
El presidente de Banco Macro, Jorge Brito, asegura haber tomado una oportunidad para hacer crecer a la entidad con el mismo camino que lo hizo en los últimos 20 años: comprando otras entidades,aún en tiempos de ampliación de los canales digitales. Con la adquisición del Itaú por USD 50 millones se ubica como el primer banco privado del país en materia de patrimonio neto y de cantidad de sucursales, con una red de 565 filiales, superado solo por el Banco Nación.
“La historia nuestra marca que en los períodos de crisis, se producen la salida de los bancos extranjeros. Apareció una oportunidad de tener un crecimiento inorgánico y pudimos capitalizarla. hace algunos años lo hemos intentado con otras entidades y no llegamos a buen puerto, ahora sí lo hicimos. Además, Itaú es un banco importante, con mucha presencia en CABA y el Gran Buenos Aires, que no es donde tenemos más presencia. Tenemos un market share del 6% a nivel nacional, que llega al 12% en el interior y que es del 1% en el AMBA. Vamos a duplicar la presencia en el área metropolitana”, explicó Brito.
Si bien explicó que la operación no cambia el foco del negocio, aseguró que para Macro “es una operación muy importante, dado el tamaño que tiene al mismo tiempo es sencilla para poder absorber. Hemos tenido otras fusiones como la de Bansud, que era más grande que Macro. Vamos a mantener el buen servicio que tiene e incluso mejorarlo. También tiene buenos empleados, tenemos el desafío de incorporarlos.”
La oportunidad de la compra es de crisis. ¿El precio de la compra también es de crisis?
No es un misterio. Si uno mira la valuación que tiene Banco Macro o Banco Galicia, por nombrar a las dos más importantes con oferta pública, su valor de mercado está en el 15% o 20% de su máximo histórico. Esta operación no es ajena a la valuación que tienen los bancos. No es caro ni barato, son las valuaciones actuales que tiene la Argentina. A nivel global, los bancos valen lo mismo que hace 10 años. Como compañía de servicios, no fueron ajenas a las amenazas de desintermediación, de la aparición de productos financieros no bancarios. Es un gran desafío para los bancos centrales el desarrollo de estas empresas que crecen por fuera de las regulaciones, aunque a veces presten un buen servicio. Pueden traer un riesgo sistémico. Los bancos tenemos muchísimas regulaciones, algunas correctas y otras antiguas, que muchas veces traen un diferencial negativo.

¿Qué país va a encontrar ese banco más grande en 2024?
Siempre apostamos por el país y no es solamente un acto patriótico. Tenemos un total convencimiento de que la Argentina, más allá de los malos gobiernos que tuvimos, tiene una oportunidad histórica de crecimiento. Eso se demuestra con los precios relativos que hay hoy para las commodities agropecuarios, la energía si nos convertimos en un gran exportador y con la suma de los minerales, como el cobre o el litio, que van a tener un rol fundamental en el proceso de cambio de energías fósiles a limpias. También está el hidrógeno en la Patagonia. tenemos un potencial enorme, lo que necesitamos es que el Estado no sea un ancla para el crecimiento del sector privado, que haya reglas claras y que el sector privado sea el pilar de ese crecimiento.
Tras el triunfo de Javier Milei en las PASO, ¿cómo ve la idea de la dolarización y de que no haya Banco Central?
Siempre nos hemos preparado para los distintos escenarios. Desde que el banco se fundó, en 1978, siempre hemos crecido, con cualquier modelo de gobierno. Siempre nos aggiornamos cuando cambian las reglas de juego. No me imagino un país sin un Banco Central. Podemos discutir qué rol tiene que tener, o si el Estado tiene que estar más o menos presente. Personalmente, no me imagino eso.
¿Es viable un plan de dolarización en la Argentina?
Todo puede ser viable. El tema es tener bien en claro cuál es el modelo de dolarización, explicarle a la gente a qué valor se va a dolarizar y cuánto va a ganar. Si alguien puede explicar eso, puede ser. No hay muchos países con economías dolarizadas, pero es un proceso que requiere de muchas explicaciones, que hoy no están, no las conocemos. El candidato que habla de dolarización tampoco dice en cuánto tiempo lo va a hacer.
En el debate electoral, ¿ve que la reducción de la inflación y el equilibrio fiscal sean un tema prioritario?
Lo que me genera optimismo es que hay un modelo de déficit fiscal que se agotó. El déficit fiscal atravesó gobiernos militares, radicales, peronistas, el de Cambiemos, y va más allá de los partidos. Todos llegan al poder, heredan un sistema, gastan más de lo que recaudan y todos tienen un comodín que se llama Banco Central que les permite saltearse el costo político. Todos los países, incluyendo los de la región, tienen cierta autonomía para el banco Central. En la Argentina eso no existe y siempre hemos tenido inflación, salvo en la convertibilidad. Por eso uno comprende, y también lamenta, cuando se cree que la única forma de salir de esa adicción a gastar es dolarizar la economía.

¿Cómo se arregla el problema de los pasivos remunerados del Banco Central, la “bola de nieve” de las Leliq?
Hay que desmitificar que es una bola que crece por los intereses. Esto no es así, porque salvo en algunos períodos la tasa de interés no ha sido positiva en términos reales, al menos en los cuatro años de este gobierno. El problema, nuevamente, es el déficit. El Banco Central tiene que emitir para financiarlo y después tiene que volver a captar ese dinero para que no sea inflacionario. Es un desafío para el próximo gobierno, que deberá decidir si se mueve con un shock o lo hace más lentamente.
¿El camino más probable es que para solucionar ese problema haya una devaluación?
En términos reales, se licuaría. No digo que el próximo gobierno no pueda hacerlo, pero sería una solución parcial. Devaluar sería anecdótico si después se sigue emitiendo para financiar gasto público. Lo esencial es frenar eso.
¿No hay un riesgo sistémico en que el que el principal cliente de los bancos sea el Estado?
El sistema financiero es básicamente transaccional. Tenemos solo el 8% de depósitos sobre PBI. Sin moneda, no hay ahorro, y sin ahorro no hay préstamos, ni para un individuo ni para una gran corporación. Que el principal cliente sea el Estado no es una decisión de los bancos, es una consecuencia. Y diría que es un problema para el país, más que un riesgo sistémico. En ningún país del mundo debiera ser un riesgo para un banco prestarle plata a su propio Banco Central.
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