
En su discurso de hoy en Rosario Cristina Fernández de Kirchner (CFK) criticó duramente al gobierno de Javier Milei y cargó específicamente sobre la política sanitaria, instándolo a un desafío en particular.
“Estos desregulan a favor de poquitos muy poderosos, el de los remedios. A ver, Milei, ya que sos tan guapo: desregulá los medicamentos para que podamos tener medicamentos genéricos importados, para reducir el costo de los presupuestos sanitarios. A ver si te animás”, planteó la dos veces presidente y una vez vicepresidente, que en sus doce años en la altas esferas del Ejecutivo no impulsó esa medida.
“Decile al desregulador del megacanje (en referencia al ministro de Economía, Luis Caputo) que se anime para que la gente pueda acceder a los medicamentos, para que no sea un martirio para un jubilado tener que ir a una farmacia y dejar la mitad o las tres cuartas partes de los remedios que tiene que llevar, porque no le alcanza la guita”, desafió CFK, continuando la saga de críticas que intercambian con el presidente y que les permitió elegirse como adversarios, mantener centralidad y ocupar casi la totalidad del escenario político.
Más allá de las especulaciones, lo cierto es que el precio de los medicamentos y de las cuotas de las empresas de medicina prepaga es crucial para amplios grupos de la sociedad argentina, en particular los sectores más pobres y los jubilados.

A fines de septiembre, una investigación de Infobae reveló, a partir de una comparación de una canasta de 10 remedios en la Argentina, España, EEUU, Colombia y Perú, que los medicamentos en la Argentina son más caros que en España y Estados Unidos, países de ingresos por habitante muy superiores, y que las variaciones de precio llegan hasta el 1.000 por ciento. El director del Centro de Profesionales Farmacéuticos señaló entonces que en el mercado farmaceútico argentino “hay un abuso de la posición dominante”. En el último año cayeron más de 9 millones las unidades vendidas, pero la facturación de los laboratorios argentinos subió un 332,9%
Luego, un informe del Observatorio de Costos de la Salud de la Unión Argentina de la Salud (UAS) alertó sobre las “barreras de accesibilidad” debido a los altos precios de los medicamentos y volvió a comparar el mercado local con el de otros países. Por caso, precisó que la Metformina, medicamento de uso frecuente para tratar la diabetes costaba hace un mes en la Argentina $34.517, mientras que en España cuesta solo 2,90 euros, esto es, cerca de $4.350, un 87% menos. Y que el Diclofenac 75, que se vende por $20.455 en Argentina, tiene en España un costo de 2,50 euros, equivalente a unos $3.750, un 82% menos.
Según los datos de la UAS, entre enero de 2017 y septiembre de 2024 el costo de los productos medicinales y equipos para la salud aumentó 9.904,1%, cifra muy por encima de la inflación general de igual período (7.076%) y del incremento de las cuotas de las prepagas (6.425,2%), lo que llevó a que el gasto en medicamentos dentro del sistema de salud privado llegue al 40% del total de recursos financieros, más del doble que hace una década, cuando esa proporción no superaba el 20 por ciento.

Por su parte, el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, inició gestiones para importar fármacos desde India, el mayor y más barato proveedor de medicamentos genéricos del mundo, y dijo que su iniciativa tenía el aval del ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger. De hecho, desde la cartera desreguladora aclararon entonces que la Ley 16.463 de Medicamentos, sancionada en julio de 1964, durante el gobierno del radical Arturo Illia, ya lo permite.
Sin embargo, Cornejo declaró que la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat), la agencia que debe autorizar la distribución y comercialización de remedios en la Argentina, a cargo de Agustina Bisio, demora la autorización, según señaló en una entrevista televisiva en TN.
Las gestiones de Mendoza, a la que se unirían otras provincias, son para importar remedios para la hipertensión (Enalapril, Losartan); diabetes (Metformina); e hipotiroidismo (Levotiroxina), además de antipiréticos y analgésicos (Ibuprofeno); antiácido (Omeprazol); antibióticos (Amoxicilina, Cefalexina, Azitromicina); y antifúngico (Fluconazol), entre otros.
La Anmat, dijo Cornejo, “no está alineada con la libre competencia de mercado que propone el Gobierno nacional como método para bajar precios”. Los medicamentos que Mendoza busca comprar, afirmó, “tienen un precio muy por encima de los países limítrofes, EEUU o Europa”. Aemás, agregó, se usan masivamente en Europa, en EEUU y están autorizados por agencias similares a la Anmat. “Queremos que estén autorizados en Argentina, porque creemos eso: que por competencia van a bajar los precios de los medicamentos más usuales y habituales”, enfatizó.
Desde la India
Bisio, la titular de la Anmat, se reunió a principios de este mes con el embajador de la India en la Argentina, Dinesh Bhatia, quien aboga por la apertura del mercado argentino a los medicamentos genéricos de su país. El viernes de la semana pasada Bhatia realizó un agajaso del que participaron Demián Reidel, el jefe del Consejo de Asesores del presidente Javier Milei, y José Luis Daza, el secretario de Política Económica y segundo del ministro de Economía, Luis Caputo, aunque no hubo comunicación oficial sobre esos encuentros y eventuales gestiones.

La ley 25.649, de “utilización de medicamentos por su nombre genérico”, sancionada en agosto de 2002, durante el gobierno interno de Eduardo Duhalde y la gestión de Ginés González García como ministro de Salud, supuestamente alentaba el consumo de genéricos, pero en su segundo párrafo admitió la posibilidad de indicar la marca comercial, ambigüedad que echó por tierra con el alegado objetivo de “terminar con el monopolio de las marcas y la influencia de los laboratorios sobre los médicos para recetar medicamentos”, escribió el economista y diplomático Felipe Frydman, conocedor de los entresijos de los temas de patentes y propiedad intelectual por sus gestiones en Europa, Asia y EEUU.
En 2015, un informe del Ministerio de Economía titulado “Complejos farmaceúticos” apuntó al grado de cartelización del sector. Según Frydman, la relación entre laboratorios, distribuidoras y droguerías es una barrera de entrada a otros productos farmacéuticos. El mercado local de medicamentos, escribió, “tiene un sesgo oligopólico que actúa como barrera para incorporar nuevos proveedores por la falta de organización y de volumen para los productos de menor valor”.
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