El tribunal británico dejó sin definir la paternidad de una niña en medio de una disputa entre hermanos gemelos

Una resolución inédita impide por ahora atribuir derechos y deberes a cualquiera de los hermanos, frente a la incapacidad tecnológica de precisar cuál fue el que engendró a la menor identificada como “P”

Imagen fotorealista de un bebé sentado con ojos azules, mirando al frente, y una estructura 3D de una doble hélice de ADN a su derecha.
La justicia no puede determinar cual de los hermanos gemelos es el padre biológico de P. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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En un fallo tan inusual como revelador de los límites actuales de la ciencia, el Tribunal de Apelación de Inglaterra y Gales dejó en suspenso la definición de paternidad de una niña tras determinar que no es posible identificar cuál de dos hermanos gemelos idénticos es su padre.

El caso, que expone una zona gris entre la biología y la justicia, pone en el centro a una mujer que mantuvo relaciones sexuales con ambos hombres con apenas cuatro días de diferencia durante el período de concepción.

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La historia llegó a instancias judiciales luego de que uno de los gemelos fuera inscripto inicialmente como padre en el certificado de nacimiento de la menor, identificada como “P”. Sin embargo, su hermano —también involucrado en la relación con la mujer— y la madre solicitaron revisar esa decisión. Buscaban que la Justicia reconociera la imposibilidad de determinar con certeza la paternidad y, en consecuencia, redefinir la responsabilidad legal sobre la niña.

El tribunal, integrado por Sir Andrew McFarlane junto a Lady Justice King y Lord Justice Stuart-Smith, fue categórico: las pruebas de ADN disponibles solo permiten establecer que cualquiera de los dos podría ser el padre, pero no distinguir entre ellos. En términos prácticos, esto deja una probabilidad del 50% para cada uno.

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Frente a este escenario, los jueces resolvieron que, por el momento, ninguno de los dos hombres tendrá responsabilidad parental hasta que se analicen nuevas instancias o avances que permitan mayor precisión. Las identidades de todos los involucrados fueron resguardadas para proteger la intimidad de la menor.

Científica en bata y gafas mira por un microscopio en un laboratorio. Un monitor muestra patrones coloridos de ADN y datos epigenéticos. Equipos científicos en mesa.
Buscaban que la Justicia reconociera la imposibilidad de determinar con certeza la paternidad y, en consecuencia, redefinir la responsabilidad legal sobre la niña. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En su argumentación, McFarlane dejó una definición tan jurídica como filosófica: la “verdad” sobre la paternidad, al menos por ahora, es binaria. “El padre es uno u otro de estos gemelos idénticos, pero no es posible decir cuál”, sostuvo. Y aunque no descartó que en el futuro la ciencia pueda ofrecer una respuesta más concluyente, advirtió que hoy ese camino implicaría costos extremadamente elevados.

El trasfondo del caso ya había sido delineado en instancias previas, donde se confirmó que ambos hermanos habían mantenido relaciones sexuales con la mujer en el mismo ciclo fértil. Bajo ese contexto, la probabilidad de paternidad resulta exactamente la misma para los dos.

El fallo también introdujo una precisión clave: que un hecho no pueda probarse no implica necesariamente que sea falso. Es decir, el tribunal evitó declarar que el primer gemelo no es el padre, pero sí determinó que no hay evidencias suficientes para sostener que lo es. Esa distinción, aparentemente técnica, tiene consecuencias directas en términos legales y de derechos.

Además, los jueces señalaron que prolongar esta ambigüedad no resulta beneficioso para la menor, lo que abre la puerta a futuras decisiones orientadas más al bienestar del niño que a la certeza biológica.

Casos como este ya habían comenzado a aparecer en los tribunales británicos.

En 2024, una situación similar llevó a especialistas del King’s College de Londres a plantear la posibilidad de recurrir a la secuenciación completa del genoma, una técnica que analiza el 100% del ADN. Sin embargo, además de su altísimo costo —que puede alcanzar las 90.000 libras (119.256 dólares)—, todavía no garantiza resultados concluyentes.

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