
¿Cuánto pueden influir sobre la propia economía brasileña, sobre la región y sobre la Argentina los graves hechos sucedidos este domingo en Brasil?
Gustavo Perego, de la consultora Abeceb, que sigue muy de cerca la economía y la política brasileñas consideró “una locura” lo que pasó. “No tiene ningún sentido que ocurra”, señaló a Infobae. “Las instituciones democráticas en Brasil son fuertes, esto no va a impactar sobre ellas; hubo un problema con las instituciones de seguridad en el distrito federal, la intervención federal que decidió Lula es correcta”.
De todos modos, Perego consideró que lo ocurrido fue la manifestación de “un grupo extremista, minúsculo, no representativo” y que estuvo muy lejos de la masividad de las manifestaciones de repudio que se vivieron en Brasil en 2013, contra el gobierno de Dilma Rousseff, y en 1992, contra el gobierno de Fernando Collor de Melo.
“Creo que esto se va a recomponer: hay una grieta fuerte en Brasil, pero una cosa es una discusión económica y otra un grupo de inadaptados. Esto es algo chico. No están en duda ni en crisis el sistema político brasileño ni las instituciones”, fue su conclusión ante la consulta de Infobae.
Otro analista, que prefirió el anonimato debido a la falta de precisiones sobre la situación, dijo que no tiene en claro que si Bolsonaro repudia lo sucedido tendría efecto sobre los extremistas que se movilizaron este domingo. De todos modos –agregó- “es lo que la mayoría de los que votaron en contra de Lula pero creen en la democracia están esperando”.
El economista Juan Luis Bour, de FIEL, calificó lo sucedido en Brasilia como un hecho político similar a la invasión del Congreso en EEUU tras la derrota electoral de Donald Trump y dos semanas antes de la “inauguración” del mandato de Joseph Biden.
“Podría decir, incluso, como el desconocimiento del Ejecutivo de fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Argentina; son hechos que generan incertidumbre y volatilidad. Ambas economías están en problemas, la Argentina peor, pero no llego a ver por ahora otro impacto que el deterioro en la imagen institucional si Brasil no le pone fin rápidamente a estas tomas”.

¿Fuerza antisistema?
Distinto fue el análisis de Marcelo Elizondo, representante en la Argentina de la Cámara Internacional de Comercio y docente del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). “Acá hay dos alternativas: o se sofoca rápido y no pasa de ser un incidente grave, pero que el poder institucional superar rápidamente, o estamos ante un proceso prolongado y grave: la consolidación de una fuerza política antisistema en Brasil, que de seguir actuando debilitaría al gobierno de Lula”.
Elizondo recordó que la fuerza más importante en el Congreso es el bolsonarismo, que la elección presidencial fue casi un empate y que, por lo tanto, podría no tratarse de “fuerzas políticas marginales.
“En lo inmediato, es importante saber la reacción de Bolsonaro, de sus referentes en el Congreso y de los partidos de su coalición. Lo más probable es que no se embanderen con lo que pasó, pero no alcanza con que le quiten el cuerpo. Esto podría quitarle a Lula la posibilidad de implementar una agenda de gobierno. Brasil ya venía débil: su economía este año crecerá muy poco, sus anuncios pusieron nerviosos a los mercados y si pierde gobernabilidad el impacto sería muy serio”, dijo Elizondo.
El analista y experto en estrategia económica internacional dijo que le preocupa que el “consenso democrático” en América Latina sea menos fuerte que años atrás. “Lo que ocurrió en Bolivia, lo de Castillo en Perú, la situación en Ecuador, lo que ocurre en Brasil y las revueltas populares que hubo en Chile y Colombia muestran que el consenso institucional que da la democracia para disentir adentro no está consolidado”, señaló.
Efecto contagio
El problema, prosiguió, es que eso es contagioso. “América Latina es una región con muchos problemas políticos, económicos y sociales y ha elegido líderes que refuerzan esa tendencia. Y no hay que olvidar que Brasil es el país más importante de América Latina y está entre las 10 economías más grandes del mundo. En términos económicos, cuando a Brasil le va mal, la Argentina padece. Además, Lula tiene en agenda proyectos para el Mercosur. Si tiene que poner la energía en otros planos, eso se va a ralentizar. En segundo lugar, hay un riesgo de contagio de la radicalización y desinstitucionalización de la región, por los ejemplos que ya mencioné. Si en Brasil se crea un ambiente de tensión y mala convivencia política, también se puede radicalizar el proceso de discusión política en otros países de la región. Y en la Argentina estamos en un año electoral”.

Elizondo notó además que el debilitamiento de las instituciones democráticas podría facilitar la creación de focos de poder a través de protestas públicas. “El poder de la calle condiciona mucho la agenda de los gobiernos. Cuando uno tiene que hacer reformas -y el próximo gobierno argentino tendrá que hacer muchas y costosas- la calle puede limitar mucho la agenda y la capacidad de acción. Existe el riesgo de que la calle se vuelva un contrapoder que impida el funcionamiento de las instituciones y paralice la agenda de gobierno. Y yo pienso en la Argentina que viene”, dijo el experto.
El diplomático Felipe Frydman, en cambio, descartó que los grupos extremistas que actuaron en Brasilia respondan al expresidente brasileño. “Bolsonaro los desautorizó varias veces y dijo que había que respetar el resultado de las urnas. Son reacciones de grupos extremistas que no tienen nada que ver con una orden o una acción planificada de mayor alcance”, señaló ante la consulta de Infobae.
Además, Frydman diferenció los sucesos en Brasilia de lo que sucedió en los últimos años en Colombia, Perú y Chile. Las protestas en Colombia fueron dirigidas por el actual presidente, Gustavo Petro; en Perú por Vladimir Cerrón y en Chile por Gabriel Boric y Daniel Jaude. Todos esos casos, dijo el diplomático, consistieron en acciones planificadas para desestabilizar a los gobiernos y convocar a una constituyente para cambiar el sistema político. Acá en cambio, subrayó, es la primera vez que la extrema derecha sale a la calle, pero sin una conducción política clara. “Bolsonaro facilitó la transición de gobierno y las Fuerzas Armadas respondieron a Lula, insistió, mientras en los demás casos las protestas apuntaban a un cambio de régimen.
Por último, concluyó, Bolsonaro es perfectamente consciente de que no hay plafond internacional a favor de una acción de esta naturaleza.
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