El salario formal tuvo en julio -el mes previo a la devaluación, su impacto en la inflación y la aparición de la suma fija de $60.000- una suba de 7,4%, lo que implicó un avance de 118,3% de forma interanual. Así, en la última foto antes de las elecciones primarias, el ingreso de los trabajadores estables -públicos o privados- que mide el Ministerio de Trabajo superó al ritmo de la inflación. Los analistas esperan, por el salto cambiario, una nueva aceleración de precios que dé vuelta ese panorama para ese segmento del mercado laboral. Y que, además, el bono de 60 mil pesos no tenga un impacto tan considerable sobre el poder de compra del salario.
De acuerdo al Ripte, que es uno de los indicadores con los que el Estado mide la variación de los salarios, tuvo en julio un avance de 7,4%, es decir, 1,1 puntos porcentuales por encima de lo que había tenido el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Indec que había sido de 6,3 por ciento.
En términos interanuales también los salarios medidos por Ripte consiguieron superar el ritmo de precios que registra el Indec, algo que no había sucedido en lo que va del año. Para julio, la inflación fue de 113,4%, mientras que el indicador de remuneraciones del Ministerio de Trabajo mostró que los ingresos de ese segmento laboral avanzaron, en los últimos doce meses, a ritmo de 118,3 por ciento.
La cifra que informa el Ripte es una de las variables que inciden en la fórmula que determina los incrementos nominales de jubilaciones y asignaciones universales, que son algunos de los ítems del gasto más relevantes para las cuentas públicas.
Julio no es el primer mes en que el Ripte crece por encima del IPC. En marzo, con una inflación de de 7,7%, el Ripte también había crecido 9,8%, tal como lo hizo en abril. En febrero, por su lado, el Ripte creció 8,4% contra un 6,6% de inflación, y en junio habían ganado 8,1% contra 6 por ciento. Por el contrario, en mayo el Ripte creció 6,2% contra 7,8% de inflación y en enero 3,8% versus 6% de suba de precios.

El Estado tiene distintas maneras para medir la evolución de los salarios en la economía. El Ripte contempla la remuneración promedio sujeta a aportes al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) que reciben los trabajadores bajo relación de dependencia y declarados en forma continua durante los últimos 13 meses. Es decir, empleados privados asalariados.
Es, de todas formas, un muestreo menos amplio que el índice de salarios que publica -también con frecuencia mensual- el Indec. En ese informe el organismo estadístico desagrega al mercado laboral entre formal privado y público, por un lado, e informales por otro.
El propio Ministerio de Trabajo, encargado de medir y publicar el índice Ripte, hizo en su última presentación una aclaración sobre la representatividad de la cifra. “Este indicador fue elaborado como un insumo para determinar la movilidad jubilatoria (uno de los dos indicadores salariales que utiliza el índice de movilidad) pero no necesariamente refleja el comportamiento de los salarios correspondientes al empleo asalariado registrado del sector privado”, indicaron.
“Las características metodológicas del Ripte elaboradas en función de los objetivos que persigue el indicador, plantean un conjunto de definiciones sobre el empleo y los conceptos salariales, que no incluyen a la totalidad del empleo asalariado registrado privado ni a todos los conceptos salariales que perciben”, concluyeron.
La foto que mostró julio, de todas formas, queda ya vetusta a la luz de todo lo que sucedió en agosto tras las elecciones: la devaluación del tipo de cambio oficial tuvo un efecto inmediato en los índices de inflación, que las consultoras estiman que llegó a la zona de los dos dígitos mensuales. De esa forma, los ingresos habrán sufrido un impacto en su poder de compra.
“En julio el Ripte volvió a quedar por arriba de la inflación, un comportamiento más o menos constante a lo largo del año. En comparación con diciembre de 2022 el salario real había crecido un 4,5%, es un montón, y honestamente a esta altura ya no importa”, mencionó el coordinador del Observatorio de Derecho Social de la CTA Autónoma Luis Campos.

“Ese crecimiento apenas había logrado compensar la caída del segundo semestre de 2022 (que había sido bastante fuerte) para volver a niveles cercanos al promedio del último semestre de 2021 y 2022. En otras palabras, seguía oscilando en niveles similares a los que recibió Alberto Fernández en diciembre de 2019″, continuó.
“Hoy es un escenario muy distinto. Agosto va a dar feo. Septiembre posiblemente de mucho más arriba por impacto del bono. Pero todo esto atado con muchísimos alambres”, planteó Campos.
Para Fundación Capital “el efecto en el poder adquisitivo de la población (por el pago de la suma fija de 60 mil pesos) será acotado, en línea con una inflación en torno a los dos dígitos mensuales en los próximos meses (9,7% estimado promedio agosto-diciembre, llegando al 154% interanual en el mejor escenario”, plantearon.
El pago del bono “representaría un incremento del 19,4% sobre el salario promedio del sector privado, con mayor impacto para los ingresos más bajos. No obstante, al ser la suma fija absorbible por paritarias, el impacto será bien distinto entre sectores”, mencionó ese centro de estudios
“De este modo, incluso con una suma fija, reaperturas constantes de paritarias y nuevas herramientas de ajuste, el salario real verificará una baja acumulada de 3,1% anual para los trabajadores formales del sector privado. Por su parte, los informales saldrán peor parados, y prevemos una caída del 15,5% anual de su poder de compra en 2023. De igual manera, también se verificará una caída en los ingresos reales de los perceptores de la seguridad social, tema que se abordará en la siguiente sección”, mencionaron desde Fundación Capital.
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