
(Desde Washington, Estados Unidos) Un comitiva oficial encabezada por el embajador argentino Luis Kreckler se reunirá hoy con técnicos de la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR) para definir un acuerdo de aranceles recíprocos sobre bienes que se comercian entre ambos países.
La lista definitiva de los productos argentinos y sus respectivos aranceles será enviada a la Casa Blanca para la respuesta final de Donald Trump.
El líder republicano privilegia su alianza estratégica con Javier Milei, pero Estados Unidos lanzó una guerra comercial Urbi et Orbi y cada paso responde una sucesión de factores geopolíticos que demoran la toma de decisiones en el Salón Oval.
Trump está concentrado en los acuerdos con India, Japón y Corea del Sur, y pone en un segundo plano las economías aliadas que impactan poco en el mercado doméstico.
En la Secretaría de Comercio de Estados Unidos y en la USTR entienden la necesidad de Argentina de acordar con la administración Trump.
Sin embargo, poco pueden hacer Howard Lutnick -secretario de Comercio- y Jamieson Greer -titular de la USTR- cuando Trump establece una lista de prioridades que coloca a la Argentina en un segundo pelotón.
Trump ordenó a Lutnick y Greer cerrar un acuerdo por aranceles con el gobierno libertario, y esa decisión política pone a la Argentina en una posición privilegiada en medio de una guerra comercial que atraviesa a todos los mercados globales.
Argentina tiene un promedio de casi 7 por ciento de aranceles para ingresar bienes a Estados Unidos, y ese porcentaje ya es una ventaja frente a las tasas que ya impone Trump a India, Brasil o Canadá, que compiten en comodities con el país.
La estrategia de negociación que definió Gerardo Werthein -ministro de Relaciones Exteriores- y ejecuta el embajador Kreckler consiste en mantener ese porcentaje de casi 7 por ciento como techo y acordar con Estados Unidos un lista de productos que tengan cero arancel.
Kreckler hoy llegará a la USTR para cerrar esa nómina de productos argentinos, que implican casi el 80 por ciento de los exportaciones de la Argentina a Estados Unidos.
La negociación más dura está centrada en el aluminio y el acero, que Trump gravó con el 50 por ciento. Para Estados Unidos, el acero y el aluminio son productos estratégicos, una connotación geocomercial que los pone prácticamente afuera de las conversaciones bilaterales.

El objetivo de máxima de la delegación que hoy negocia con la USTR, es lograr un acuerdo técnico que vuele sin escalas hasta el Salón Oval.
Allí estará a consideración de Trump, que consultará con Lutnick y Scott Bessent -secretario del Tesoro- antes anunciar el acuerdo con Argentina. Lutnick tiene relación fluida con Werthein, y Bessent aterrizó en Buenos Aires por su cercanía con el ministro de Economía, Luis Caputo.
El acuerdo formal será amplio y general.
Y después tocará a Werthein y Caputo ajustar hacia adelante ciertas condiciones del pacto comercial.
En el caso de Argentina, por la relación de Milei con Trump, la guerra de mercados y productos puede implicar una ventaja inédita e histórica.

La reunión de Kreckler en la USTR puede marcar un punto de inflexión en las negociaciones con la Casa Blanca.
En este escenario, con la intención de cerrar el acuerdo con Estados Unidos, Balcarce 50 desplegó un batallón de funcionarios del Palacio de Hacienda y la Cancillería, que incluye al embajador argentino en Washington, Alejandro Oxenford, y su Jefe de Misión, Juan Cortelletti.
Frente a la agenda abierta de Trump, la Casa Rosada es cauta respecto a la fecha del anuncio del acuerdo arancelario.
Hace cuatro días se especuló en Washington con una visita relámpago de Milei al Salón Oval. Ahora, en la Casa Blanca no descartan una llamada telefónica de Trump a Milei antes del anuncio oficial.
Los tiempos políticos de Trump son indescifrables.
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