
En la era de la inteligencia artificial y acelerado desarrollo de la tecnología, en la Argentina se observa un deterioro constante del clima educativo promedio de la población ocupada, según se desprende, no tanto de las calificaciones que obtienen los educandos, sino fundamente de las dificultades que enfrentan cada vez más habitantes para completar sus estudios, porque deben dar prioridad a la generación de un ingreso monetario de subsistencia en sus hogares.
Ese fenómeno se manifiesta en un cambio inquietante en la estructura de los ocupados por nivel de instrucción, porque crecen en proporción al total los que acreditan niveles de escolaridad primario y secundario, y retrocede la del cuadro intermedio de técnicos y también la del tramo superior con estudios terciarios y universitarios.
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La consecuencia de ese proceso es que mientras cinco años atrás se requerían generar poco más de 170 mil nuevos empleos netos por cada punto porcentual de aumento del PBI, y en 2022, ya pospandemia de Covid 19, había bajado levemente a 165 mil puestos; ahora, con los últimos datos del Indec de actividad y empleo esa relación se elevó a más de 700 mil trabajadores, la cual permitió reducir la tasa de desocupación, pero al costo de disminuir el ingreso medio de la fuerza laboral.
La consecuencia de ese deterioro del mercado de trabajo, según el clima educativo, es la notable caída de la productividad la cual se percibe con nitidez cuando se comparan las tasas de variación interanual del empleo y la del PBI en valores constantes, la cual los economistas definen como “elasticidad empleo-PBI”.
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El promedio histórico desde 2003 fue de 0,5, esto es por cada punto porcentual (pp) de suba del PBI crece medio porcentual el empleo total (asalariado e independiente), pero desde la crisis sanitaria se aceleró a más de 1 pp y en particular en cuarto trimestre de 2022, a 2,3 pp y en el primero del corriente año a 3,8 puntos porcentuales.
Semejante aceleración de ese indicador es consistente con el aumento de la precariedad laboral, porque ahora para que el PBI se eleve 1% en un año se necesita que el empleo total se incremente a ritmo de 4% anual, porque revela que ha ido disminuyendo la contribución media de los trabajadores.
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En el último año, al primer trimestre 2023, esa contribución cayó a menos de la cuarta parte, de 113% a 27%; en tanto que, en comparación con la media de 20 años, se derrumbó a la séptima parte.

Frente a ese crítico escenario, cada vez más empresas, grandes y pequeñas, han incorporado a sus actividades la de capacitación de los empleados a ocupar antes de que ingresen al puesto requerido, de modo de contribuir a comenzar a cerrar la brecha entre los talentos buscados y los que ofrece el mercado.
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La readiografía que sacó el Indec
La Encuesta Permanente de Hogares que el Indec hace trimestralmente para poder conocer el movimiento en el mercado de trabajo total, en blanco y en la informalidad, en el agregado y parcial de 31 aglomerados urbanos de todo el país, con una población conjunta de poco más de 29 millones de personas -representativa del total nacional de poco más de 46 millones de habitantes- permitió detectar en los primeros tres meses de 2023 la persistencia de un elevado ritmo de aumento del empleo total respecto de un año antes: 966 mil personas, repartidos en 572 mil registrados y 394 mil en negro, -surge por la diferencia entre la proyección de la EPH al total nacional y los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino que informa el Ministerio de Trabajo-.
Pero, además, el trabajo de campo del instituto oficial de estadística aportó diversos indicadores socioeconómicos, como la población empleada por nivel educativo, la cual arrojó que “más de la mitad de las personas ocupadas (59,9%) cuenta con hasta secundario completo, mientras que únicamente 40,1% posee estudio superior y universitario (completo o incompleto)”.
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Sin embargo, Infobae pudo observar en la proyección al total nacional y en cantidad de trabajadores, que en el primer trimestre de 2023 respecto de igual tramo de 2022 se crearon 12 puestos para personas con estudios hasta secundarios completos, por cada 1 que disminuyeron los que ocupaban los que acreditaban capacitación superior y universitaria parcial y completa: el primer segmento sumó aproximadamente 1,1 millones de personas, y el segundo se contrajo en 92.000 trabajadores.
Ese aumento de la precariedad laboral, que impide una mejora del salario real medio suficiente para revertir un cuadro en el que gran parte de los ocupados cayeron en el estado de pobreza, -porque la remuneración como criterio básico de la sustentabilidad de las empresas y del propio Estado que no debiera ser la excepción, está directamente asociada a la productividad de los factores, en particular en los sectores mano de obra intensiva- se manifiesta en el cambio de la estructura de la calificación de la ocupación principal del trabajador.
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Del relevamiento de la EPH surgió que el segmento de profesionales, con 1,9 millones de trabajadores (9,1% del total), se redujo en 24.400 puestos entre enero y marzo últimos respecto de igual tramo de un año antes, y el de técnicos, con poco más de 3,6 millones de personas (17,6%), disminuyó en poco más de 130.000 personas.
Por el contrario, se expandieron en los últimos 12 meses el resto de las franjas: 1,1 millones las de operarios (54,2% del total); y en 149 mil trabajadores la de “no calificados” (18,3%), en tanto la de “no definidos” se redujo en 188 mil personas.
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Semejante variación del empleo por clima educativo, que denota una creciente precariedad del mercado de trabajo, porque crecen los de menor remuneración respecto del promedio y caen los más altos, requiere un rápido y profundo cambio de las condiciones macroeconómicas que genere condiciones amigables a la inversión y desarrollo sustentable, en la que ninguna persona se vea obligada a abandonar sus estudios por la necesidad de contribuir con un empleo de emergencia a generar los ingresos que necesita su familia para poder acceder a un plato de comida y servicios públicos básicos.
La consolidación de la brecha negativa entre la variación del ingreso medio de los trabajadores en relación de dependencia con la correspondiente al aumento de los precios de las canastas básicas de alimentos (umbral de indigencia), y total (umbral de pobreza), en comparación con un año antes, explica el notable aumento de la oferta de trabajadores que detectó el Indec para cubrir puestos con remuneraciones muy inferiores al promedio.
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