
A horas de consagrarse ganador en la primera vuelta electoral, el candidato a presidente del oficialismo Sergio Massa volvió ayer a ponerse el sombrero de ministro de Economía y en una conferencia de prensa con medios extranjeros desgranó tres medidas tendientes a contener, esencialmente, las presiones sobre el dólar. Incentivos a la liquidación de dólares, estímulos para ponerle un piso a la caída de los bonos de la deuda y promesas de ajuste fiscal se combinaron para sostener al menos precariamente el equilibrio cambiario hasta después de la segunda vuelta.
La primera de ellas apunta a mejorar el ingreso de divisas al Banco Central que durante las últimas semanas había tocado mínimos históricos por debajo de los $45 millones diarios en promedio. Con un esquema similar al dólar soja 4, el ministro decidió ampliar a todo el sector exportador el régimen por el cual las empresas podrán liquidar 30% a través del dólar financiero y el resto en el mercado oficial. Al cierre de ayer, la ecuación implica una mejora del tipo de cambio a $530, lo que mejora la perspectiva para exportar. Al mismo tiempo, podría aportar una mayor oferta de dólares en el segmento financiero, reduciendo el costo de la intervención del Banco Central en reservas. La medida estará vigente por 30 días y, aplicada para el agro en septiembre, rindió sus frutos pero en octubre cambió la dinámica. La apuesta ahora es que, ante el nuevo escenario electoral, el incentivo vuelva a atraer a los exportadores de todos los sectores, muchos de los cuales ya contaban con el beneficio algo más acotado. Entre ellos, la industria automotriz y el sector minero.
Sin embargo, la cuentas del mercado volvieron a arrojar dudas respecto de los resultados: “El dólar $520/$530 de desdoble exportador generalizado sigue teniendo una brecha significativa con todos los otros: 35/40% versus el dólar tarjeta, 70% contra MEP y 75% contra CCL. Fluctúa con las otras brechas”, apuntó el economista Gabriel Caamaño.
Presentada como una medida para mejorar la cotización de la deuda argentina y enviar un mensaje a los inversores, Massa anticipó la posibilidad de pagos anticipados de vencimientos “de algunos bonos”, que enmarcó en una furibunda crítica al resultado de reestructuración de la deuda que llevó adelante su antecesor, Martín Guzmán. “La Argentina hizo un pésimo canje de deuda. Es el único canje en la historia económica mundial que al día siguiente que se terminó, cayó el valor de los bonos en lugar de subir”. Otra vez, la idea parece más asociada a contener la cotización del dólar financiero que a mejorar el precio de los activos con el fin de recuperar el acceso al crédito.
Un antecedente de esta iniciativa se implementó hace 14 años. En junio de 2009, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner anticipó el pago de los Boden 2012 por unos USD 2.500 millones que estaba agendado para agosto de ese año. “El mercado estaba extremadamente negativo y existía el temor de que no se realizara el pago. Siendo el bono más corto y denominado en dólares estadounidenses, era el bono más utilizado para negociar el CCL y estaba siendo desmantelado. Se decidió pagar la amortización de forma anticipada para eliminar el riesgo”, recordó Javier Casabal, del fondo Adcap, quien se mostró algo escéptico. “Suena a un anuncio que busca ponerle un piso en dólares a los bonos, pero sin tener muy claro de dónde viene el soporte para ese piso”, afirmó.
En ese sentido, la idea se comunicó tras una jornada en la que los bonos en dólares cayeron 7% con una suba de 200 puntos en en el riesgo país. La reacción a los resultados electorales se basan, esencialmente, en el panorama fiscal.
“Esperamos que se intensifique la venta masiva de activos argentinos, especialmente de crédito. Pero nuestra opinión sobre las probabilidades de impago y los escenarios de recuperación en uno o dos años mayormente se mantienen tras la fase inicial de pánico, independientemente del resultado de las elecciones”, opinó Lucila Bonilla, economista de mercados emergentes de Oxford Economics,
Precisamente para despejar ese frente, en el que la expansión de los desequilibrios fiscales durante la campaña, la que ya pasó y la que todavía resta hasta el 19 de noviembre, es una preocupación central para los inversores, Massa sumó un tercer anuncio luce más como una promesa: aplicar una reforma fiscal que no sólo elimine el déficit sino que logre un superávit de 1% en 2024. El detalle central de la propuesta es que eso no se lograría bajando gastos sino subiendo impuestos a través de la eliminación de exenciones o “subsidios” como los denominó Massa a empresas por un total de 4,8% del PBI. En esa cuenta sumó, también, bienes en el exterior.
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