Los acreedores privados de la Argentina criticaron al Gobierno y al Fondo Monetario Internacional (FMI). Además, afirmaron que no será necesario reestructurar la deuda en 2024. En diálogo con Infobae, voceros del Argentine Exchange Bondholders (AEB), consideraron que la crisis no se solucionará si no se sincera el valor del tipo de cambio oficial, con una brecha cercana al 100 por ciento.
El grupo está formado por unos 20 fondos de inversión, que aceptó reestructurar en agosto de 2020 títulos soberanos en dólares emitidos por el gobierno de Alberto Fernández en la gestión del ministro de Economía, Martín Guzmán.
En esa operación se incluyeron las series de bonos emitidos en los canjes de 2005 (que llevaron a cabo el entonces ministro de Economía, Roberto Lavagna y su secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, durante la presidencia de Néstor Kirchner) y de 2010 (organizado por el entonces ministro de Economía Amado Boudou, durante el primer gobierno de Cristina Fernández de Kirchner).

Uno de sus asesores legales es Dennis Hranitzky, también uno de los defensores del fondo de Paul Singer en su litigio de 14 años con la Argentina. Hranitzky, símbolo del embargo a la Fragata Libertad en el puerto de Ghana en 2012, pasó a trabajar como socio en la firma de abogados Quinn Emanuel Urquhart & Sullivan.
“La economía argentina sufre una mala gestión crónica que la deja sin amortiguadores fiscales ni externos”, expresaron ante una consulta por la situación del país.
“La causa fundamental son unas políticas cínicas y mendaces que buscan comprar lealtad política a través de un gasto fiscal desfinanciado que alimenta la inflación”, advirtieron los bonistas.
Además, afirmaron, el Gobierno intenta “amortiguar los impactos políticos de esa inflación echando falsamente la culpa a los fantasmas (el FMI, las empresas, los bancos, et) mientras se intenta mantener un tipo de cambio sobrevalorado que sólo fomenta la fuga de capitales”.

De este modo, destacó el grupo de bonistas, “el populismo está en el centro de los problemas de Argentina. Y el populismo sin dinero -situación en la que Argentina se encuentra ahora más que nunca- tiende a terminar en hiperinflación”.
“Está claro que la actual administración no hará nada para abordar los desequilibrios macroeconómicos fundamentales y se limitará a adoptar medidas cosméticas para aplazar las decisiones difíciles hasta después de las elecciones”, advirtieron los bonistas.
Críticas al Fondo Monetario
“La cuestión sigue siendo hasta qué punto el FMI será cómplice de este comportamiento. El gobierno entiende cínicamente que el Fondo Monetario se encuentra entre la espada y la pared: no quiere conceder a Argentina una indulgencia sin precedentes y, al mismo tiempo, prefiere evitar una ruptura antes de las elecciones”, afirmaron.
Ante este dilema, expresaron, “el Gobierno parece creer que tiene la sartén por el mango en sus conversaciones con el FMI”.
“Hace unos años, Grecia adoptó un enfoque similar con respecto a la UE en sus discusiones sobre el rescate. Esto no acabó bien para Grecia: una postura muy firme por parte de Alemania acabó obligando a Grecia a dar un giro drástico en sus políticas”, recordaron, en relación a la crisis europea del 2010.
“Parece claro que algunos miembros del directorio del FMI se han mostrado igualmente obstinados con respecto a Argentina, lo que explicaría el retraso en alcanzar un acuerdo sobre la actual revisión”, contaron a este medio.

En cuanto al panorama de la deuda canjeada en 2020 durante el actual gobierno, descartaron que se requiera otra renegociación cuando asuma el próximo presidente en diciembre.
“La Argentina no tiene ninguna necesidad de reestructurar de nuevo su deuda externa, y los tenedores de bonos se opondrían ferozmente a cualquier nuevo intento por parte de un nuevo gobierno”, expresaron.
“Los extraordinarios efectos de la catastrófica sequía de este año son transitorios y se revertirán el año próximo. La balanza energética también debería pasar a ser superavitaria a partir de 2024″, indicaron.
“Las sumas que la Argentina debe pagar en virtud de sus bonos externos reestructurados no son importantes en relación con la capacidad de generación de divisas de una economía correctamente gestionada”, afirmaron los representantes de los bonistas nucleados en la Argentine Exchange Bondholders.
“Sería una auténtica locura y enormemente contraproducente que un nuevo gobierno pasara varios años enganchado en otra amarga pelea con sus bonistas”, aclararon.
“El resultado sería un nuevo aplazamiento de la vuelta al crecimiento y la entrada de inversiones, que es lo que Argentina necesita realmente. Parece claro que tanto los principales candidatos políticos como el FMI lo entienden”, concluyó este grupo, con algo de esperanza.
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