
El año pasado fue un período difícil para la producción, venta y exportación vitivinícola en la Argentina. Al contexto interno, marcado por la caída en la demanda y el aumento de los costos, se sumó un escenario internacional adverso que derivó en el peor desempeño exportador del sector en casi dos décadas. En ese marco, las exportaciones fueron las más bajas desde 2004 en volumen y desde 2009 en valor.
De acuerdo con los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), en 2025 los envíos totales de vino al exterior sumaron 1,93 millones de hectolitros (hl), lo que implicó una caída de 6,8% interanual frente a 2024. Se trató, además, del menor volumen exportado desde 2004, cuando las ventas externas habían alcanzado los 1,55 millones de hl.
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En términos de valor, el sector vitivinícola exportó en 2025 un total de USD 661 millones. Este monto representó una baja interanual de 7,2% y constituyó el peor registro de ingresos por exportaciones de vino desde 2009, año en el que las ventas externas habían sumado USD 553 millones.
Las causas de la caída
El desempeño negativo del sector respondió a una combinación de factores internos y externos que impactaron de manera simultánea sobre la competitividad de los vinos argentinos. En ese contexto, la caída de las exportaciones no fue un fenómeno aislado ni exclusivo del país, sino que se dio en un marco de retracción del mercado vitivinícola a nivel global.
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Entre los factores internos, influyeron la volatilidad cambiaria, el encarecimiento de los costos productivos medidos en dólares, la inflación y el aumento de los costos logísticos. La combinación de estas variables afectó la estructura de precios del sector y redujo el margen de maniobra de las bodegas para competir en los mercados internacionales, especialmente en los segmentos más sensibles al precio.
Este escenario llevó a que, en muchos casos, los vinos argentinos llegaran a las góndolas del exterior con valores menos competitivos frente a productos de otros orígenes. La estrategia de elevar los precios en dólares para compensar la baja en los volúmenes exportados terminó, en algunos mercados, profundizando la pérdida de participación.
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En el plano internacional, distintos factores limitaron el desempeño de los vinos argentinos. La menor demanda en algunos de los principales mercados de destino, en particular en Europa, impactó sobre las exportaciones, en un contexto de cambios en los hábitos de consumo y una mayor cautela por parte de los consumidores.
Esta tendencia también se reflejó en mercados relevantes como Estados Unidos y China, donde el consumo mostró signos de desaceleración.
A nivel global, el mercado vitivinícola atravesó en 2025 un año complejo, con una caída del consumo tanto en volumen como en valor. Si bien la producción mundial se mantuvo relativamente estable, en niveles levemente superiores a los 230 millones de hectolitros, el sector enfrentó un proceso de ajuste marcado por una valorización por escasez e inflación, además de transformaciones estructurales en la demanda.
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El desafío del mercado interno
El retroceso del sector no se limitó al únicamente al frente externo. Durante 2025, el consumo de vino en el mercado local también mostró una dinámica negativa, con un impacto especialmente fuerte sobre la botella, el formato tradicional y central para la industria vitivinícola.
De acuerdo con el último informe del INV, las ventas totales de vino en el mercado doméstico registraron una caída interanual de 12,5%, mientras que el acumulado hasta noviembre —último dato disponible— reflejó una baja de 3,7 por ciento.
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Dentro de ese desempeño, el formato botella fue el más afectado: las ventas retrocedieron 16,3% frente al mismo mes del año anterior, una contracción muy superior al promedio del mercado.

La caída convive con cambios en los hábitos de consumo, marcados por una mayor preferencia por bebidas de menor graduación alcohólica y por presentaciones más chicas, asociadas a un consumo más ocasional y moderado.
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En ese contexto, el sector comenzó a ampliar su oferta de formatos como estrategia para sostener volumen y llegar a nuevos públicos.
Entre esas alternativas, la lata ganó protagonismo por sus atributos prácticos: facilidad de transporte, menor tiempo de enfriado y posibilidad de consumir cantidades más reducidas. Para las bodegas, además, este formato permite competir en espacios de exhibición donde la botella tradicional tiene menor rotación y sumar presencia en puntos de venta distintos a los habituales.
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Según el INV, los despachos de vino en lata crecieron 131,4% interanual. Pese a ese fuerte crecimiento porcentual, su escala todavía resulta insuficiente para compensar la caída registrada en la botella, que sigue concentrando la mayor parte del consumo y del negocio del sector.
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