
La principal preocupación del Papa Francisco en materia económica era el camino a hacia una economía justa, escribieron el exministro de Economía argentino, Martín Guzmán, y su mentor académico y Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, en un artículo en el portal Project Syndicate, que publica columnas de análisis de académicos, políticos y funcionarios de todo el mundo.
Por decisión de Francisco, Guzmán y Stiglitz son miembros de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales y recordaron que en los próximos meses, en el verano del hemisferio norte, se conocerá el documento final de la Comisión del Jubileo, cuya tarea el difunto Papa seguía con mucho interés.
Ambos economistas destacaron que Francisco trabajó incansablemente para promover una economía global más solidaria y como Papa impulsó iniciativas concretas para abordar las desigualdades económicas y los problemas estructurales que afectan a millones de personas en todo el mundo.
Su muerte, escribieron, “deja un vacío en el liderazgo moral, pero su legado continúa vivo en los esfuerzos que inspiró para transformar el sistema financiero internacional”.
El texto afirma que su experiencia de vida en una economía altamente inestable como la argentina, le permitió a Jorge Mario Bergoglio, luego Papa Francisco, comprender “profundamente” las consecuencias de las crisis económicas.

En su país natal, escribieron Guzmán y Stiglitz, Francisco “fue testigo de cómo los sistemas económicos que priorizan los intereses de unos pocos generan desigualdad, desintegración social y problemas como la inseguridad y la adicción”. Experiencias que, dicen, “moldearon su visión y lo llevaron a convertirse en una de las voces más influyentes en la lucha por una economía que priorice la dignidad humana”.
Por eso, desde el inicio de su papado, argumentan los autores, Francisco destacó la necesidad de reformar los sistemas económicos globales para que sirvan a las personas y no solo a los intereses corporativos y advirtió que si bien los mercados pueden ser medios muy eficaces de creación de riqueza, sin una regulación adecuada pueden convertirse, en cambio, en herramientas de “extracción de riqueza”, exacerbando la concentración de ingresos y recursos.
Guzmán y Stiglitz recuerdan además que en su encíclica “Laudato Si”, Francisco apuntó a la destrucción del medio ambiente como una de las mayores injusticias de los tiempos actuales: la destrucción de la Tierra, “nuestra casa común”.
Pandemia, patentes y vacunas
El difunto Papa criticó también las reglas globales que favorecen a los monopolios y actuó en consecuencia. Un claro ejemplo de ello, recuerdan los autores, fue cuando durante la pandemia de Covid-19 le pidió al entonces presidente de EEUU, Joseph Biden, que apoyara una exención de los derechos de propiedad intelectual del acuerdo TRIPS (sobre propiedad intelectual, incluido el ámbito de la medicina) para garantizar un acceso equitativo a las vacunas, porque la vida humana debía estar por encima de las ganancias corporativas.

Guzmán y Stiglitz enfatizan además la preocupación de Francisco por las crisis de deuda soberana de los países en desarrollo, su prédica sobre la responsabilidad compartida de deudores y acreedores para solucionarlas y el involucramiento de los entes multilaterales, como el FMI, para evitar que la perpetuación de los ciclos de endeudamiento impidan la inversión en áreas esenciales como la salud, la educación y la infraestructura.
Jubileo
El exministro argentino y el Nobel de Economía 2001 afirman en el texto que Francisco les pidió “el año pasado, crear una Comisión del Jubileo que convoque a pensadores líderes para proponer cómo afrontar la profundización de las crisis de deuda y desarrollo”, porque creía que el Jubileo del año 2000 había hecho “un progreso limitado en cuanto a dar más espacio fiscal para luchar con los desafíos del desarrollo”.
El Papa seguía de cerca el trabajo de la comisión, que presentará su informe en el Vaticano este verano, con recomendaciones para reformar los incentivos que perpetúan las crisis de deuda, recordaron Guzmán y Stiglitz. La preocupación de Francisco era no solo aliviar la situación de países acuciados por la deuda sino también evitar la repetición de ese tipo de crisis en el futuro. “Su llamado hacía eco a la antigua tradición bíblica del Jubileo: un tiempo de perdón de deuda y de restauración del equilibrio no como una cuestión de caridad, sino de justicia”, concluyeron Guzmán y Stiglitz.
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