
Aunque fue el dato más bajo en más de dos años, el 4% que marcó el INDEC para la inflación de julio dejó algunas dudas respecto de la velocidad del proceso de desinflación -ya es el tercer registro con el 4 adelante- en el marco de un proceso en el que todavía resta avanzar sobre la corrección de precios relativos.
Exprésese de otra manera: en un contexto en el que todavía existe inflación reprimida, la cual es difícil de cuantificar dado que muchos precios de la economía, especialmente entre los bienes, estaban “adelantados”. Es decir, que habían subido por encima de cualquier variable de referencia, por encima de la suba del dólar y por encima de la tasa general de inflación. Alimentos, textiles y equipamiento para el hogar, por caso, revestía en esa categoría hasta hace pocos meses. En la columna opuesta, en tanto, servicios públicos como luz, gas, agua y transporte estaban más que rezagados respecto de esas mismas variables, eran y todavía son los precios atrasados.
Junto con el proceso de baja de inflación, basado en el ancla cambiaria y monetaria-fiscal, esas distorsiones se fueron corrigiendo en los últimos meses. Pero el proceso aún no termina. De hecho, este mes aumenta el transporte y también la tarifa de luz y gas en sus componentes de transporte y distribución.
De ahí que para calcular la “inflación reprimida”, el economista Amilcar Collante actualizó un análisis de la consultora 1816 en la que se definía el atraso y/o adelanto de los precios de cada una de las divisiones desde abril de 2019. Se toma esa fecha porque fue cuando se produjo el último aumento de tarifas antes del congelamiento que duró prácticamente toda la gestión del ex presidente Alberto Fernández. En otras palabras, se considera que fue el último período en el que el sistema de precios había recuperado su equilibrio.
Según esa actualización de Collante, en la que aclara que el cálculo es cuánto deberían aumentar los diferentes rubros para converger a aquel que más aumentó desde esa fecha, se obtiene que en promedio todavía hay un 14 puntos porcentuales de inflación reprimida.
Se trata de un ejercicio teórico en el que los precios deben converger al que más aumentó, en este caso, la categoría restaurante y hoteles seguida de alimentos y bebidas, salud y prendas de vestir y calzado. Vale aclarar que son todas categorías cuyos precios están todavía “adelantados” por lo cual esa convergencia también podría darse en parte por un estancamiento o incluso retroceso de los valores mientras el resto los alcanza.

A la foto de hoy, el rubro que más tiene que aumentar para converger sigue siendo el que engloba los servicios públicos (vivienda, agua, electricidad y otros combustibles) que tendría todavía una inflación reprimida de 6,5%, seguido del transporte, educación y comunicaciones, que también se encuentran entre los más rezagados.
En tanto, los textiles, rubro que durante los últimos años encabezó el ránking de inflación, ya prácticamente equiparó sus precios aunque sigue por encima del nivel real de 2019, pero lejos del rubro que más aumentó.
El caso más complejo es, tal vez, el de alimentos y bebidas que es el segundo rubro más adelantado respecto de la base hace 5 años y el que mayor incidencia tiene en el índice de precios con una ponderación de 27% versus a la incidencia de apenas 9% de los restaurantes y hoteles. De ahí que la convergencia a este rubro vuelva el trabajo útil en términos de dimensionar la evolución de la corrección de precios relativos más que a pronosticar cuánta inflación todavía queda por reflejarse en el índice oficial.
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