
El gobierno de Javier Milei, de gira en Estados Unidos, espera que en las próximas horas se normalice el abastecimiento de gas natural, luego de los cortes de suministro en estaciones de servicio de Gas Natural Comprimido (GNC) y grandes industrias en casi toda la Argentina. La crisis dejó al desnudo la debilidad de un sistema energético que complicó la existencia, y la gestión, a todos los Presidentes que ocuparon la Casa Rosada desde el regreso de la democracia.
La posibilidad de un estrangulamiento en el transporte del fluido que comenzó a hacerse realidad a partir de la segunda semana de mayo había sido anticipada por empresas y consultores. Es por eso que, además de la histórica falta de infraestructura local, se notó cierta falta de previsión oficial que se combinó con algunos hechos que se complotaron para precipitar una emergencia otoñal.
Las principales compañías del sector energético continúan en alerta, a pesar de que prevén que en las próximas semanas haya un alivio en las tensiones ante un consumo más moderado por temperaturas más benignas y el ingreso de GNL importado. Es que miran con preocupación “la segunda semana de junio”, cuando se prevé el ingreso de una nueva ola de frío polar según el Servicio Meteorológico Nacional.

La crisis del gas dejó preocupación en el equipo del secretario de Energía, Eduardo Rodríguez Chirillo, y en el sector privado. Los gasoductos no daban abasto para satisfacer el pico de demanda prioritaria (hospitales, comercios y hogares) por lo que se bajó la palanca a las estaciones de GNC y las industrias. En las fábricas, ya había descontento por la caída de ventas y producción, ahora se suma la falta de energía.
La decisión fue tomada por el comité de crisis al que convocó Energía, el Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas), la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa) y empresas del sector, luego de que un barco de GNL comprado a la brasileña Petrobras rechazara el pago con una carta de crédito, por los USD 21 millones que costó el cargamento. Eso implicó una reducción de 14 millones de metros cúbicos en la red de gasoductos. Enarsa había realizado una compra directa, es decir sin licitación, ante la gravedad de la crisis.
Además, hubo problemas técnicos en dos plantas compresoras de Transportadora Gas del Norte (TGN) en Córdoba y San Luis, ya normalizados, por los que se perdieron otros 2 millones de metros cúbicos. La suerte no jugó a favor.
De todos modos, la situación ya era de “pre-emergencia” según lo había comunicado el Enargas a las distribuidoras la semana pasada, cuando comenzaron los cortes en estaciones de GNC e industrias con “contratos interrumpibles”. La demanda de hogares y comercios llegó a cerca de 80 millones de m3 diarios, casi el doble de los 45 millones de m3 que suelen consumirse en esta época del año, ante un frío tempranero.
Las importaciones de gas contratadas no fueron suficientes, aunque el Gobierno afirma que el problema está en que la infraestructura de transporte fue desinvertida en los últimos años a caballo de los congelamientos tarifarios.

Las demoras en la obra pública no ayudaron: faltan dos plantas compresoras que duplicarían la capacidad de transporte del Gasoducto Néstor Kirchner para transportar el gas de Vaca Muerta (11 mm3 a 22 mm3). La gestión actual tira la pelota con la anterior sobre la responsabilidad. Lo cierto es que el proyecto se demoró durante la puesta en revisión de la obra pública, en medio del “no hay plata”, aunque el desembolso era de USD 40 millones.
Algo similar sucedió con la reversión del Gasoducto Norte, obra clave para que no falte el gas en invierno en siete provincias del norte argentino y que no estará lista. Las licitaciones se demoraron más de lo previsto e incluso los grandes empresarios, como Paolo Rocca (Techint) y Marcelo Mindlin (Pampa Energía), realizaron gestiones ante funcionarios del área energética para que no se abandonara el proyecto. El costo total era de USD 740 millones, de los cuales USD 540 los puso el Banco de Desarrollo para América Latina y el Caribe (CAF), USD 100 millones se gastaron en caños y solo restaban cubrir USD 100 millones.
Otro punto llamativo es la decisión de no contratar un barco regasificador en Bahía Blanca, ante la falta de terminación de estas obras. Eran entre USD 50 y 70 millones para respaldar el sistema ante un evento de corte como el que se vivió ayer.
En estas semanas el Gobierno tuvo que importar unos USD 600 millones entre cargamentos de combustibles líquidos (gasoil y fueloil) y GNL. Por ahora, las cuentas no juegan a favor de la planificación del Gobierno.
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