
La decisión del Gobierno de recortar el nivel de empleo público, ratificada ayer por el presidente Javier Milei y que comenzaría a aplicarse hoy mismo mediante la no renovación de al menos, en una primera etapa, unos 15.000 contratos, vuelve a exponer la evolución del empleo en la Argentina. Economistas, empresarios y también funcionarios repiten una y otra vez que, junto con el estancamiento económico de la última década, el sector privado dejó de generar empleo. En contrapartida, las estadísticas oficiales dan cuenta de un aumento de los puestos de trabajo en el sector público. Aquellos empleos que no generaron las empresas, al menos una parte de ellos, los generó el Estado. Otra parte, vale aclarar, se transformó en “empleo independiente”, cuya participación en el total de la torta del trabajo registrado también creció.
El economista Andrés Borenstein, de Econviews, plasmó esta realidad en un gráfico según el cual, desde 2012, el empleo formal privado perdió prácticamente 7 puntos de participación en el total -siempre registrado- mientras que el empleo público, en ese mismo período, avanzó 3 puntos porcentuales. De representar poco más de 55% de los trabajadores registrados, los empleados del sector privado pasaron a computar poco menos del 48% mientras que los del sector público, que hace una década representaban menos de 24% ahora ya tienen una incidencia que supera levemente 26% del total. Igual que el empleo público, también creció en los últimos años el empleo independiente, mayormente bajo la figura de monotributistas.
La relación entre empleo público y privado difícilmente pueda equilibrarse incluso a pesar del profundo ajuste que promete el Gobierno. Ocurre que ese recorte coexiste con la pérdida de puestos de trabajo privados que comenzó a registrarse a partir de septiembre del año pasado.

De acuerdo a los últimos datos oficiales, a diciembre del año pasado, la población con trabajo registrado en todo el país alcanzó los 13.356 millones de personas en diciembre de 2023, lo que representó una pérdida de 19.200 puestos de trabajo respecto a septiembre y octubre de ese año. De ese total, 10,365 millones de personas detentaban empleo asalariado registrado -incluyendo al sector privado, el sector público y el trabajo en casas particulares- y 2.992 millones de personas con trabajo independiente, es decir, monotributistas y autónomos. Estos últimos fueron los que explicaron por lejos el dinamismo en el empleo durante los últimos cuatro años en lo que, si bien hubo un avance del empleo privado, el empleo público creció en una mayor proporción, acentuando la distorsión destacada por Borenstein. Además, desde septiembre del año pasado es el sector privado el que comenzó a “expulsar” trabajadores, ajustando por cantidad más rápido que el sector público.
De acuerdo a un análisis sobre los datos oficiales publicados ayer del economista especializado en mercado de trabajo, Luis Campos, diciembre se consolidó como el cuarto mes consecutivo de caída del empleo en el sector privado (amén de un derrape salarial de enorme magnitud).
“Hagamos un balance de la gestión de Alberto Fernández. Entre diciembre de 2019 y diciembre de 2023 el empleo registrado en el sector privado creció un 6%. En el sector público lo hizo un 8,7%. El mayor dinamismo, por lejos, fue de los cuenta propia: 24,8% arriba”, resumió Campos, investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA - Autónoma, quien resaltó que la tendencia actual de reducción del empleo es el verdadero foco del problema. “El problema es la tendencia reciente. El empleo privado registrado dejó de crecer en agosto y desde entonces acumula una caída del 0,6% (38.200 trabajadores menos. Si lo abrimos por sectores, toda la caída se explica por el desplome del empleo en la construcción (cayó un 8,2% en cuatro meses). En el resto de las actividades no hubo variaciones significativas. Estamos viendo en tiempo real las bondades de los fondos de cese laboral”, agregó.
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