La confirmación dentro de pocas horas de un dato negativo de inflación, que en el equipo económico admiten mucho más cerca, tal vez demasiado, de 6% que del 5,5% que consideran tolerable, puede alimentar una nueva ola de tensión en el mercado financiero.
Con esa variable -la inflación- entrando nuevamente en tendencia alcista, todo lo demás vuelve a quedar fuera de lugar, corrido del precario espacio en que se habían logrado acomodar. El primero en quedar bajo el foco de atención, será, previsiblemente, el Banco Central: todos volverán a mirarlo para ver si vuelve a subir la tasa de interés, algo que hasta hace poco sus autoridades negaban. Sin embargo, antes de la reunión de directorio en la que se evaluará esa decisión, los funcionarios tendrán tiempo de medir la reacción del mercado. No sólo por la previsible presión cambiaria sino porque para ese día está prevista la primera licitación de deuda en pesos del mes. El vencimiento es bajo y el procedimiento es casi de rutina, pero el contexto será mucho más adverso que lo previsto.
Por un lado, el dato de inflación obligará al secretario de Finanzas, Eduardo Setti, a esforzarse en cuanto a la tasa de interés que aceptará, al menos si quiere retener, aunque sea en parte, a los inversores privados.
El nivel que el Tesoro convalide podría considerarse un anticipo de lo que ocurra después con la tasa de las Leliq, ya que a no pocos les cuesta imaginar que el BCRA se quede de brazos cruzados a la hora de contener la presión sobre el dólar cuando, al mismo tiempo, se deshace de reservas para comprar bonos en pesos precisamente con ese fin.
En cualquier caso, el gran desafío de la pequeña operación es el siguiente: los $500.000 millones que vencen durante el mes están en su totalidad, según distintas estimaciones, en manos privadas, mucho más susceptibles que los organismos públicos a los serios cruces del Gobierno con la oposición por el financiamiento de las cuentas públicas. De ahí que el mercado da por descontado una creciente estatización de la deuda en moneda nacional.

En ese sentido, aunque se trate de una licitación menor, será un excelente termómetro para medir el impacto que empieza a tener la campaña política en el mercado.
Con una fuerte intervención en el precio del dólar financiero, objetivo final del programa de recompra de bonos, el equipo económico logró contener la suba, aunque no obtuvo el mismo resultado con las cotizaciones de los bonos a las que se buscaba, en teoría, apuntalar. En ese mercado sí comienzan a hacer mella los ecos de la política.
“Los bonos están por debajo del valor que tenían antes de que se anunciara el programa (de recompra). Un poco mejor le fue si lo verdaderamente buscado era evitar subas de los dólares libres. Así, al menos para el MEP, consiguió fijarlo en el rango de los 354 pesos, a costa de usar muchas reservas al tiempo que se venden bonos contra pesos”, aseguraron desde Aurum Valores.

Aunque está claro que no es sólo culpa de la política. El contexto internacional dejó de acompañar y, sobre todo, la semana estuvo plagada de pésimas noticias económicas. Ninguna sorpresa en ese frente, ya que los indicadores difundidos están todos alineados con la expectativa de recesión para el primer semestre del año.
“Una conjunción de eventos políticos y económicos comienzan a delinear un escenario macroeconómico cada vez más complejo: la caída en la recaudación y el nivel de actividad, la aceleración de la inflación y el constante drenaje de reservas del BCRA, sumados, dan como resultado un entorno más volátil que se traduce directamente en el mercado de renta fija (deuda soberana en dólares principalmente) y renta variable”, opinaron los analistas del Grupo Invertir en Bolsa.
Y agregaron en un informe para clientes que, a pesar de eso, no ven complicaciones inmediatas: “Durante febrero el Tesoro deberá afrontar vencimientos por $500.000 millones, todo en manos de privados. Creemos que el frente deuda en pesos no presenta, por el momento, mayor problema. A pesar de un mayor nivel de confrontación política entre el oficialismo y la oposición el BCRA asegura la liquidez y, en el límite, la situación terminará con la deuda en pesos mayoritariamente en manos públicas”.
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