero en el conurbano no le dan la importancia como le dan en Capital”, dijo Laurens. Mientras tanto, los cortes más económicos marcan tendencia: “Todo lo que es robif, paleta o subco, son todos cortes que no salen en enero y febrero cuando hace calor. Pero todos los carniceros con los que estuve hablando, nadie tiene robif, paleta, porque al ser lo más barato, se vende como loco”.
El lomo, por su parte, se ubicó en veinticinco mil quinientos pesos el kilo en la carnicería de Laurens, quien lo consideró barato frente a otros valores. “Tenemos una oferta, como decirte, el peseto, dos kilos cuarenta. Por eso allá no es tanto, allá es más la bola de lomo, la cuadrada. Los otros cortes que son más baratos se le ganan quizás un poquito más porque los cortes finos la gente como que no tiene salida”, comentó.
Ante la consulta sobre el motivo de los aumentos, Laurens respondió: “Todos los que somos carniceros no nos dan una explicación de nada. A lo primero era, no había, no hace mucho que no llueve. No, el pasto no crece. No, las exportaciones. Esto es así. Vos la querés comprar, la comprás. No la querés comprar, bueno, listo”. Cuando le preguntaron si se trataba de un argumento poco creíble, Laurens agregó: “La verdad que no sé por dónde viene, porque a veces uno lo regula con el dólar. No te estoy hablando ni de este gobierno ni del anterior. Siempre nos pasó exactamente lo mismo en todos”.
El carnicero hizo referencia al efecto de la inflación en su entorno: “Yo fui a comprar, un ejemplo, la factura para los pibes de la mañana, gasté veintiocho lucas. Treinta lucas. Yo siempre digo lo mismo: la carne está barata a lo que están las demás cosas. También tengo tres hijos. Voy a la verdulería. Comprar la fruta, insostenible”.
Laurens destacó el cambio en la demanda de cortes. “Hoy por hoy se ponen de moda los cortes, tanto como el lomo, bife de chorizo. Pero si antiguamente retrocedemos, la mamá hacía unas empanadas de mondongo. Ahora, vos le decís a la gente, hacemos empanadas de mondongo, no, esa es comida de pobres, te dice”. También mencionó el caso de la entraña: “La entraña se volvió uno de los cortes más caros por la demanda y su escasez. Porque media vaca, medio animal, trae una entraña que pesa cuatrocientos gramos. Al tener tanta demanda, le aumentás el precio porque sabés que la vas a vender. Por eso siempre es oferta y demanda”.
El pago con tarjeta y el fiado surgieron como reflejo de la situación económica. “Nos pasa muchísimo que la gente va a comprar con tarjeta. Todo el mundo pone un cartel que dice pagando en efectivo, obviamente para no blanquear las cuentas”, reconoció Laurens. Sobre el fiado, expresó: “Fiados tengo un montón. Puedo decirte todos los nombres que tengo que en realidad cobrar. Pero la mayoría paga y está bueno también tener eso porque no lo perdés al cliente”.
El comerciante relató cómo ajusta promociones según la venta diaria: “Jugás mucho con los carteles afuera. En mi caso particular es según como venga la venta”. Además, resaltó la importancia de los descuentos bancarios: “Todos los comerciantes nos ayudó muchísimo la cuenta DNI. Antes cuando era sábado y domingo, era un bum para nosotros los carniceros. Ese descuento, la gente venía con siete teléfonos y te pagaba con siete cuentas distintas”.
En cuanto a la estructura laboral en la carnicería, Laurens explicó: “Hoy entró un chico nuevo, somos cinco”. Sobre la dificultad para encontrar personal, remarcó: “Al estar expuesto al resto, esto pasa en todas las carnicerías, todas las carnicerías que va, dice: ‘Se necesita cortador o se necesita…’ Porque se perdió el oficio. En nuestro oficio lo que está pasando es que tiene todos los vicios. Tenés drogadicto, borracho, timbero, tenés todo. Vos tomás una persona que está en uno de esos estados y no te dura”. Laurens contó que rechazó la posibilidad de abrir más sucursales por la falta de mano de obra: “Me pude haber puesto, no te quiero mentir, pero cien sucursales. Un montón de gente me dijo: ‘Che, Marito, vení, ponete una sucursal acá, ponete…’ No tenés gente”.
El salario de un cortador representa una cifra considerable: “Un cortador cobra de un mínimo de un palo y medio para arriba. Yo tenía empleados de dos palos. Trabajamos doce horas. Nosotros trabajamos toda la vida doce horas. No tenemos en realidad ocho horas como un frigorífico. Tenés un día, tenés un franco y medio”.
Respecto a la reforma laboral y los conflictos por juicios, Laurens planteó: “En nuestro rubro pasa de esa manera, vienen, trabajan tres meses, cuatro meses, te quieren clavar un juicio. Eso nos pasa, literal, o me pasa a mí, que nunca tuve empleado y de pasar a tener empleado, porque yo arranco a hacer videos hace cinco años. Cuando empiezo a crecer a través de las redes y a nivel negocio, tuve que tomar gente porque no daba abasto”.
El carnicero se refirió a la relación con los empleados y las licencias médicas: “Si el empleado se enferma, se cura, vuelve, pero esos días se le paga, en realidad. Es algo humano. Una cosa es que el empleado, cuando se enferme, no vaya al médico y se haga el boludo. Porque me ha pasado de decirte: ‘Che, estoy en el hospital porque mi vieja se enfermó’, y yo le caí en el hospital y no había nadie. Por eso también es como que es una línea tan delgada”. Laurens insistió en la importancia del compromiso y la cultura del trabajo: “De la escuela que yo vengo, los carniceros en realidad es crudo nuestro trabajo. Nuestro trabajo es vos te cortás, seguí laburando. Ahora tenés el carnicero que se cortó un cachito y: ‘No, mañana no, no puedo ir’. Entonces, ya sabés que ahí no te sirve”.
El origen de la popularidad de Laurens en redes sociales se relaciona con la transparencia. “Cuando yo estaba en el chino, la gente venía y me decía: ‘Allá en la carnicería me recagaron, me dieron esto podrido’. Entonces, creé un hashtag que dice lo que el carnicero no quiere que sepas. Empecé a hacer como la película El patrón, que es la vida real. Así es la carnicería, los frigoríficos y todo. Por eso pasa en muchos casos que la gente está intoxicada”, sostuvo. Laurens utiliza sus redes para enseñar a los consumidores a identificar cortes y precios: “Yo vivo del que me compra, no estoy viviendo del otro. Si vos estás haciendo mal las cosas, te pone el poncho. Yo te enseño a vos, vos comprás y tenés un poco más de conocimiento. Pero darle conocimiento a la gente es darle un poder que a veces, al utilizarlo, te juega en contra”.
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