
“Queremos invertir, pero necesitamos condiciones”, fueron las últimas palabras que el presidente del Cicyp y segundo de la Sociedad Rural, Marcos Pereda, pronunció segundos antes de que el presidente Javier Milei suba al estrado en el almuerzo ante el círculo rojo, un escenario que aprovechó para continuar su guerra discursiva contra otros economistas y consultores y en el que dedicó la mayor parte de su intervención para negar que haya un atraso cambiario.
Esa última frase de Pereda fue, a su manera, una respuesta institucional de ese foro ejecutivo, integrado por el Grupo de las 6 cámaras empresarias más importantes, a aquel mensaje que Milei les espetó a hombres de negocios en el Foro Llao Llao, hace menos de un mes, en que les pidió “poner las pelotas e invertir”.
La oportunidad que tomó el jefe de Estado para retomar la discusión pública –que derrama en redes sociales– contra sus colegas lo llevó a concentrar su discurso de poco más de 40 minutos hacia una respuesta de teoría económica sobre la pregunta de si existe o no atraso cambiario, con comentarios de ácido sarcasmo contra consultores que calificó como “pifiadores seriales” y “chantas”.
Más de un empresario, ya cuando el Presidente había terminado su discurso y se había retirado del Salón Versalles del Alvear Palace, se preguntaba con algún sinsabor por qué no aprovechó Milei para dar un discurso con lineamientos más sólidos en términos de dirección política a la que apunta su Gobierno, o señales más claras de inversión.
“Para el público que tenía, podría haber hablado de otras cosas”, se lamentó un empresario, sentado y esperando el almuerzo, ante la consulta de Infobae. El presidente de una cámara de las grandes observó lo contrario: “Dijo lo que tenía que decir frente a los empresarios que tenía enfrente”. Cristiano Rattazzi estaba más exultante al finalizar el discurso: “Excelente, es uno de los pensadores más importantes que ha surgido en los últimos tiempos”.

La cita del Cicyp, que se realiza tradicionalmente en ese hotel del barrio de Recoleta y que suele reunir a algunos de los empresarios más importantes de la Argentina, fue algo accidentada en esta ocasión: la presencia del jefe de Estado impuso condiciones mucho más exigentes de seguridad, con perros antiexplosivos, corredores cerrados en la vía pública y corralitos para los asistentes para blindar el recorrido de Milei dentro del hotel.
Hasta el proceso de acreditación en el lobby del Alvear fue algo tortuoso para los hombres y mujeres de negocios, más acostumbrados a pasar rápidamente a los salones. Salvo excepciones, como los popes de la casa, la mayoría hizo una cola de más de media hora para tener su credencial colgada en el pecho. No se salvó ni el presidente del Banco Central Santiago Bausili, que tuvo que ir la larga fila. Dos de sus colegas del equipo económico, Luis Caputo y Pablo Quirno llegaron minutos después y pasaron directamente a la zona reservada. “Hace un trimestre que estoy haciendo la cola”, se quejaba amargamente Juan Nápoli.
El embotellamiento previo al almuerzo generó informales y espontáneas rondas de diálogo entre CEOs y representantes de cámaras. En una mesa del bar del Alvear, Eduardo Eurnekian (presidente de Corporación América) se sentó junto a Alejandro Bulgheroni (presidente de Pan American Energy Group), Daniel Funes de Rioja (titular de Unión Industrial Argentina) y Javier Bolzico (a cargo de la central de bancos Adeba). Un grupito de industriales armó, cerca, su propio círculo cerrado.
Una baja en la intensidad de las luces de L’Orangerie, el restaurante del hotel, preanunció la llegada del Presidente, que unos minutos después apareció bajando por las escalaras después de reunirse a solas con sus ministros y los presidentes de las seis cámaras organizadoras. “Fue una buena charla, está optimista”, dijo uno de los asistentes a esa reunión.
Milei les habló sobre lo que ve para los próximos meses, evitó anticipar un momento concreto del año para una salida del cepo, posiblemente la medida más solicitada desde el sector privado. En alguna reunión hace un par de meses con los mismos empresarios el jefe de Estado había adelantado que a mediados de año se concretaría. “Lo que dijo fue que una parte del cepo iba a levantarse, y fue la medida para el giro de dividendos”, leyó, a la luz de los hechos, uno de los que estuvo en aquel encuentro en la Casa de Gobierno.
Milei le dio un respaldo fuerte a su equipo económico. Nombró a Bausili en distintas ocasiones al hablar de los mecanismos para terminar con los puts de los bonos del Tesoro, que representan una obligación para el Banco Central y cuando mencionó la acumulación de reservas. A Caputo lo bautizó “chanchito de yeso” porque “para sacarle un peso hay que romperlo”.
“¿De quién es la micro?”, fue una pregunta que se hicieron e intentaron responderse, con miradas variopintas, distintos comensales en la velada en Recoleta. Los empresarios recogieron el guante de una idea que bajó desde el Gobierno de que “la macro la ordena el sector público pero el privado se hace cargo de la micro”. No es una idea que compartieron, en un corte transversal, entre los asistentes al Cicyp.
Un industrial se acercó a los periodistas a plantear la tesis opuesta: “El sector público también tiene que poner su parte”. La obra pública como chispa de arranque de la economía, por ejemplo, no aparece en el diccionario de la economía libertaria. Un ejecutivo de consumo masivo compartió el concepto del Gobierno pero con matices: “El sector público prepara los lineamientos, después entramos nosotros”.
La discusión en el Congreso sobre la ley de Bases, el pacto de Mayo con los gobernadores con grandes lineamientos de política económica y la marcha de la economía fueron otros elementos de la comidilla ejecutiva de este miércoles. “Hay un fenómeno social interesante. Nadie vende pero están dispuestos a aguantar. Hay algo nuevo que es ‘recesión con esperanza’. Los empresarios vamos a bancar”, definió uno de los organizadores.

Marcos Pereda, el presidente de la institución, productor agropecuario y alto directivo de la Sociedad Rural, hizo referencia a la mención de Milei sobre una baja de las retenciones a las exportaciones, que entrarían en segundo lugar en el listado de prioridades, después del impuesto PAIS y antes del impuesto al cheque.
“Si fuera por mí tendría que sacarlas ahora, pero no se puede descuidar el equilibrio fiscal”, dijo Pereda a Infobae, quien además aseguró que la cosecha gruesa normalizará su ritmo porque no ve una devaluación adicional. Sin dudas, el ejecutivo confía en la palabra oficial, pero acudió a una metáfora campera para recordar experiencias pasadas no muy lejanas en el tiempo: “No sería la primera vez que nos clavan un cuchillo por la espalda”.
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